El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, miércoles, 12 de agosto de 2026. Otras celebraciones del día: SANTA JUANA FRANCISCA DE CHANTAL, RELIGIOSA .
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antifona: Adoremos al Señor, creador nuestro.
Invitación a la alabanza divina
Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
(Se repite la antífona)
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
(Se repite la antífona)
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
(Se repite la antífona)
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
(Se repite la antífona)
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
(Se repite la antífona)
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
(Se repite la antífona)
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
(Se repite la antífona)
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Entrada solemne de Dios en su templo
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
(Se repite la antífona)
—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
(Se repite la antífona)
—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
(Se repite la antífona)
—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Con entrega, Señor, a ti venimos,
escuchar tu palabra deseamos;
que el Espíritu ponga en nuestros labios
la alabanza al Padre de los cielos.
Se convierta en nosotros la palabra
en la luz que a los hombres ilumina,
en la fuente que salta hasta la vida,
en el pan que repara nuestras fuerzas;
en el himno de amor y de alabanza
que se canta en el cielo eternamente,
y en la carne de Cristo se hizo canto
de la tierra y del cielo juntamente.
Gloria a ti, Padre nuestro, y a tu Hijo,
el Señor Jesucristo, nuestro hermano,
y al Espíritu Santo, que, en nosotros,
glorifica tu nombre por los siglos. Amén.
Antífona 1: La misericordia y fidelidad te preceden, Señor. (T. P. Aleluya).
Salmo 88, 2-38
LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR SOBRE LA CASA DE DAVID
Según lo prometido, Dios sacó de la descendencia de David un Salvador, Jesús (Hech 13, 22-23).
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: "Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad".
Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
"te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades".
El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos?
Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean.
Tú domeñas la soberbia del mar
y amansas la hinchazón del oleaje;
tú traspasaste y destrozaste a Rahab,
tu brazo potente desbarató al enemigo.
Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;
tú cimentaste el orbe y cuanto contiene;
tú has creado el norte y el sur,
el Tabor y el Hermón aclaman tu nombre.
Tienes un brazo poderoso:
fuerte es tu izquierda y alta tu derecha.
Justicia y derecho sostienen tu trono,
misericordia y fidelidad te preceden.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo.
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey.
Antífona 2: El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David. (T. P. Aleluya).
II
Un día hablaste en visión a tus amigos:
"He ceñido la corona a un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.
Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso;
no lo engañará el enemigo
ni los malvados lo humillarán;
ante él desharé a sus adversarios
y heriré a los que lo odian.
Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán
por mi nombre crecerá su poder:
extenderé su izquierda hasta el mar,
y su derecha hasta el Gran Río.
Él me invocará: "Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora";
y lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo".
Antífona 3: Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo». (T. P. Aleluya).
III
"Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis mandatos,
castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus culpas;
pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad,
no violaré mi alianza
ni cambiaré mis promesas.
Una vez juré por mi santidad
no faltar a mi palabra con David:
"Su linaje será perpetuo,
y su trono como el sol en mi presencia,
como la luna, que siempre permanece:
su solio será más firme que el cielo".
Del libro del profeta Zacarías 10, 3-11, 3
LIBERACIÓN Y REGRESO DE ISRAEL
Esto dice el Señor:
«Mi cólera se enciende contra los pastores, tomaré cuenta a los machos cabríos. El
Señor mirará por su rebaño, la casa de Judá. La cabalgará como corcel glorioso en la
batalla. De ella saldrán los remates de las tiendas, de ella los clavos, ella dará los arcos
guerreros, ella dará los capitanes. Serán como héroes que pisan el barro de las calles en la
batalla; lucharán porque el Señor está con ellos, mientras que los jinetes serán afrentados.
Haré fuerte a la casa de Judá, salvaré a la casa de José, los conduciré a la patria
porque me apiadaré de ellos, y serán como si no los hubiera rechazado. Pues yo soy el
Señor, su Dios, que los escucha. Efraín será como un soldado, su corazón se alegrará
como con vino, sus hijos lo verán con alegría, su corazón se gozará en el Señor.
