El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de hoy, miércoles, 25 de febrero de 2026.
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antifona: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.
Invitación a la alabanza divina
Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
(Se repite la antífona)
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
(Se repite la antífona)
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
(Se repite la antífona)
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
(Se repite la antífona)
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
(Se repite la antífona)
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
(Se repite la antífona)
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
(Se repite la antífona)
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Entrada solemne de Dios en su templo
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
(Se repite la antífona)
—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
(Se repite la antífona)
—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
(Se repite la antífona)
—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.
Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.
Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.
Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida es su vida, su Amor es su amor
serían un día su gracia y su don.
Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.
Para los sábados
Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.
Déjame que te restañe
ese llanto cristalino
y a la vera del camino
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo,
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.
Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
"No, mi Niño, no. No hay quien
de mis brazos te desuna".
Y rayos tibios de luna,
entre las pajas de miel,
le acariciaban la piel
sin despertarle. ¡Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel! Amén
Antífona 1: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. (T. P. Aleluya.) †
Salmo 17, 2-30
ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA
En aquella hora ocurrió un violento terremoto (Ap 11, 13).
I
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
† Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos.
Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte.
En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos.
Antífona 2: El Señor me libró porque me amaba. (T. P. Aleluya).
II
Entonces tembló y retembló la tierra,
vacilaron los cimientos de los montes,
sacudidos por su cólera;
de su nariz se alzaba una humareda,
de su boca un fuego voraz.
y lanzaba carbones ardiendo.
Inclinó el cielo y bajó
con nubarrones debajo de sus pies;
volaba a caballo de un querubín
cerniéndose sobre las alas del viento,
envuelto en un manto de oscuridad;
como un toldo, lo rodeaban
oscuro aguacero y nubes espesas;
al fulgor de su presencia, las nubes
se deshicieron en granizo y centellas;
y el Señor tronaba desde el cielo,
el Altísimo hacía oír su voz:
disparando sus saetas, los dispersaba,
y sus continuos relámpagos los enloquecían.
El fondo del mar apareció,
y se vieron los cimientos del orbe,
cuando tú, Señor, lanzaste un bramido,
con tu nariz resoplando de cólera.
Desde el cielo alargó la mano y me agarró,
me sacó de las aguas caudalosas,
me libró de un enemigo poderoso,
de adversarios más fuertes que yo.
Me acosaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo:
me sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me amaba.
Antífona 3: Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas. (T. P. Aleluya).
III
El Señor retribuyó mi justicia,
retribuyó la pureza de mis manos,
porque seguí los caminos del Señor
y no me rebelé contra mi Dios;
porque tuve presentes sus mandamientos
y no me aparté de sus preceptos;
le fui enteramente fiel,
guardándome de toda culpa;
el Señor retribuyó mi justicia,
la pureza de mis manos en su presencia.
Con el fiel, tú eres fiel;
con el íntegro, tú eres íntegro;
con el sincero, tú eres sincero;
con el astuto, tú eres sagaz.
Tú salvas al pueblo afligido
y humillas los ojos soberbios.
Señor, tú eres mi lámpara;
Dios mío, tú alumbras mis tinieblas.
Fiado en ti, me meto en la refriega,
fiado en mi Dios, asalto la muralla.
V. Convertíos y haced penitencia.
R. Haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
Del libro del Éxodo 10, 21-11, 10
PLAGA DE LAS TINIEBLAS Y ANUNCIO DE LA MUERTE DE LOS PRIMOGÉNITOS
El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo, y se extenderá sobre el país
de Egipto una oscuridad palpable.»
Moisés extendió la mano hacia el cielo, y una densa oscuridad cubrió el país de Egipto
durante tres días. No se veían los egipcios unos a otros, ni se movieron de su sitio durante
tres días, mientras que todos los hijos de Israel tenían luz en sus poblados. El Faraón
llamó a Moisés y le dijo:
«Id a ofrecer culto al Señor. También los niños pueden ir con vosotros, pero dejad las
ovejas y las vacas.»
Respondió Moisés: «Tienes que dejarnos llevar víctimas para los sacrificios que hemos
de ofrecer al Señor, nuestro Dios. También el ganado tiene que venir con nosotros, sin
quedar ni una res, pues de ello tenemos que ofrecer al Señor, nuestro Dios, y no sabemos
qué hemos de ofrecer al Señor hasta que lleguemos allá.»
Pero el Señor permitió que el Faraón se empeñara en no dejarlos marchar. El Faraón,
pues, le dijo: «Sal de mi presencia, y cuidado con volver a presentarte. Si te vuelvo a ver,
morirás inmediatamente.»
Respondió Moisés: «Tú lo has dicho: no volveré a ver tu rostro. Pues esto dice el
Señor: "A media noche pasaré yo a través de Egipto: morirán todos los primogénitos de
Egipto, desde el primogénito del Faraón que se sienta en el trono hasta el primogénito de
la sierva que atiende al molino, y todos los primogénitos del ganado. Y se oirá un gran
clamor por todo Egipto como nunca lo ha habido ni lo habrá. Mientras que a los hijos de
Israel ni un perro les ladrará, ni a los hombres ni a las bestias; para que sepáis que el
Señor distingue entre Egipto e Israel. Entonces todos estos ministros tuyos acudirán a mí
y, postrados ante mí, me pedirán: "Sal con el pueblo que te sigue." Y yo entonces saldré.»
