El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, viernes, 31 de julio de 2026. Otras celebraciones del día: SAN IGNACIO DE LOYOLA, PRESBÍTERO .
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antifona: Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia
Invitación a la alabanza divina
Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
(Se repite la antífona)
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
(Se repite la antífona)
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
(Se repite la antífona)
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
(Se repite la antífona)
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
(Se repite la antífona)
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
(Se repite la antífona)
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
(Se repite la antífona)
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Entrada solemne de Dios en su templo
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
(Se repite la antífona)
—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
(Se repite la antífona)
—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
(Se repite la antífona)
—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Este es el día del Señor.
Este es el tiempo de la misericordia.
Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.
En medio de las gentes
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.
¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos.
La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.
Antífona 1: Levántate, Señor, y ven en mi auxilio. (T. P. Aleluya).
Salmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28
SÚPLICA CONTRA LOS PERSEGUIDORES INJUSTOS
Se reunieron... y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo (Mt 26, 34).
I
Pelea, Señor, contra los que me atacan,
guerrea contra los que me hacen guerra;
empuña el escudo y la adarga,
levántate y ven en mi auxilio;
di a mi alma:
"yo soy tu victoria".
Y yo me alegraré con el Señor,
gozando de su victoria;
todo mi ser proclamará:
"Señor, ¿quién como tú,
que defiendes al débil del poderoso,
al pobre y humilde del explotador?"
Se presentaban testigos violentos:
me acusaban de cosas que ni sabía,
me pagaban mal por bien,
dejándome desamparado.
Antífona 2: Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso. (T. P. Aleluya).
II
Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,
me vestía de saco,
me mortificaba con ayunos
y desde dentro repetía mi oración.
Como por un amigo o por un hermano,
andaba triste;
cabizbajo y sombrío,
como quien llora a su madre.
Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,
se juntaron contra mí
y me golpearon por sorpresa;
me laceraban sin cesar.
Cruelmente se burlaban de mí,
rechinando los dientes de odio.
Antífona 3: Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabará, Señor. (T. P. Aleluya).
III
Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?
Defiende mi vida de los que rugen,
mi único bien, de los leones,
y te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré entre la multitud del pueblo.
Que no canten victoria mis enemigos traidores,
que no hagan guiños a mi costa
los que me odian sin razón.
Señor, tú lo has visto, no te calles,
Señor, no te quedes a distancia;
despierta, levántate, Dios mío,
Señor mío, defiende mi causa.
Que canten y se alegren
los que desean mi victoria,
que repitan siempre: "Grande es el Señor"
los que desean la paz a tu siervo.
Mi lengua anunciará tu justicia,
todos los días te alabará.
Del libro de Job 39, 31-40, 9; 42, 1-6
JOB SE SOMETE A LA MAJESTAD DIVINA
El Señor se dirigió a Job y le dijo:
«¿Quiere el censor discutir con el Todopoderoso? El que critica a Dios, que responda.»
Job respondió al Señor:
«He hablado a la ligera, ¿qué replicaré?; me llevaré la mano a la boca. He hablado una
vez, y no insistiré; dos veces, ya nada añadiré.»
El Señor replicó a Job desde la tormenta:
«Si eres hombre cabal, ciñe tu cintura; voy a interrogarte y tú responderás: ¿Te atreves a
violar mi derecho y condenarme, para quedar tú así justificado?
Si un brazo tienes tú como el de Dios, y si atruena tu voz como la suya, revístete de gloria
y majestad, y cúbrete de fasto y esplendor; derrama la avenida de tu cólera y abate con
tus ojos al soberbio, con sola tu mirada al arrogante; aplasta a los malvados, entiérralos
juntos en el polvo y encadénalos a todos en la tumba. Entonces yo mismo exclamaré: "¡Tu
diestra te ha dado la victoria!"»
Job respondió al Señor:
«Reconozco que lo puedes todo, que ningún plan es imposible para ti. Era yo el que
empañaba tus designios con palabras insensatas; hablé de maravillas que me exceden, de
grandezas que no puedo comprender.
Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto ya mis ojos; por eso retracto mis
palabras, me arrepiento en el polvo y la ceniza.»
R. Yo te conocía sólo de oídas, Señor, mas ahora te han visto ya mis ojos; por eso retracto
mis palabras, * me arrepiento en el polvo y la ceniza.
V. He hablado una vez, y no insistiré; dos veces, ya nada añadiré, sino que me llevaré la
mano a la boca.