Silbaré, congregándolos, porque quiero redimirlos, y serán tan numerosos como lo
fueron. Si los esparcí entre pueblos diversos en tierra lejana se acordarán de mí. Volverán
vivos con sus hijos. Los sacaré de Egipto, los reuniré desde Asiria, los conduciré a Galaad
y al Líbano, y no habrá sitio bastante para ellos. Entonces atravesarán un mar hostil,
golpearán las olas del mar y se secarán las profundidades del Nilo. Será abatida la
soberbia de Asiria, el cetro de Egipto arrancado. Los fortaleceré en el Señor y avanzarán
en nombre mío» —oráculo del Señor—.
Abre tus puertas, Líbano, que el fuego devore tus cedros. Gime, ciprés, que ha caído el
cedro, han talado los árboles próceres. Gemid, encinas de Basán, que ha sucumbido la
selva impenetrable. Se oye gemir a los pastores, porque han asolado su rebaño; se oye
gemir a los leones, porque han asolado la espesura del Jordán.
R. Los salvaré y conduciré a la patria porque me apiadaré de ellos, pues yo soy el Señor,
su Dios: * su corazón se gozará en el Señor.
V. Aquel día será el Señor corona enjoyada, diadema espléndida, para el resto de su
pueblo.
R. Su corazón se gozará en el Señor.
De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 47, 7: CCL 38, 543-545)
VAMOS A SUBIR AL MONTE DEL SEÑOR
Lo que habíamos oído lo hemos visto. ¡Oh bienaventurada Iglesia! En un tiempo oíste,
en otro viste. Oíste en tiempo de las promesas, viste en el tiempo de su realización; oíste
en el tiempo de las profecías, viste en el tiempo del Evangelio. En efecto, todo lo que
ahora se cumple había sido antes profetizado. Levanta, pues, tus ojos y esparce tu mirada
por todo el mundo; contempla la heredad del Señor difundida ya hasta los confines del
orbe; ve cómo se ha cumplido ya aquella predicción: Que se postren ante él todos los
reyes, y que todos los pueblos le sirvan. Y aquella otra: Elévate sobre el cielo, Dios mío; y
llene la tierra tu gloria. Mira a aquel cuyas manos y pies fueron traspasados por los clavos,
cuyos huesos pudieron contarse cuando pendía en la cruz, cuyas vestiduras fueron
sorteadas; mira cómo reina ahora el mismo que ellos vieron pendiente de la cruz. Ve cómo
se cumplen aquellas palabras: Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del
orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos. Y, viendo esto, exclama
lleno de gozo: Lo que habíamos oído lo hemos visto.
Con razón se aplican a la Iglesia llamada de entre los gentiles las palabras del salmo:
Escucha, hija, mira: olvida tu pueblo y la casa paterna. Escucha y mira: primero escuchas
lo que no ves, luego verás lo que escuchaste. Un pueblo extraño —dice otro salmo— fue
mi vasallo; me escuchaban y me obedecían. Si obedecían porque escuchaban es señal de
que no veían. ¿Y cómo hay que entender aquellas palabras: Verán algo que no les ha sido
anunciado y entenderán sin haber oído? Aquellos a los que no habían sido enviados los
profetas, los que anteriormente no pudieron oírlos, luego, cuando los oyeron, los
entendieron y se llenaron de admiración. Aquellos otros, en cambio, a los que habían sido
enviados, aunque tenían sus palabras por escrito, se quedaron en ayunas de su significado
y, aunque tenían las tablas de la ley, no poseyeron la heredad. Pero nosotros, lo que
habíamos oído lo hemos visto.
En la ciudad del Señor de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios. Aquí es donde
hemos oído y visto. Dios la ha fundado para siempre. No se engrían los que dicen: El
Mesías está aquí o está allí. El que dice: Está aquí o está allí induce a división. Dios ha
prometido la unidad: los reyes se alían, no se dividen en facciones. Y esta ciudad, centro
de unión del mundo, no puede en modo alguno ser destruida: Dios la ha fundado para
siempre. Por tanto, si Dios la ha fundado para siempre, no hay temor de que cedan sus
cimientos.
R. Pondré mi morada entre vosotros y no os rechazaré. * Caminaré entre vosotros y seré
vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.
V. Nosotros somos templo de Dios vivo, como dijo Dios.
R. Caminaré entre vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, a quien confiadamente invocamos con el nombre de Padre,
intensifica en nosotros el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que merezcamos entrar
en posesión de la herencia que nos tienes prometida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.