Oficio de Lectura - LUNES IV SEMANA DE CUARESMA 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, lunes, 16 de marzo de 2026.

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1
  • Himno 2

Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.

Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.

Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.

Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida es su vida, su Amor es su amor
serían un día su gracia y su don.

Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

Para los sábados

Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.
Déjame que te restañe
ese llanto cristalino
y a la vera del camino
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo,
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.
Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
"No, mi Niño, no. No hay quien
de mis brazos te desuna".
Y rayos tibios de luna,
entre las pajas de miel,
le acariciaban la piel
sin despertarle. ¡Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel! Amén

Salmodia

Antífona 1: ¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! (T. P. Aleluya).

Salmo 72

POR QUÉ SUFRE EL JUSTO

¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí! (Mt 11, 6).

I

¡Qué bueno es Dios para el justo,
el Señor para los limpios de corazón!
Pero yo por poco doy un mal paso,
casi resbalaron mis pisadas:
porque envidiaba a los perversos,
viendo prosperar a los malvados.
Para ellos no hay sinsabores,
están sanos y orondos;
no pasan las fatigas humanas,
ni sufren como los demás.
Por eso su collar es el orgullo,
y los cubre un vestido de violencia;
de las carnes les rezuma la maldad,
el corazón les rebosa de malas ideas.
Insultan y hablan mal,
y desde lo alto amenazan con la opresión.
Su boca se atreve con el cielo.
Y su lengua recorre la tierra.
Por eso mi pueblo se vuelve a ellos
y se bebe sus palabras.
Ellos dicen: "¿Es que Dios lo va a saber,
se va a enterar el Altísimo?"
Así son los malvados:
siempre seguros, acumulan riquezas.

Antífona 2: Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.

II

Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón
y he lavado en la inocencia mis manos?
¿Para qué aguanto yo todo el día
y me corrijo cada mañana?
Si yo dijera: "Voy a hablar con ellos",
renegaría de la estirpe de tus hijos.
Meditaba yo para entenderlo,
pero me resultaba muy difícil;
hasta que entré en el misterio de Dios,
y comprendí el destino de ellos.
Es verdad: los pones en el resbaladero,
los precipitas en la ruina;
en un momento causan horror,
y acaban consumidos de espanto.
Como un sueño al despertar, Señor,
al despertarte desprecias sus sombras.

Antífona 3: Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. (T. P. Aleluya).

III

Cuando mi corazón se agriaba
y me punzaba mi interior,
yo era un necio y un ignorante,
yo era un animal ante ti.
Pero yo siempre estaré contigo,
tú agarras mi mano derecha,
me guías según tus planes,
y me llevas a un destino glorioso.
¿No te tengo a ti en el cielo?
Y contigo, ¿qué me importa la tierra?
Se consumen mi corazón y mi carne
por Dios, mi lote perpetuo.
Sí: los que se alejan de ti se pierden;
tú destruyes a los que te son infieles.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios,
hacer del Señor mi refugio,
y contar todas tus acciones
en las puertas de Sión.

Versículo

V. Convertíos y creed la Buena Noticia.
R. Porque está cerca el reino de Dios.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro del Levítico 16, 2-28

