Oficio de Lectura - MARTES XXI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, martes, 25 de agosto de 2026. Otras celebraciones del día: SAN LUÍS DE FRANCIA , SAN JOSÉ DE CALASANZ, PRESBÍTERO .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Alabemos a Dios que, en su Palabra,
nos revela el designio salvador,
y digamos en súplica confiada:
«Renuévame por dentro, mi Señor.»
No cerremos el alma a su llamada
ni dejemos que arraigue el desamor;
aunque dura es la lucha, su palabra
será bálsamo suave en el dolor.
Caminemos los días de esta vida
como tiempo de Dios y de oración;
él es fiel a la alianza prometida:
«Si eres mi pueblo, yo seré tu Dios.»
Tú dijiste, Jesús, que eras camino
para llegar al Padre sin temor;
concédenos la gracia de tu Espíritu
que nos lleve al encuentro del Señor. Amén.

Salmodia

Antífona 1: El Señor hará justicia a los pobres. (T. P. Aleluya).

Salmo 9 B

CANTO DE ACCIÓN DE GRACIAS

Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios (Lc 6, 20).

I

¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te escondes en el momento del aprieto?
La soberbia del impío oprime al infeliz
y lo enreda en las intrigas que ha tramado.
El malvado se gloría de su ambición,
el codicioso blasfema y desprecia al Señor.
El malvado dice con insolencia:
«No hay Dios que me pida cuentas.»
La intriga vicia siempre su conducta,
aleja de su mente tus juicios
y desafía a sus rivales.
Piensa: «No vacilaré,
nunca jamás seré desgraciado.»
Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de fraudes;
su lengua encubre maldad y opresión;
en el zaguán se sienta al acecho
para matar a escondidas al inocente.
Sus ojos espían al pobre;
acecha en su escondrijo como león en su guarida,
acecha al desgraciado para robarle,
arrastrándolo a sus redes;
se agacha y se encoge
y con violencia cae sobre el indefenso.
Piensa: «Dios lo olvida,
se tapa la cara para no enterarse.»

Antífona 2: Tú, Señor, ves las penas y los trabajos. (T. P. Aleluya).

II

Levántate, Señor, extiende tu mano,
no te olvides de los humildes;
¿por qué ha de despreciar a Dios el malvado,
pensando que no le pedirá cuentas?
Pero tú ves las penas y los trabajos,
tú miras y los tomas en tus manos.
A ti se encomienda el pobre,
tú socorres al huérfano.
Rómpele el brazo al malvado,
pídele cuentas de su maldad, y que desaparezca.
El Señor reinará eternamente
y los gentiles desaparecerán de su tierra.
Señor, tú escuchas los deseos de los humildes,
les prestas oído y los animas;
tú defiendes al huérfano y al desvalido:
que el hombre hecho de tierra
no vuelva a sembrar su terror.

Antífona 3: Las palabras del Señor son palabras auténticas, como plata refinada siete veces. (T. P. Aleluya).

Salmo 11

INVOCACIÓN A LA FIDELIDAD DE DIOS CONTRA LOS ENEMIGOS MENTIROSOS

Porque éramos pobres, el Padre nos ha mandado a su Hijo (San Agustín).

Sálvanos, Señor, que se acaban los buenos,
que desaparece la lealtad entre los hombres:
no hacen más que mentir a su prójimo,
hablan con labios embusteros
y con doblez de corazón.
Extirpe el Señor los labios embusteros
y la lengua fanfarrona
de los que dicen: "la lengua es nuestra fuerza,
nuestros labios nos defienden,
¿quién será nuestro acusador?"
El Señor responde: "por la opresión del humilde,
por el gemido del pobre,
yo me levantaré,
y pondré a salvo al que lo ansía".
Las palabras del Señor son palabras auténticas,
como plata limpia de ganga,
refinada siete veces.
Tú nos guardarás, Señor,
nos librarás para siempre de esa gente:
de los malvados que merodean
para chupar como sanguijuelas sangre humana.

Lecturas

Primera Lectura

De la carta a Tito 3, 3-15

EL BAÑO BAUTISMAL DE REGENERACIÓN

Querido hermano: También nosotros fuimos en un tiempo insensatos, rebeldes a Dios,
descarriados, esclavos de toda suerte de pasiones y placeres; vivíamos sumergidos en
maldad y envidia, aborrecibles a Dios y odiándonos unos a otros. Pero Dios, nuestro
Salvador, hizo aparecer su misericordia y su amor por los hombres. Y nos trajo la salud, no
en consideración a las buenas obras que hubiésemos practicado nosotros, sino por pura
misericordia suya, mediante el baño bautismal de regeneración y renovación que obra el
Espíritu Santo. Él derramó con toda profusión sobre nosotros este Espíritu por Cristo
Jesús, nuestro Salvador. Así, justificados por la gracia de Cristo, hemos obtenido la
esperanza de poseer en herencia la vida eterna.
Sentencia verdadera es ésta, y yo quiero que la vayas enseñando con todo tesón. Así
pondrán todo su celo en aventajarse en buenas obras los que han puesto su fe en Dios.
Éstas son verdades sublimes y de gran utilidad para los hombres.
No tomes parte en cuestiones tontas, en genealogías, en discusiones, en disputas sobre
puntos de la ley, porque son inútiles y vanas. Tras una primera y segunda amonestación,
evita la compañía del hombre que va sembrando escisiones; sabe que ese tal va fuera de
camino y peca, condenándose a sí mismo.
Enviaré a tu lado a Artemas o Tíquico; y tú date prisa en venir a juntarte conmigo en
Nicópolis. He resuelto pasar allí el invierno. A Zenas, el jurisconsulto, y a Apolo, provéeles
solícitamente de lo necesario para el viaje, y que nada les falte. Que los nuestros vayan
aprendiendo a ser los primeros en la práctica del bien; que atiendan a las necesidades
más apremiantes y que no sean gente inútil.
Te saludan todos mis colaboradores. Saludos a todos los que nos aman en la fe. La
gracia sea con todos vosotros.

