El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de hoy, jueves, 15 de enero de 2026.
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antifona: Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.
Invitación a la alabanza divina
Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
(Se repite la antífona)
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
(Se repite la antífona)
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
(Se repite la antífona)
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
(Se repite la antífona)
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
(Se repite la antífona)
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
(Se repite la antífona)
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
(Se repite la antífona)
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Entrada solemne de Dios en su templo
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
(Se repite la antífona)
—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
(Se repite la antífona)
—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
(Se repite la antífona)
—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Con gozo el corazón cante la vida,
presencia y maravilla del Señor,
de luz y de color bella armonía,
sinfónica cadencia de su amor.
Palabra esplendorosa de su Verbo,
cascada luminosa de verdad,
que fluye en todo ser que en él fue hecho
imagen de su ser y de su amor.
La fe cante al Señor, y su alabanza,
palabra mensajera del amor,
responda con ternura a su llamada
en himno agradecido a su gran don.
Dejemos que su amor nos llene el alma
en íntimo diálogo con Dios,
en puras claridades cara a cara,
bañadas por los rayos de su sol.
Al Padre subirá nuestra alabanza
por Cristo, nuestro vivo intercesor,
en alas de su Espíritu que inflama
en todo corazón su gran amor. Amén.
Antífona 1: La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen. (T. P. Aleluya).
Salmo 17, 31-51
EL SEÑOR REVELA SU PODER SALVADOR
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (Rom 8, 31)
IV
Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del Señor;
él es escudo para los que a él se acogen.
¿Quién es dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?
Dios me ciñe de valor
y me enseña un camino perfecto.
Él me da pies de ciervo,
y me coloca en las alturas;
él adiestra mis manos para la guerra,
y mis brazos para tensar la ballesta.
Antífona 2: Tu diestra, Señor, me sostuvo. (T. P. Aleluya).
V
Me dejaste tu escudo protector,
tu diestra me sostuvo,
multiplicaste tus cuidados conmigo.
Ensanchaste el camino a mis pasos,
y no flaquearon mis tobillos;
yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo,
y no me volvía sin haberlo aniquilado:
los derroté, y no pudieron rehacerse,
cayeron bajo mis pies.
Me ceñiste de valor para la lucha,
doblegaste a los que me resistían;
hiciste volver la espalda a mis enemigos,
rechazaste a mis adversarios.
Pedían auxilio, pero nadie los salvaba;
gritaban al Señor, pero no les respondía.
Los reduje a polvo, que arrebata el viento;
los pisoteaba como barro de las calles.
Me libraste de las contiendas de mi pueblo,
me hiciste cabeza de naciones,
un pueblo extraño fue mi vasallo.
Los extranjeros me adulaban,
me escuchaban y me obedecían.
Los extranjeros palidecían
y salían temblando de sus baluartes.
Antífona 3: Viva el Señor, bendito sea mi Dios y Salvador. (T. P. Aleluya).
VI
Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
el Dios que me dio el desquite
y me sometió los pueblos;
que me libró de mis enemigos,
me levantó sobre los que resistían
y me salvó del hombre cruel.
Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en honor de tu nombre:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre.
Del libro del Génesis 4, 1-24
CONSECUENCIAS DEL PECADO
Conoció el hombre a Eva, su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo:
«He adquirido un varón con el favor del Señor.»
Volvió a dar a luz, y tuvo a Abel su hermano. Fue Abel pastor de ovejas y Caín labrador.
Pasó algún tiempo, y Caín hizo al Señor una oblación de los frutos del suelo. También Abel
hizo una oblación de los primogénitos de su rebaño, y de la grasa de los mismos, el Señor
miró propicio a Abel y su oblación, mas no miró propicio a Caín y su oblación, por lo cual
se irritó Caín en gran manera y se abatió su rostro. El Señor dijo a Caín:
«¿Por qué andas irritado, y por qué se ha abatido tu rostro? ¿No es cierto que si obras
bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como
fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar.»
Caín, dijo a su hermano Abel:
«Vamos afuera.»
Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató. El
Señor dijo a Caín:
«¿Dónde está tu hermano Abel?
Contestó:
«No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?»
Replicó el Señor:
«¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues
bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre
de tu hermano. Aunque labres el suelo, no te dará más su fruto. Vagabundo y errante
serás en la tierra.»
Entonces dijo Caín al Señor:
«Mi culpa es demasiado grande para soportarla. Es decir que hoy me echas de este
suelo y he de esconderme de tu presencia, convertido en vagabundo errante por la tierra,
y cualquiera que me encuentre me matará.»
Respondió el Señor:
«Al contrario, quienquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces.»
Y el Señor puso una señal a Caín para que nadie que le encontrase le atacara. Caín
salió de la presencia del Señor, y se estableció en el país de Nod, al oriente de Edén.
Conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Henoc. Estaba construyendo una
ciudad, y la llamó Henoc, como el nombre de su hijo. A Henoc le nació Irad, e Irad
engendró a Mejuyael, Mejuyael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lámek.
Lámek tomó dos mujeres: la primera llamada Adá, y la segunda Sillá. Adá dio a luz a
Yabal, el cual vino a ser padre de los que habitan en tiendas y crían ganado. El nombre de
su hermano era Yubal, padre de cuantos tocan la cítara y la flauta. Sillá por su parte
engendró a Túbal Caín, padre de todos los forjadores de cobre y hierro. Hermano de
Túbal Caín fue Naamá.
Y dijo Lámek a sus mujeres:
«Adá y Sillá, oíd mi voz; mujeres de Lámek, escuchad mi palabra: Yo maté a un hombre
por una herida que me hizo y a un muchacho por un cardenal que recibí. Caín será
vengado siete veces, mas Lámek lo será setenta y siete.»
R. Caín, siendo del maligno, mató a su hermano; * porque sus obras eran malas, y las de
su hermano eran buenas.
V. Se apartó de la sabiduría el criminal iracundo, y su saña fratricida le acarreó la ruina.
R. Porque sus obras eran malas, y las de su hermano eran buenas.
Del sermón de san Atanasio, obispo, contra los gentiles
(Núms. 40-42: PG 25, 79-83)
EL VERBO DEL PADRE EMBELLECE, ORDENA Y CONTIENE TODAS LAS COSAS
El Padre de Cristo, santísimo e inmensamente superior a todo lo creado, como óptimo
gobernante, con su propia sabiduría y su propio Verbo, Cristo, nuestro Señor y salvador, lo
gobierna, dispone y ejecuta siempre todo de modo conveniente, según a él le parece
adecuado. Nadie, ciertamente, negará el orden que observamos en la creación y en su
desarrollo, ya que es Dios quien así lo ha querido. Pues, si el mundo y todo lo creado se
movieran al azar y sin orden, no habría motivo alguno para creer en lo que hemos dicho.
Mas si, por el contrario, el mundo ha sido creado y embellecido con orden, sabiduría y
conocimiento, hay que admitir necesariamente que su creador y embellecedor no es otro
que el Verbo de Dios.
Me refiero al Verbo que por naturaleza es Dios, que procede del Dios bueno, del Dios de
todas las cosas, vivo y eficiente; al Verbo que es distinto de todas las cosas creadas, y que
es el Verbo propio y único del Padre bueno; al Verbo cuya providencia ilumina todo el
mundo presente, por él creado. Él, que es el Verbo bueno del Padre bueno, dispuso conorden todas las cosas, uniendo armónicamente lo que era entre sí contrario. Él, el Dios
único y unigénito, cuya bondad esencial y personal procede de la bondad fontal del Padre,
embellece, ordena y contiene todas las cosas.
Aquel, por tanto, que por su Verbo eterno lo hizo todo y dio el ser a las cosas creadas
no quiso que se movieran y actuaran por sí mismas, no fuera a ser que volvieran a la
nada, sino que, por su bondad, gobierna y sustenta toda la naturaleza por su Verbo, el
cual es también Dios, para que, iluminada con el gobierno, providencia y dirección del
Verbo, permanezca firme y estable, en cuanto que participa de la verdadera existencia del
Verbo del Padre y es secundada por él en su existencia, ya que cesaría en la misma si no
fuera conservada por el Verbo, el cual es imagen de Dios invisible, primogénito de toda
criatura; por él y en él se mantiene todo, lo visible y lo invisible, y él es la cabeza de la
Iglesia, como nos lo enseñan los ministros de la verdad en las sagradas Escrituras.
Este Verbo del Padre, omnipotente y santísimo; lo penetra todo y despliega en todas
partes su virtualidad, iluminando así lo visible y lo invisible; mantiene él unidas en sí
mismo todas las cosas y a todas las incluye en sí, de tal manera, que nada queda privado
de la influencia de su acción, sino que a todas las cosas y a través de ellas, a cada una en
particular y a todas en general, es él quien les otorga y conserva la vida.
R. El Señor me estableció al principio, cuando no había hecho aún la tierra, antes de que
asentara los abismos e hiciera brotar los manantiales de las aguas. * Todavía no estaban
cimentados los montes ni formadas las colinas cuando el Señor me engendró.
V. Cuando colocaba los cielos, yo estaba junto a él como arquitecto.
R. Todavía no estaban cimentados los montes ni formadas las colinas cuando el Señor me
engendró.
Oremos:
Muéstrate propicio, Señor, a los deseos y plegarias de tu pueblo; danos luz para conocer
tu voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.