R. Me arrepiento en el polvo y la ceniza.
Comienza la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a san Policarpo de Esmirna
(Caps. 1,1-4, 3: Funk 1, 247-249)
HEMOS DE SOPORTARLO TODO POR DIOS, A FIN DE QUE TAMBIÉN ÉL NOS SOPORTE A NOSOTROS
Ignacio, por sobrenombre Teóforo, es decir, Portador de Dios, a Policarpo, obispo de la
Iglesia de Esmirna, o más bien, puesto él mismo bajo la vigilancia o episcopado de Dios
Padre y del Señor Jesucristo: mi más cordial saludo.
Al comprobar que tu sentir está de acuerdo con Dios y asentado como sobre roca
inconmovible, yo glorifico en gran manera al Señor por haberme hecho la gracia de ver tu
rostro intachable, del que ojalá me fuese dado gozar siempre en Dios. Yo te exhorto, por
la gracia de que estás revestido, a que aceleres el paso en tu carrera, y a que exhortes a
todos para que se salven. Desempeña el cargo que ocupas con toda diligencia corporal y
espiritual. Preocúpate de que se conserve la concordia, que es lo mejor que puede existir.
Llévalos a todos sobre ti, como a ti te lleva el Señor. Sopórtalos a todos con espíritu de
caridad, como siempre lo haces. Dedícate continuamente a la oración. Pide mayor
sabiduría de la que tienes. Mantén alerta tu espíritu, pues el espíritu desconoce el sueño.
Háblales a todos al estilo de Dios. Carga sobre ti, como perfecto atleta, las enfermedades
de todos. Donde mayor es el trabajo, allí hay rica ganancia.
Si sólo amas a los buenos discípulos, ningún mérito tienes en ello. El mérito está en que
sometas con mansedumbre a los más perniciosos. No toda herida se cura con el mismo
emplasto. Los accesos de fiebre cálmalos con aplicaciones húmedas. Sé en todas las cosas
sagaz como la serpiente, pero sencillo en toda ocasión, como la paloma. Por eso,
justamente eres a la vez corporal y espiritual, para que aquellas cosas que saltan a tu
vista las desempeñes buenamente, y las que no alcanzas a ver ruegues que te sean
manifestadas. De este modo, nada te faltará, sino que abundarás en todo don de la
gracia. Los tiempos requieren de ti que aspires a alcanzar a Dios, juntamente con los que
tienes encomendados, como el piloto anhela prósperos vientos, y el navegante,
sorprendido por la tormenta, suspira por el puerto. Sé sobrio, como un atleta de Dios. El
premio es la incorrupción y la vida eterna, de cuya existencia también tú estás convencido.
En todo y por todo soy una víctima de expiación por ti, así como mis cadenas, que tú
mismo has besado.
Que no te amedrenten los que se dan aires de hombres dignos de todo crédito y
enseñan doctrinas extrañas a la fe. Por tu parte, mantente firme como un yunque
golpeado por el martillo. Es propio de un grande atleta el ser desollado y, sin embargo,
vencer. Pues ¡cuánto más hemos de soportarlo todo nosotros por Dios, a fin de que
también él nos soporte a nosotros! Sé todavía más diligente de lo que eres. Date cabal
cuenta de los tiempos. Aguarda al que está por encima del tiempo, al intemporal; al
invisible, que por nosotros se hizo visible; al impalpable, al impasible, que por nosotros se
hizo pasible; al que en todas las formas posibles sufrió por nosotros.
Las viudas no han de ser desatendidas. Después del Señor, tú has de ser quien cuide de
ellas. Nada se haga sin tu conocimiento, y tú, por tu parte, hazlo todo contando con Dios,
como efectivamente lo haces. Mantente firme. Celébrense reuniones con más frecuencia.
Búscalos a todos por su nombre. No trates altivamente a esclavos y esclavas; mas
tampoco dejes que se engrían, sino que traten, para gloria de Dios, de mostrarse mejores
servidores, a fin de que alcancen de él una libertad más excelente.
R. Corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el
sufrimiento, de la dulzura. * Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna.
V. Todo lo soporto por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación.
R. Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna.
Oremos:
Oh Dios, protector de los que en ti esperan, sin ti nada es fuerte ni santo; multiplica sobre
nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, de tal modo nos
sirvamos de los bienes pasajeros, que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro
Señor Jesucristo.
Amén.
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.