Oficio de Lectura - LUNES XIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, lunes, 10 de agosto de 2026. Otras celebraciones del día: SAN LORENZO, DIÁCONO Y MÁRTIR .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Dios de la tierra y del cielo,
que, por dejarlas más claras,
las grandes aguas separas,
pones un límite al cielo.
Tú que das cauce al riachuelo
y alzas la nube a la altura,
tú que, en cristal de frescura,
sueltas las aguas del río
sobre las tierras de estío,
sanando su quemadura,
danos tu gracia, piadoso,
para que el viejo pecado
no lleve al hombre engañado
a sucumbir a su acoso.
Hazlo en la fe luminoso,
alegre en la austeridad,
y hágalo tu claridad
salir de sus vanidades;
dale, Verdad de verdades,
el amor a tu verdad. Amén.

Salmodia

Antífona 1: Vendrá el Señor y no callará. (T. P. Aleluya).

Salmo 49

EL VERDADERO CULTO A DIOS

No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud (Mt 5, 17).

I

El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de oriente a occidente.
Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:
viene nuestro Dios, y no callará.
Lo precede fuego voraz,
lo rodea tempestad violenta.
Desde lo alto convoca cielo y tierra
para juzgar a su pueblo.
"Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio".
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar.

Antífona 2: Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza. (T. P. Aleluya).

II

"Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar testimonio contra ti;
—yo Dios, tu Dios—.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños;
pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se agita en los campos.
Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de cabritos?
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás gloria".

Antífona 3: Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos. (T. P. Aleluya).

III

Dios dice al pecador:
"¿por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?
Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el engaño;
te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu madre;
esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
Atención los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin remedio.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios".

Lecturas

Primera Lectura

Del libro del profeta Jonás 3, 1-4, 11

CONVERSIÓN DE LOS NINIVITAS, Y QUEJAS DE JONÁS ANTE DIOS

En aquellos días, el Señor dirigió otra vez la palabra a Jonás:
«Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.»
Se levantó Jonás y fue a Nínive, como le mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad,
tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó
durante un día proclamando:
«¡Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida!»
Creyeron a Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y
pequeños. Cuando el mensaje llegó al rey de Nínive, se levantó del trono, dejó el manto,
se cubrió de saco, se sentó en el polvo y mandó al heraldo a proclamar en su nombre a
Nínive:

«Hombres y animales, vacas y ovejas no prueben bocado, no pasten ni beban; vístanse
de saco hombres y animales; invoquen fervientemente a Dios; que cada cual se convierta
de su mala vida y de la violencia de sus manos. A ver si Dios se arrepiente, cesa el
incendio de su ira, y no perecemos.»
Vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; y se arrepintió Dios de la catástrofe
con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.
Jonás sintió un disgusto enorme, y estaba irritado. Oró al Señor en estos términos:
«Señor, ¿no es esto lo que me temía yo en mi tierra?
Por eso me adelanté a huir a Tarsis, porque sé que eres compasivo y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad, que te arrepientes de las amenazas. Ahora, Señor,
quítame la vida; más vale morir que vivir.»
Le contestó el Señor:
« ¿Y tienes tú derecho a irritarte?»
Jonás había salido de la ciudad, y estaba sentado al oriente. Allí se había hecho una
choza y se sentaba a la sombra, esperando el destino de la ciudad. Entonces el Señor hizo
crecer un ricino, alzándose por encima de Jonás, para darle sombra y resguardarle del
ardor del sol. Jonás se alegró mucho de aquel ricino. Pero el Señor envió un gusano,
cuando el sol salía al día siguiente, el cual dañó al ricino, que se secó. Y, cuando el sol
apretaba, envió el Señor un viento solano bochornoso; el sol hería la cabeza de Jonás y lo
hacía desfallecer. Jonás se deseó la muerte y dijo:
«Más me vale morir que vivir.»
Respondió Dios a Jonás:
«¿Crees que tienes derecho a irritarte por el ricino?» Contestó él:
«Con razón siento un disgusto mortal.»
El Señor le replicó:
«Tú te lamentas por el ricino, que no cultivaste con tu trabajo, y que brota una noche y
perece la otra. Y yo, ¿no voy a sentir la suerte de Nínive, la gran ciudad, que habitan más
de ciento veinte mil hombres, que no distinguen la derecha de la izquierda, y gran
cantidad de ganado?»