Y, lleno de ira, salió Moisés de la presencia del Faraón. El Señor había dicho a Moisés:
«El Faraón no os hará caso, y así se multiplicarán mis prodigios en Egipto.»
Moisés y Aarón habían hecho toda clase de prodigios en presencia del Faraón, pero el
Señor permitió que el Faraón se empeñara en no dejar salir a los israelitas de su tierra. El
Señor había dicho a Moisés: «Todavía tengo que enviar una plaga al Faraón y a su país,
Después os dejará marchar de aquí, es decir, él mismo os apremiará a salir. Habla a todo
el pueblo: "Que cada hombre pida a su vecino y cada mujer a su vecina utensilios de oro y
plata."»
El Señor hizo que el pueblo se ganase el favor de los egipcios; y también Moisés era
muy estimado en Egipto por los ministros del Faraón y por el pueblo.
R. Bien merecían verse privados de luz los que tuvieron encerrados en prisión a tus hijos,
* los cuales habían de dar al mundo la luz imperecedera de la ley.
V. Sobre los egipcios se extendía una espesa noche, mientras tus santos disfrutaban de
espléndida luz.
R. Los cuales habían de dar al mundo la luz imperecedera de la ley.
De las Demostraciones de Afraates, obispo
(Demostración 11, sobre la circuncisión, 11-12: PS 1, 498-503)
LA CIRCUNCISIÓN DEL CORAZÓN
La ley y la alianza fueron transformadas totalmente. Dios cambió el primer pacto,
hecho con Adán, e impuso otro a Noé; luego, concertó otro también con Abrahán, que
cambió para darle uno nuevo a Moisés. Y como la alianza mosaica no fue observada,
otorgó otra en la última generación, alianza que, en adelante, ya no habría de cambiarse.
Pues, a Adán, le había impuesto el precepto de que no comiera del árbol de la vida; para
Noé, hizo aparecer el arco iris sobre las nubes; luego, a Abrahán, elegido ya a causa de su
fe, le entregó la circuncisión, como señal para la posteridad; Moisés tuvo, a su vez, el
cordero pascual, como propiciación para el pueblo.
Y cada uno de estos pactos era diferente de los otros. En efecto, la circuncisión que da
por buena aquel que selló los pactos es la aludida por Jeremías: Quitad el prepucio de
vuestros corazones. Y, si se mantuvo firme el pacto que Dios sellara con Abrahán, también
éste es firme y fiel, y no podrá añadírsele ninguna otra ley, ya tenga su origen en los que
se hallan fuera de la ley, ya en los sometidos a ella.
Dios, en efecto, dio a Moisés una ley con todos sus preceptos y observancias, pero
como no la guardaron, abrogó lo mismo la ley que sus preceptos; y prometió que daría
una alianza nueva que habría de ser distinta de la anterior por más que no haya sino un
mismo dador de ambas. Y ésta es la alianza que prometió que daría: Todos me conocerán,
desde el pequeño al grande. Y en esta alianza ya no hay circuncisión de la carne que sirva
de señal del pueblo.
Sabemos con certeza, queridos hermanos, que Dios fue otorgando distintas leyes a lo
largo de las varias generaciones, y que dichas leyes estuvieron en vigor mientras a él le
plugo, y luego quedaron anticuadas, de acuerdo con lo que el Apóstol dice: A través de
muchas semejanzas, el reino de Dios fue subsistiendo en cada momento histórico de la
antigüedad.
Efectivamente, nuestro Dios es veraz, y sus preceptos son fidelísimos; por eso cada
uno de los pactos se mantuvo firme en su tiempo y se comprobó como verdadero, y ahora
los que son circuncisos de corazón viven y se circuncidan de nuevo en el verdadero
Jordán, que es el bautismo de la remisión de los pecados.
Josué, hijo de Nun, circuncidó por segunda vez al pueblo con un cuchillo de piedra,
cuando él y su pueblo atravesaron el Jordán; Jesús, nuestro salvador, circuncidó por
segunda vez, con la circuncisión del corazón, a todas las gentes que creyeron en él y se
purificaron con el bautismo, y lo hizo con la espada de su palabra, más tajante que espada
de doble filo. Josué, hijo de Nun, hizo pasar al pueblo a la tierra prometida; Jesús, nuestro
salvador, prometió la tierra de la vida a todos los que estuvieran dispuestos a pasar el
verdadero Jordán, creyeran y fueran circuncidados en su corazón.
Bienaventurados, pues, quienes fueron circuncidados en el corazón y volvieron a nacer
de las aguas de la segunda circuncisión; éstos serán quienes reciban la herencia junto con
Abrahán, guía fiel y padre de todas las gentes, porque su fe le valió la justificación.
R. Yo concertaré una nueva alianza con la casa de Israel, imprimiendo mi ley en sus
mentes. * La escribiré en sus corazones, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo.
V. Les daré mi ley, no en tablas de piedra, sino en tablas que son sus corazones de carne.
R. La escribiré en sus corazones, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo.
Oremos:
Señor, mira complacido a tu pueblo, que desea entregarse a ti con una vida santa; y a los
que dominan su cuerpo con la penitencia transfórmales interiormente mediante el fruto de
las buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.