Oficio de Lectura - LUNES VII SEMANA DE PASCUA 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, lunes, 18 de mayo de 2026. Otras celebraciones del día: SAN JUAN I, PAPA Y MÁRTIR .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que nos prometió el Espíritu Santo. Aleluya.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!;
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado!,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga;
matando, muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores,
calor y luz dan junto a su querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras! Amén.

Salmodia

Antífona 1: Vendrá el Señor y no callará. (T. P. Aleluya).

Salmo 49

EL VERDADERO CULTO A DIOS

No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud (Mt 5, 17).

I

El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de oriente a occidente.
Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:
viene nuestro Dios, y no callará.
Lo precede fuego voraz,
lo rodea tempestad violenta.
Desde lo alto convoca cielo y tierra
para juzgar a su pueblo.
"Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio".
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar.

Antífona 2: Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza. (T. P. Aleluya).

II

"Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
—yo Dios, tu Dios—.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños;
pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se agita en los campos.
Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de cabritos?
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás gloria".

Antífona 3: Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos. (T. P. Aleluya).

III

Dios dice al pecador:
"¿por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?
Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el engaño;
te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu madre;
esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
Atención los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin remedio.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios".

Versículo

V. Mi corazón y mi carne. Aleluya.
R. Se alegran por el Dios vivo. Aleluya.

Lecturas

Primera Lectura

De los Hechos de los apóstoles 25, 1-27

PABLO ANTE EL REY AGRIPA

A los tres días de haberse posesionado de su cargo de procurador, Festo subió de
Cesarea a Jerusalén. Allí se le presentaron los sacerdotes y los notables de entre los judíos
a exponer sus acusaciones contra Pablo, y, en su animosidad, le rogaron con instancia —

pidiéndoselo como un favor— que lo hiciese venir a Jerusalén. Tenían el propósito de
armarle una emboscada en el camino para quitarle la vida. Festo les respondió que Pablo
se encontraba preso en Cesarea, y que él mismo estaba para partir en breve. Y añadió:
«Por lo tanto, los que son de más autoridad entre vosotros que bajen conmigo a
acusarlo, si efectivamente es culpable de algún crimen.»
Después de haberse detenido allí sólo unos ocho o diez días, bajó a Cesarea y, al día
siguiente, sentándose en su tribunal, hizo comparecer a Pablo. Cuando se presentó éste,
los judíos venidos de Jerusalén se colocaron a su alrededor, alegando muchas y graves
acusaciones que no podían probar de ninguna manera. Pablo se defendía, diciendo:
«Yo no he cometido delito alguno ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni
contra el César.»
Pero Festo, queriendo congraciarse con los judíos, se dirigió a Pablo, preguntándole:
«¿Quieres subir a Jerusalén y ser juzgado allí en mi presencia de todas estas
acusaciones?»
A lo que contestó Pablo:
«Estoy en el tribunal del César; en él debe continuar mi juicio. Ninguna injuria he
inferido a los judíos, como tú sabes muy bien. Si, como dicen ellos, he cometido algún
delito o algún crimen digno de muerte, no rehúso morir; pero si no hay nada de cuanto
éstos me acusan, nadie puede ponerme en sus manos. Apelo al César.»
Festo, después de consultar con los de su consejo, respondió:
«Has apelado al César; al César irás.»
Algunos días más tarde, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea para saludar a
Festo. Prolongándose allí mucho tiempo la estancia del rey, Festo puso en su conocimiento
el caso de Pablo. Le dijo:
«Hay aquí un hombre que Félix dejó en la cárcel. Cuando estuve yo en Jerusalén, los
sacerdotes y los notables de los judíos vinieron a presentar demanda contra él, pidiendo
su condena. Yo les contesté que no es costumbre de los romanos condenar a nadie,
cualquiera que sea, sin que al acusado se le dé oportunidad para defenderse de la
acusación en presencia de los acusadores. Así, pues, vinieron ellos aquí conmigo, y yo, sin
demora alguna, al día siguiente, sentándome en el tribunal, hice comparecer a ese
hombre. Presentes a su alrededor, los acusadores no adujeron ninguna acusación sobre
crímenes que yo había sospechado. Sólo tenían contra él algunas cuestiones referentes a
su propia religión y a un tal Jesús, que ya había muerto y del que Pablo aseguraba que
estaba vivo. Estando yo sin saber qué partido tomar en el examen de un caso así, le
pregunté si quería ir a Jerusalén para ser allí juzgado. Pero Pablo interpuso apelación para
que su causa quedase reservada a la decisión del emperador; y yo ordené que continuase
detenido hasta que pueda remitirlo al César.»
Dijo Agripa a Festo:
«Tendré sumo gusto en oír a ese hombre.»
Respondióle Festo:
«Mañana le oirás.»
Así, pues, al otro día se presentaron Agripa y Berenice con gran ostentación; entraron
en la sala de la audiencia acompañados de los tribunos y de la nobleza de la ciudad, y, a
una orden de Festo, compareció Pablo. Festo dijo así:
«Rey Agripa y todos los que estáis aquí presentes, mirad aquí a este hombre. La
comunidad judía en pleno, lo mismo en Jerusalén que aquí, ha venido a pedirme justicia
contra él, diciendo a grandes voces que no merece vivir más. Yo, por mi parte, he llegado
a la conclusión de que no ha hecho nada que merezca la muerte; pero como ha apelado al
César, he resuelto remitirlo allá. Yo no tengo nada seguro que escribir al emperador contra
él. Por eso lo he hecho comparecer ante vosotros, y especialmente ante ti, rey Agripa,

