Oficio de Lectura - JUEVES V SEMANA DE PASCUA 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, jueves, 7 de mayo de 2026.

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1
  • Himno 2

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!
Muerte y Vida lucharon,
y la muerte fue vencida.
¡Aleluya, aleluya!
Es el grano que muere
para el triunfo de la espiga.
¡Aleluya, aleluya!
Cristo es nuestra esperanza
nuestra paz y nuestra vida.
¡Aleluya, aleluya!
Vivamos vida nueva,
el bautismo es nuestra Pascua.
¡Aleluya, aleluya!
¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya! Amén.

La bella flor que en el suelo
plantada se vio marchita
ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.
De tierra estuvo cubierto,
pero no fructificó
del todo, hasta que quedó
en un árbol seco injerto.
Y, aunque a los ojos del suelo
se puso después marchita,
ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.
Toda es de flores la fiesta,
flores de finos olores,
más no se irá todo en flores,
porque flor de fruto es ésta.
Y, mientras su Iglesia grita
mendigando algún consuelo,
ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.
Que nadie se sienta muerto
cuando resucita Dios,
que, si el barco llega al puerto,
llegamos junto con vos.
Hoy la cristiandad se quita
sus vestiduras de duelo.
Ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.

Salmodia

Antífona 1: La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen. (T. P. Aleluya).

Salmo 17, 31-51

EL SEÑOR REVELA SU PODER SALVADOR

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (Rom 8, 31)

IV

Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del Señor;
él es escudo para los que a él se acogen.
¿Quién es dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?
Dios me ciñe de valor
y me enseña un camino perfecto.
Él me da pies de ciervo,
y me coloca en las alturas;
él adiestra mis manos para la guerra,
y mis brazos para tensar la ballesta.

Antífona 2: Tu diestra, Señor, me sostuvo. (T. P. Aleluya).

V

Me dejaste tu escudo protector,
tu diestra me sostuvo,
multiplicaste tus cuidados conmigo.
Ensanchaste el camino a mis pasos,
y no flaquearon mis tobillos;
yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo,
y no me volvía sin haberlo aniquilado:
los derroté, y no pudieron rehacerse,
cayeron bajo mis pies.
Me ceñiste de valor para la lucha,
doblegaste a los que me resistían;
hiciste volver la espalda a mis enemigos,
rechazaste a mis adversarios.
Pedían auxilio, pero nadie los salvaba;
gritaban al Señor, pero no les respondía.
Los reduje a polvo, que arrebata el viento;
los pisoteaba como barro de las calles.
Me libraste de las contiendas de mi pueblo,
me hiciste cabeza de naciones,
un pueblo extraño fue mi vasallo.
Los extranjeros me adulaban,
me escuchaban y me obedecían.
Los extranjeros palidecían
y salían temblando de sus baluartes.

Antífona 3: Viva el Señor, bendito sea mi Dios y Salvador. (T. P. Aleluya).

VI

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
el Dios que me dio el desquite
y me sometió los pueblos;
que me libró de mis enemigos,
me levantó sobre los que resistían
y me salvó del hombre cruel.
Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en honor de tu nombre:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre.

Versículo

V. Dios resucitó al Señor. Aleluya.
R. Y nos resucitará también a nosotros por su poder. Aleluya.

Lecturas

Primera Lectura

De los Hechos de los apóstoles 19, 1-20

PABLO EN ÉFESO

En aquellos días, mientras Apolo se encontraba en Corinto, Pablo, después de
atravesar la región alta del Asia proconsular, llegó a Éfeso, donde encontró algunos
discípulos. Y les preguntó: «¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando abrazasteis la fe?»
Ellos contestaron: «Ni siquiera hemos oído que exista el Espíritu Santo.»
Él les preguntó de nuevo: «Pues entonces, ¿qué bautismo recibisteis?»
Le respondieron: «El bautismo de Juan.»
Y dijo Pablo: «Juan bautizó con un bautismo que era sólo una señal de
arrepentimiento, y fue diciendo al pueblo que creyese en el que iba a venir después de él,
esto es, en Jesús.»