EL DÍA DE LA EXPIACIÓN

En aquellos días, ordenó Dios a Moisés lo siguiente:
«Di a tu hermano Aarón que no entre en cualquier ocasión a la parte del santuario que
está detrás del velo, ante el propiciatorio que está sobre el arca, no sea que muera ante
mí, pues yo me hago visible en forma de nube sobre la cubierta del arca.
Éste es el rito que seguirá Aarón para entrar en el santuario: Tomará un novillo para el
sacrificio expiatorio. Y un carnero para el holocausto. Se vestirá la túnica sagrada de lino ycalzón igualmente de lino, se ceñirá una banda de lino y se pondrá una tiara de lino. Éstas
son las vestiduras sagradas que se pondrá después de haberse bañado. Además recibirá
de la asamblea de los israelitas dos machos cabríos para el sacrificio expiatorio y un
carnero para el holocausto.
Después que Aarón haya ofrecido su novillo, en sacrificio por su propio pecado, y que
haya hecho el rito de expiación, por sí mismo y por su casa, tomará los dos machos
cabríos y los presentará ante el Señor a la entrada de la Tienda de Reunión. Echará la
suerte sobre ellos: uno le tocará al Señor y el otro a Azazel. Tomará el que haya tocado en
suerte al Señor y lo ofrecerá en sacrificio expiatorio. El que haya tocado en suerte a Azazel
lo presentará vivo ante el Señor, para hacer sobre él el rito de expiación y después lo
mandará a Azazel al desierto.

Así, pues, Aarón ofrecerá primero su novillo, en sacrificio por su propio pecado, y hará
el rito de expiación, por sí mismo y por su casa, e inmolará el novillo. Tomará luego un
incensario, lleno de brasas tomadas del altar que está ante el Señor, y dos puñados de
incienso aromático pulverizado, y llevará todo esto detrás del velo. Pondrá el incienso
sobre las brasas delante del Señor, para que el humo del incienso cubra el propiciatorio
que está sobre el documento de la alianza, y así él no muera. Después tomará sangre del
novillo y rociará con el dedo el lado oriental de la placa o propiciatorio; luego hará con el
dedo otras siete aspersiones de sangre en la parte del frente del propiciatorio. En seguida
inmolará el macho cabrío, destinado para el sacrificio expiatorio por el pecado del pueblo;
llevará su sangre dentro del velo, y hará con ella lo mismo que hizo con la sangre del
novillo: rociando el propiciatorio y su parte anterior. Así hará el rito de expiación sobre el
santuario, por todas las impurezas y delitos de los hijos de Israel, por todos sus pecados.
Lo mismo hará luego con la Tienda de Reunión que se encuentra entre ellos, en medio
de sus impurezas. No habrá nadie en la Tienda de Reunión, desde que entre al santuario,
para hacer la expiación por sí mismo, por su casa y por toda la comunidad de Israel, hasta
que salga. Cuando haya salido, irá al altar que está ante el Señor y hará sobre él el rito de
expiación: tomará sangre del novillo y del macho cabrío, ungirá con ella los salientes del
altar y rociará la sangre con el dedo siete veces sobre el altar. Así lo purificará y santificará
de las impurezas de los hijos de Israel.
Acabada la expiación del santuario, de la Tienda de Reunión y del altar, Aarón hará
traer el macho cabrío vivo. Con las dos manos puestas sobre la cabeza del macho cabrío,
confesará las iniquidades y delitos de los hijos de Israel, todos sus pecados; se los echará
en la cabeza al macho cabrío y, después, lo mandará al desierto, por medio de un hombre
designado para ello. Así, el macho cabrío se llevará consigo todas las iniquidades de los
hijos de Israel a una tierra deshabitada. El encargado lo soltará en el desierto.
Después Aarón entrará en la Tienda de Reunión, se quitará las vestiduras de lino, que
se había puesto para entrar en el santuario, y las dejará allí. En seguida bañará su cuerpo
en un lugar santo. Luego se pondrá sus vestiduras, volverá a salir y ofrecerá su holocausto
y el holocausto del pueblo. Hará la expiación por sí mismo y por el pueblo, y dejará
quemarse sobre el altar la grasa de la víctima expiatoria. El que ha llevado el macho
cabrío a Azazel lavará sus vestidos, se bañará y después podrá entrar en el campamento.
Las víctimas expiatorias el novillo y el macho cabrío, cuya sangre se introdujo en el
santuario para hacer el rito de expiación, se sacarán fuera del campamento, y se quemará
su piel, carne e intestinos. El encargado de quemarlos lavará sus vestidos, se bañará y
después podrá entrar en el campamento.»