Responsorio Mt 12, 41; cf. Jon 3, 5. 10

R. Los habitantes de Nínive resucitarán junto con esta generación en el día del juicio y la
condenarán, * pues ellos, por la sola predicación de Jonás, se arrepintieron.
V. Creyeron a Dios, se vistieron de saco y se convirtieron de su mala vida.
R. Pues ellos, por la sola predicación de Jonás, se arrepintieron.

Segunda Lectura

Del Tratado de Teodoreto de Ciro, obispo, sobre la encarnación del Señor
(Núms. 26-27: PG 75, 1466-1467)

YO CURARÉ SUS EXTRAVÍOS

Jesús acude espontáneamente a la pasión que de él estaba escrita y que más de una
vez había anunciado a sus discípulos, increpando en cierta ocasión a Pedro por haber
aceptado de mala gana este anuncio de la pasión, y demostrando finalmente que a través
de ella sería salvado el mundo. Por eso, se presentó él mismo a los que venían a
prenderle, diciendo: Yo soy a quien buscáis. Y cuando lo acusaban no respondió, y,
habiendo podido esconderse, no quiso hacerlo; por más que en otras varias ocasiones en
que lo buscaban para prenderlo se esfumó.
Además, lloró sobre Jerusalén, que con su incredulidad se labraba su propio desastre y
predijo su ruina definitiva y la destrucción del templo. También sufrió con paciencia que

unos hombres doblemente serviles le pegaran en la cabeza. Fue abofeteado, escupido,
injuriado, atormentado, flagelado y, finalmente, llevado a la crucifixión, dejando que lo
crucificaran entre dos ladrones, siendo así contado entre los homicidas y malhechores
gustando también el vinagre y la hiel de la viña perversa, coronado de espinas en vez de
palmas y racimos, vestido de púrpura con burla y golpeado con una caña, atravesado por
la lanza en el costado y, finalmente, sepultado.
Con todos estos sufrimientos nos procuraba la salvación. Porque todos los que se
habían hecho esclavos del pecado debían sufrir el castigo de sus obras; pero él, inmune
de todo pecado, él, que caminó hasta el fin por el camino de la justicia perfecta, sufrió el
suplicio de los pecadores, borrando en la cruz el decreto de la antigua maldición. Cristo —
dice San Pablo— nos rescató de la maldición de la Ley, haciéndose por nosotros un
maldito, porque dice la Escritura: “Maldito todo el que cuelga de un árbol”. Y con la corona
de espinas puso fin al castigo de Adán, al que se le dijo después del pecado: Maldito el
suelo por tu culpa: brotará para ti cardos y espinas.
Con la hiel cargó sobre sí la amargura y molestias de esta vida mortal y pasible. Con el
vinagre, asumió la naturaleza deteriorada del hombre y la reintegró a su estado primitivo.
La púrpura fue signo de su realeza; la caña, indicio de la debilidad y fragilidad del poder
del diablo; las bofetadas que recibió publicaban nuestra libertad, al tolerar él las injurias,
los castigos y golpes que nosotros habíamos merecido.
Fue abierto su costado, como el de Adán, pero no salió de él una mujer que con su
error engendró la muerte, sino una fuente de vida que vivifica al mundo con un doble
arroyo; uno de ellos nos renueva en el baptisterio y nos viste la túnica de la inmortalidad;
el otro alimenta en la sagrada mesa a los que han nacido de nuevo por el bautismo, como
la leche alimenta a los recién nacidos.

Responsorio Is 53, 5; 1 Pe 2, 24

R. Él fue herido por nuestras rebeldías, triturado por nuestros crímenes; él soportó el
castigo que nos trae la paz, * por sus llagas hemos sido curados.
V. Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, para que, muertos al
pecado, vivamos para la justificación.
R. Por sus llagas hemos sido curados.

Oración

Oremos:

Dios todopoderoso y eterno, a quien confiadamente invocamos con el nombre de Padre,
intensifica en nosotros el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que merezcamos entrar
en posesión de la herencia que nos tienes prometida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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