Oficio de Lectura - JUEVES I SEMANA DE CUARESMA 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de hoy, jueves, 26 de febrero de 2026.

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1
  • Himno 2

Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.

Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.

Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.

Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida es su vida, su Amor es su amor
serían un día su gracia y su don.

Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

Para los sábados

Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.
Déjame que te restañe
ese llanto cristalino
y a la vera del camino
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo,
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.
Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
"No, mi Niño, no. No hay quien
de mis brazos te desuna".
Y rayos tibios de luna,
entre las pajas de miel,
le acariciaban la piel
sin despertarle. ¡Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel! Amén

Salmodia

Antífona 1: La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen. (T. P. Aleluya).

Salmo 17, 31-51

EL SEÑOR REVELA SU PODER SALVADOR

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (Rom 8, 31)

IV

Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del Señor;
él es escudo para los que a él se acogen.
¿Quién es dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?
Dios me ciñe de valor
y me enseña un camino perfecto.
Él me da pies de ciervo,
y me coloca en las alturas;
él adiestra mis manos para la guerra,
y mis brazos para tensar la ballesta.

Antífona 2: Tu diestra, Señor, me sostuvo. (T. P. Aleluya).

V

Me dejaste tu escudo protector,
tu diestra me sostuvo,
multiplicaste tus cuidados conmigo.
Ensanchaste el camino a mis pasos,
y no flaquearon mis tobillos;
yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo,
y no me volvía sin haberlo aniquilado:
los derroté, y no pudieron rehacerse,
cayeron bajo mis pies.
Me ceñiste de valor para la lucha,
doblegaste a los que me resistían;
hiciste volver la espalda a mis enemigos,
rechazaste a mis adversarios.
Pedían auxilio, pero nadie los salvaba;
gritaban al Señor, pero no les respondía.
Los reduje a polvo, que arrebata el viento;
los pisoteaba como barro de las calles.
Me libraste de las contiendas de mi pueblo,
me hiciste cabeza de naciones,
un pueblo extraño fue mi vasallo.
Los extranjeros me adulaban,
me escuchaban y me obedecían.
Los extranjeros palidecían
y salían temblando de sus baluartes.

Antífona 3: Viva el Señor, bendito sea mi Dios y Salvador. (T. P. Aleluya).

VI

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
el Dios que me dio el desquite
y me sometió los pueblos;
que me libró de mis enemigos,
me levantó sobre los que resistían
y me salvó del hombre cruel.
Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en honor de tu nombre:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre.

Versículo

V. El que medita la ley del Señor.
R. Da fruto a su tiempo.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro del Éxodo 12, 1-20

LA PASCUA Y LOS ÁZIMOS

Dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para vosotros el
comienzo de los meses, será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la
asamblea de Israel:
"El diez de este mes cada uno se procurará una res menor para su familia, una por
cada casa. Si la familia es demasiado pequeña para comerla, que se junte con el vecino de

casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta
terminarla. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis
hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo inmolará al atardecer.
Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo vayáis a
comer. Esa noche comeréis la carne asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y
verduras amargas. No comeréis de ella nada crudo ni cocido en agua, sino asado a fuego,
con cabeza, patas e intestinos. No dejaréis restos para la mañana siguiente, y, si sobra
algo, lo quemaréis.
Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies y un bastón en la mano; y
os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua del Señor.
Esa noche atravesaré todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos,
tanto de hombres como de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto, yo, el
Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis; cuando vea la sangre,
pasaré de largo y no os tocará la plaga exterminadora cuando yo pase hiriendo a Egipto.
Este día será para vosotros memorable, lo celebraréis como fiesta en honor del Señor;
será ésta una ley perpetua para todas las generaciones.
Durante siete días comeréis panes ázimos; el día primero haréis desaparecer de
vuestras casas toda levadura, y todo el que coma pan fermentado, durante esos días, será
excluido de Israel. El día primero os reuniréis en asamblea litúrgica y lo mismo el día
séptimo: no trabajaréis en ellos; solamente prepararéis lo que haga falta a cada uno para
comer. Observaréis la ley de los ázimos, porque este mismo día sacó el Señor a sus
legiones de Egipto: es ésta una ley perpetua para todas vuestras generaciones.
Desde el día catorce por la tarde hasta el día veintiuno por la tarde del primer mes,
comeréis panes ázimos. No habrá levadura en vuestras casas durante esos siete días, y el
que coma algo fermentado será excluido de la asamblea de Israel, sea forastero o natural
del país. No comáis nada fermentado, sino comed ázimos, en todo lugar donde habitéis."»