Responsorio Hb 9, 11. 12. 24

R. Cristo se presentó como sumo sacerdote de los bienes futuros, no con sangre de
machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, * y entró de una vez para
siempre en el santuario, obteniendo para nosotros una redención eterna.
V. No entró Cristo en un santuario levantado por mano de hombre, sino en el mismo cielo.
R. Y entró de una vez para siempre en el santuario, obteniendo para nosotros una
redención eterna.

Segunda Lectura

De las homilías de Orígenes, presbítero, sobre el libro del Levítico
(Homilía 9, 5. 10: PG 12, 515. 523)

CRISTO ES NUESTRO SUMO SACERDOTE, NUESTRA PROPICIACIÓN

Una vez al año, el sumo sacerdote, alejándose del pueblo, entra en el lugar donde se
hallan el propiciatorio, los querubines, el arca de la alianza y el altar del incienso, en aquel
lugar donde nadie puede penetrar, sino sólo el sumo sacerdote.
Si pensamos ahora en nuestro verdadero sumo sacerdote, el Señor Jesucristo, y
consideramos cómo, mientras vivió en carne mortal, estuvo durante todo el año con el
pueblo, aquel año del que él mismo dice: Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los
pobres, para anunciar el año de gracia del Señor, fácilmente advertiremos que, en este
año, penetró una sola vez, el día de la propiciación, en el santuario, es decir, en los cielos,
después de haber realizado su misión, y que subió hasta el trono del Padre, para hacerle
propicio al género humano y para interceder por cuantos creen en él.
Aludiendo a esta propiciación con la que vuelve a reconciliar a los hombres con el
Padre, dice el apóstol Juan: Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si
alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima
de propiciación por nuestros pecados.
Y, de manera semejante, Pablo vuelve a pensar en esta propiciación cuando dice de
Cristo: A quien Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. De
modo que el día de propiciación permanece entre nosotros hasta que el mundo llegue a su
fin.
Dice el precepto divino: Pondrá incienso sobre las brasas, ante el Señor; el humo del
incienso ocultará la cubierta que hay sobre el documento de la alianza; y así no morirá.
Después tomará sangre del novillo y salpicará con el dedo la cubierta, hacia oriente.
Así se nos explica cómo se llevaba a cabo entre los antiguos el rito de propiciación a
Dios en favor de los hombres; pero tú, que has alcanzado a Cristo, el verdadero sumo
sacerdote, que con su sangre hizo que Dios te fuera propicio, y te reconcilió con el Padre,
no te detengas en la sangre física; piensa más bien en la sangre del Verbo, y óyele a élmismo decirte: Ésta es mi sangre, derramada por vosotros para el perdón de los pecados.
No pases por alto el detalle de que esparció la sangre hacia oriente. Porque la
propiciación viene de oriente, pues de allí proviene el hombre cuyo nombre es Oriente,
que fue hecho mediador entre Dios y los hombres. Esto te está invitando a mirar siempre
hacia oriente, de donde brota para ti el sol de justicia, de donde nace siempre para ti la
luz del día, para que no andes nunca en tinieblas ni en ellas aquel día supremo te
sorprenda: no sea que la noche y el espesor de la ignorancia te abrumen, sino que, por el
contrario, te muevas siempre en el resplandor del conocimiento, tengas siempre en tu
poder el día de la fe y no pierdas nunca la lumbre de la caridad y de la paz.

Responsorio Cf. Hb 6, 19. 20; cf. 7, 2. 3

R. Jesús, el Cordero sin mancha, penetró hasta el interior del santuario, como precursor
nuestro, * constituido sumo sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.
V. Él es el rey de justicia, cuya vida no tiene fin.
R. Constituido sumo sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.

Oración

Oremos:

Oh Dios, que renuevas el mundo por medio de sacramentos divinos, concede a tu Iglesia
la ayuda de estos auxilios del cielo sin que le falten los necesarios de la tierra. Por nuestro
Señor Jesucristo.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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