El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, domingo, 4 de octubre de 2026.
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antifona: Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva. Aleluya.
Invitación a la alabanza divina
Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
(Se repite la antífona)
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
(Se repite la antífona)
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
(Se repite la antífona)
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
(Se repite la antífona)
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
(Se repite la antífona)
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
(Se repite la antífona)
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
(Se repite la antífona)
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Entrada solemne de Dios en su templo
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
(Se repite la antífona)
—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
(Se repite la antífona)
—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
(Se repite la antífona)
—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Primicias son del sol de su Palabra
las luces fulgurantes de este día;
despierte el corazón, que es Dios quien llama,
y su presencia es la que ilumina.
Jesús es el que viene y el que pasa
en Pascua permanente entre los hombres,
resuena en cada hermano su palabra,
revive en cada vida sus amores.
Abrid el corazón, es él quien llama
con voces apremiantes de ternura;
venid: habla, Señor, que tu palabra
es vida y salvación de quien la escucha.
El día del Señor, eterna Pascua,
que nuestro corazón inquieto espera,
en ágape de amor ya nos alcanza,
solemne memorial en toda fiesta.
Honor y gloria al Padre que nos ama,
y al Hijo que preside esta asamblea,
cenáculo de amor le sea el alma,
su Espíritu por siempre sea en ella. Amén.
Antífona 1: Día tras día, te bendeciré, Señor. Aleluya.
Salmo 144
HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS
Justo eres tú, Señor, el que es y el que era (Ap 16, 5).
I
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
Antífona 2: Tu reinado es un reinado perpetuo. Aleluya.
II
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;
explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.
Antífona 3: El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. Aleluya.†
III
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
† El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.
Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.
Comienza el libro de Ben Sirá 1, 1-25
EL MISTERIO DE LA DIVINA SABIDURÍA
Toda sabiduría viene del Señor y está con él eternamente. La arena de las playas, las
gotas de la lluvia, los días de los siglos ¿quién los contará? La altura del cielo, la anchura
de la tierra, la hondura del abismo quién las rastreará? Antes que todo, fue creada la
sabiduría, la inteligente prudencia antes de los siglos. La fuente de la sabiduría es la
palabra de Dios en el cielo, y sus canales son los mandamientos eternos. La raíz de la
sabiduría ¿a quién se reveló? La destreza desplegada en sus obras ¿quién la conoció?
La ciencia de la sabiduría ¿a quién se descubrió? Su experiencia ¿quién la comprendió?
Uno solo es el sabio, temible en extremo: el que está sentado en su trono. Él mismo la
creó, la conoció y la midió, la derramó sobre todas sus obras, la repartió entre los
vivientes con largueza y se la regaló a los que lo aman.
El temor del Señor es gloria y honor, es gozo y corona de júbilo. El temor del Señor
deleita el corazón, trae gozo y alegría y vida larga. El que teme al Señor tendrá buen
desenlace, el día de su muerte lo bendecirán.
El principio de la sabiduría es el temor del Señor: ya desde el seno materno acompaña
al fiel y se crea con él. Entre los hombres puso su nido para siempre y se mantiene fiel
con su descendencia. La plenitud de la sabiduría es el temor del Señor: con sus frutos
sacia a los fieles, llena de tesoros su casa y de sus productos las despensas. La corona de
la sabiduría es el temor del Señor: sus brotes son la paz y la salud. Dios hace llover la
inteligencia y la prudencia, y exalta la gloria de los que la poseen la raíz de la sabiduría es
el temor del Señor, y sus ramas son una vida larga.
R. La ciencia de la sabiduría ¿a quién se descubrió? El Altísimo la derramó sobre todas sus
obras * y se la regaló a los que lo aman.
V. Toda sabiduría viene del Señor, él mismo la creó.
R. Y se la regaló a los que lo aman.
De la Regla pastoral de san Gregorio Magno, papa
(Libro 2, 4: PL 77, 30-31)
EL PASTOR DEBE SABER GUARDAR SILENCIO CON DISCRECIÓN Y HABLAR CUANDO ES ÚTIL
El pastor debe saber guardar silencio con discreción y hablar cuando es útil, de tal
modo que nunca diga lo que se debe callar ni deje de decir aquello que hay que
manifestar. Porque, así como el hablar indiscreto lleva al error, así el silencio imprudente
deja en su error a quienes pudieran haber sido adoctrinados. Porque, con frecuencia,
acontece que hay algunos prelados poco prudentes, que no se atreven a hablar con
libertad por miedo de perder la estima de sus súbditos; con ello, como lo dice la Verdad,
no cuidan a su grey con el interés de un verdadero pastor, sino a la manera de un
mercenario, pues callar y disimular los defectos es lo mismo que huir cuando se acerca el
lobo.
Por eso, el Señor reprende a estos prelados, llamándoles, por boca del profeta: Perros
mudos, incapaces de ladrar. Y también dice de ellos en otro lugar: No acudieron a la
brecha ni levantaron cerco en torno a la casa de Israel, para que resistiera en la batalla, el
día del Señor. Acudir a la brecha significa aquí oponerse a los grandes de este mundo,
hablando con entera libertad para defender a la grey; y resistir en la batalla el día del
Señor es lo mismo que luchar por amor a la justicia contra los males que acechan.
¿Y qué otra cosa significa no atreverse el pastor a predicar la verdad, sino huir,
volviendo la espalda, cuando se presenta el enemigo? Porque si el pastor sale en defensa
de la grey es como si en realidad levantara cerco en torno a la casa de Israel. Por eso, en
otro lugar, se dice al pueblo delincuente: Tus profetas te ofrecían visiones falsas y
engañosas, y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte. Pues hay que tener
presente que en la Escritura se da algunas veces el nombre de profeta a aquellos que, al
recordar al pueblo cuán caducas son las cosas presentes, le anuncian ya las realidades
futuras. Aquellos, en cambio, a quienes la palabra de Dios acusa de predicar cosas falsas y
engañosas son los que, temiendo denunciar los pecados, halagan a los culpables con
falsas seguridades y, en lugar de manifestarles sus culpas, enmudecen ante ellos.
Porque la reprensión es la llave con que se abren semejantes postemas: ella hace que
se descubran muchas culpas que desconocen a veces incluso los mismos que las
cometieron. Por eso, san Pablo dice que el obispo debe ser capaz de predicar una
enseñanza sana y de rebatir a los adversarios. Y, de manera semejante, afirma Malaquías:
Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es
mensajero del Señor de los ejércitos. Y también dice el Señor por boca de Isaías: Grita a
plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta.
Quien quiera, pues, que se llega al sacerdocio recibe el oficio de pregonero, para ir
dando voces antes de la venida del riguroso juez que ya se acerca. Pero, si el sacerdote no
predica, ¿por ventura no será semejante a un pregonero mudo? Por esta razón, el Espíritu
Santo quiso asentarse, ya desde el principio, en forma de lenguas sobre los pastores; así
daba a entender que de inmediato hacía predicadores de sí mismo a aquellos sobre los
cuales había descendido.
R. Enseñaré a los malvados tus caminos y los pecadores volverán a ti. * Y mi lengua
cantará tu justicia.
V. Señor, abrirás mis labios: mi boca proclamará tu alabanza.
R. Y mi lengua cantará tu justicia.
Se dice el Te Deum
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que con amor generoso desbordas los méritos y deseos de
los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra
conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.