Responsorio Ap 5, 8. 9; cf. 1 Pe 1, 18. 19

R. Los ancianos se postraron ante el Cordero y cantaban un cántico nuevo, diciendo: *
«Señor, tú nos compraste para Dios por tu sangre.»
V. Nos rescataron, no con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin
defecto ni mancha.
R. Señor, tú nos compraste para Dios por tu sangre.

Segunda Lectura

De las homilías de san Asterio de Amasea, obispo
(Homilía 13: PG 40, 355-358. 362)

IMITEMOS EL ESTILO PASTORAL QUE EMPLEÓ EL MISMO SEÑOR

Si queréis emular a Dios, puesto que habéis sido creados a su imagen, imitad su
ejemplo. Vosotros, que sois cristianos, que con vuestro mismo nombre estáis proclamando
la bondad, imitad la caridad de Cristo.
Pensad en los tesoros de su benignidad, pues, habiendo de venir como hombre a los
hombres, envió previamente a Juan como heraldo y ejemplo de penitencia, y, por delante
de Juan, envió a todos los profetas, para que indujeran a los hombres a convertirse, a
volver al buen camino y a vivir una vida fecunda.
Luego, se presentó él mismo, y clamaba con su propia voz: Venid a mí todos los que
estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. ¿Y cómo acogió a los que escucharon su
voz? Les concedió un pronto perdón de sus pecados, y los liberó en un instante de sus

ansiedades: la Palabra los hizo santos, el Espíritu los confirmó, el hombre viejo quedó
sepultado en el agua, el nuevo hombre floreció por la gracia. Y qué ocurrió a
continuación? El que había sido enemigo se convirtió en amigo, el extraño resultó ser hijo,
el profano vino a ser sagrado y piadoso.
Imitemos el estilo pastoral que empleó el mismo Señor; contemplemos los evangelios,
y, al ver allí, como en un espejo, aquel ejemplo de diligencia y benignidad, tratemos de
aprender estas virtudes.
Allí encuentro, bosquejada en parábola y en lenguaje metafórico, la imagen del pastor
de las cien ovejas, que, cuando una de ellas se aleja del rebaño y vaga errante, no se
queda con las otras que se dejaban apacentar tranquilamente, sino que sale en su busca,
atraviesa valles y bosques, sube a montañas altas y empinadas, y va tras ella con gran
esfuerzo, de acá para allá por los yermos, hasta que encuentra a la extraviada.
Y, cuando la encuentra, no la azota ni la empuja hacia el rebaño con vehemencia, sino
que la carga sobre sus hombros, la acaricia y la lleva con las otras, más contento por
haberla encontrado que por todas las restantes. Pensemos en lo que se esconde tras el
velo de esta imagen.
Esta oveja no significa, en rigor, una oveja cualquiera, ni este pastor es un pastor como
los demás, sino que significan algo más. En estos ejemplos se contienen realidades
sobrenaturales. Nos dan a entender que jamás desesperemos de los hombres ni los
demos por perdidos, que no los despreciemos cuando se hallan en peligro, ni seamos
remisos en ayudarlos, sino que cuando se desvían de la rectitud y yerran, tratemos de
hacerlos volver al camino nos congratulemos de su regreso y los reunamos con la
muchedumbre de los que siguen viviendo justa y piadosamente.

Responsorio Za 7, 9; Mt 6, 14

R. Que cada cual respete el derecho del prójimo * y trate a su hermano con misericordia y
piedad.
V. Si vosotros perdonáis al prójimo sus faltas, también os perdonará las vuestras vuestro
Padre celestial.
R. Que cada cual trate a su hermano con misericordia y piedad.

Oración

Oremos:

Concédenos, Señor, la gracia de conocer y practicar siempre el bien, y, pues sin ti no
podemos ni siquiera existir, haz que vivamos siempre según tu voluntad. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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