Responsorio Sal 102, 13-14a; Tt 3, 5

R. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles; *
porque él sabe de qué estamos hechos.
V. Dios nos trajo la salud, no en consideración a las buenas obras que hubiésemos
practicado, sino por pura misericordia.
R. Porque él sabe de qué estamos hechos.

Segunda Lectura

De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo
(Homilía 2 sobre el diablo tentador, 6: PG 49, 263-264)

CINCO CAMINOS DE PENITENCIA


¿Queréis que os recuerde los diversos caminos de penitencia? Hay ciertamente muchos,
distintos y diferentes, y todos ellos conducen al cielo.
El primer camino de penitencia consiste en la acusación de los pecados: Confiesa
primero tus pecados, y serás justificado. Por eso dice el salmista: Propuse: "Confesaré al
Señor mi culpa", y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. Condena, pues, tú mismo, aquello
en lo que pecaste, y esta confesión te obtendrá el perdón ante el Señor, pues, quien
condena aquello en lo que faltó, con más dificultad volverá a cometerlo; haz que tu
conciencia esté siempre despierta y sea como tu acusador doméstico, y así no tendrás
quien te acuse ante el tribunal de Dios.
Éste es un primer y óptimo camino de penitencia; hay también otro, no inferior al
primero, que consiste en perdonar las ofensas que hemos recibido de nuestros enemigos,
de tal forma que, poniendo a raya nuestra ira, olvidemos las faltas de nuestros hermanos;
obrando así, obtendremos que Dios perdone aquellas deudas que ante él hemos
contraído; he aquí, pues, un segundo modo de expiar nuestras culpas. Porque si perdonáis
a los demás sus culpas -dice el Señor-, también vuestro Padre del cielo os perdonará a
vosotros.
¿Quieres conocer un tercer camino de penitencia? Lo tienes en la oración ferviente y
continuada, que brota de lo íntimo del corazón.
Si deseas que te hable aún de un cuarto camino te diré que lo tienes en la limosna: ella
posee una grande y extraordinaria virtualidad.
También, si eres humilde y obras con modestia en este proceder encontrarás, no menos
que en cuanto hemos dicho hasta aquí, un modo de destruir el pecado: De ello tienes un
ejemplo en aquel publicano, que, si bien no pudo recordar ante Dios su buena conducta,
en lugar de buenas obras presentó su humildad y se vio descargado del gran peso de sus
muchos pecados.
Te he recordado, pues, cinco caminos de penitencia: primero, la acusación de los
pecados; segundo, el perdonar las ofensas de nuestro prójimo; tercero, la oración; cuarto,
la limosna; y quinto, la humildad.
No te quedes, por tanto, ocioso, antes procura caminar cada día por la senda de estos
caminos: ello, en efecto, resulta fácil, y no te puedes excusar aduciendo tu pobreza, pues,
aunque vivieres en gran penuria, podrías deponer tu ira y mostrarte humilde, podrías orar
asiduamente y confesar tus pecados; la pobreza no es obstáculo para dedicarte a estas
prácticas. pero, ¿qué estoy diciendo? La pobreza no impide de ninguna manera el andar
por aquel camino de penitencia que consiste en seguir el mandato del Señor,
distribuyendo los propios bienes -hablo de la limosna-, pues esto lo realizó incluso aquella
viuda pobre que dio sus dos pequeñas monedas.
Ya que has aprendido con estas palabras a sanar tus heridas, decídete a usar de estas
medicinas, y así, recuperada ya tu salud, podrás acercarte confiado a la mesa santa y salir
con gran gloria al encuentro del Señor, rey de la gloria, y alcanzar los bienes eternos por la
gracia, la misericordia y la benignidad de nuestro Señor Jesucristo.

Responsorio Tb 12, 8-9; Lc 6, 37-38

R. Buena es la oración con el ayuno, y mejor es la limosna con justicia que la riqueza con
iniquidad; * pues la limosna purifica de todo pecado.
V. Perdonad y seréis perdonados, dad y se os dará.
R. Pues la limosna purifica de todo pecado.

Oración

Oremos:

Oh Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, inspira a tu pueblo el
amor a tus preceptos y esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes

del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por nuestro Señor Jesucristo
, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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