para que, verificado este interrogatorio, tenga yo algo que escribir. Me parece en verdad
absurdo enviar un preso sin dar informes sobre las acusaciones que pesan sobre él.»

Responsorio 1 Co 15, 14.20. 19

R. Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación. * ¡Pero no! Cristo resucitó de entre
los muertos: el primero de todos. Aleluya.
V. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más
desdichados.
R. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos; el primero de todos. Aleluya.

Segunda Lectura

De las catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo
(Catequesis 16, sobre el Espíritu Santo, I, 11-12. 16: PG 33, 931-935.939-942)

EL AGUA VIVA DEL ESPÍRITU SANTO

El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta
hasta la vida eterna. Una nueva clase de agua que corre y salta; pero que salta en los que
son dignos de ella.
¿Por qué motivo se sirvió del término agua, para denominar la gracia del Espíritu?
Pues, porque el agua lo sostiene todo; porque es imprescindible para la hierba y los
animales; porque el agua de la lluvia desciende del cielo, y, además, porque desciende
siempre de la misma forma y, sin embargo, produce efectos diferentes: Unos en las
palmeras, otros en las vides, todo en todas las cosas. De por sí, el agua no tiene más que
un único modo de ser; por eso, la lluvia no transforma su naturaleza propia para
descender en modos distintos, sino que se acomoda a las exigencias de los seres que la
reciben y da a cada cosa lo que le corresponde.
De la misma manera, también el Espíritu Santo, aunque es único, y con un solo modo
de ser, e indivisible, reparte a cada uno la gracia según quiere. Y así como un tronco seco
que recibe agua germina, del mismo modo el alma pecadora que, por la penitencia, se
hace digna del Espíritu Santo, produce frutos de santidad. Y aunque no tenga más que un
solo e idéntico modo de ser, el Espíritu, bajo el impulso de Dios y en nombre de Cristo,
produce múltiples efectos.
Se sirve de la lengua de unos para el carisma de la sabiduría; ilustra la mente de otros
con el don de la profecía; a éste le concede poder para expulsar los demonios; a aquél le
otorga el don de interpretar las divinas Escrituras. Fortalece, en unos, la templanza; en
otros, la misericordia; a éste enseña a practicar el ayuno y la vida ascética; a aquél, a
dominar las pasiones; al otro, le prepara para el martirio. El Espíritu se manifiesta, pues,
distinto en cada uno, pero nunca distinto de sí mismo, según está escrito: En cada uno se
manifiesta el Espíritu para el bien común.
Llega mansa y suavemente, se le experimenta como finísima fragancia, su yugo no
puede ser más ligero. Fulgurantes rayos de luz y de conocimiento anuncian su venida. Se
acerca con los sentimientos entrañables de un auténtico protector: pues viene a salvar, a
sanar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar el alma, primero de quien
lo recibe, luego, mediante éste, las de los demás.
Y, así como quien antes se movía en tinieblas, al contemplar y recibir la luz del sol en
sus ojos corporales, es capaz de ver claramente lo que poco antes no podía ver, de este
modo el que se ha hecho digno del don del Espíritu Santo es iluminado en su alma y,
elevado sobrenaturalmente, llega a percibir lo que antes ignoraba.

Responsorio 1 Co 12, 6-7. 27

R. Hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. * A cada uno
se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad. Aleluya.
V. Vosotros sois cuerpo de Cristo, y sois miembros unos de otros.
R. A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad. Aleluya.

Oración

Oremos:

Derrama, Señor, sobre nosotros la fuerza del Espíritu Santo, para que podamos cumplir
fielmente tu voluntad y demos testimonio de ti con nuestras obras. Por nuestro Señor
Jesucristo.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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