Oídas estas palabras, se hicieron bautizar en el nombre de Jesús, el Señor. Pablo les
impuso después las manos, y descendió sobre ellos el Espíritu Santo; y comenzaron a
hablar distintas lenguas y a proferir discursos inspirados por Dios. Eran en total unos doce
hombres.
Entró Pablo en la sinagoga, y con entereza y libertad habló por espacio de tres meses
acerca del reino de Dios, tratando de convencer a los judíos. Pero, como algunos de ellos
se obstinasen en no creer y en plena asamblea blasfemasen de la doctrina del Señor,
Pablo rompió con ellos. Tomó aparte a sus discípulos y comenzó a enseñar todos los días
en la escuela de un tal Tirano. Esta situación se prolongó por dos años, de manera que
todos los habitantes del Asia proconsular, tanto judíos como griegos, llegaron a escuchar
la doctrina del Señor.
Obraba Dios por medio de Pablo milagros extraordinarios; hasta tal punto que, con
sólo aplicar a los enfermos los pañuelos y delantales que habían estado en contacto con
su cuerpo, desaparecían las enfermedades y sanaban los espíritus malignos. Hasta unos
exorcistas ambulantes, que eran judíos, llegaron a invocar sobre los posesos el nombre de
Jesús, el Señor, con las siguientes palabras: «Os conjuro por Jesús, a quien Pablo
predica.»
Los que tal hacían eran siete hijos de un tal Esceva judío perteneciente a la familia
pontifical. Pero, una vez, el mal espíritu les replicó: «Conozco a Jesús y sé quién es Pablo,
pero vosotros, ¿quiénes sois?»
Y, abalanzándose el poseso sobre ellos, los sujetó a todos y la emprendió con tal
violencia que, desnudos y maltrechos, tuvieron que escapar de aquella casa. Este suceso
llegó a conocimiento de todos cuantos vivían en Éfeso, tanto judíos como griegos; con lo
que se apoderó de todos un gran temor, y dieron gloria al nombre de Jesús, el Señor.
Muchos de los que se habían hecho cristianos venían a confesar y revelar sus fórmulas
secretas de magia. Y buen número de los que se habían dedicado a las artes mágicas
traían sus libros para quemarlos en presencia de todos. Se calculó el valor de los mismos
en cincuenta mil monedas de plata. De este modo, por la eficacia que daba el Señor, se
extendía y arraigaba el Evangelio.

Responsorio Hch 2, 4; 19, 6

R. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar, * según les hacía
expresarse el Espíritu. Aleluya.
V. Pablo les impuso las manos, y descendió sobre ellos el Espíritu Santo; y comenzaron a
hablar distintas lenguas y a proferir discursos inspirados.
R. Según les hacía expresarse el Espíritu. Aleluya.

Segunda Lectura

De los tratados de san Gaudencio de Brescia, obispo
(Tratado 2: CSEL 68, 26. 29-30)

LA EUCARISTÍA, PASCUA DEL SEÑOR

Uno solo murió por todos; y este mismo es quien ahora por todas las iglesias, en el
misterio del pan y del vino, inmolado, nos alimenta; creído, nos vivifica; consagrado,
santifica a los que lo consagran.
Ésta es la carne del Cordero, ésta la sangre. El pan mismo que descendió del cielo
dice: El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo. También su sangre está bien
significada bajo la especie del vino, porque, al declarar él en el Evangelio: Yo soy la
verdadera vid, nos da a entender a las claras que el vino que se ofrece en el sacramento
de la pasión es su sangre; por eso, ya el patriarca Jacob había profetizado de Cristo,

diciendo: Lava su ropa en vino y su túnica en sangre de uvas. Porque habrá de purificar
en su propia sangre nuestro cuerpo, que es como la vestidura que ha tomado sobre sí.
El mismo Creador y Señor de la naturaleza, que hace que la tierra produzca pan, hace
también del pan su propio cuerpo (porque así lo prometió y tiene poder para hacerlo), y el
que convirtió el agua en vino hace del vino su sangre.
Es la Pascua del Señor, dice la Escritura, es decir, su paso, para que no se te ocurra
pensar que continúe siendo terreno aquello por lo que pasó el Señor cuando hizo de ello
su cuerpo y su sangre.
Lo que recibes es el cuerpo de aquel pan celestial y la sangre de aquella sagrada vid.
Porque, al entregar a sus discípulos el pan y el vino consagrados, les dijo: Esto es mi
cuerpo; esto es mi sangre. Creamos, pues, os pido, en quien pusimos nuestra fe. La
verdad no sabe mentir.
Por eso, cuando habló a las turbas estupefactas sobre la obligación de comer su
cuerpo y beber su sangre, y la gente empezó a murmurar, diciendo: Este modo de hablar
es duro, ¿quién puede hacerle caso?, para purificar con fuego del cielo aquellos
pensamientos que, como dije antes, deben evitarse, añadió: El espíritu es quien da vida;
la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida.

Responsorio Jn 6, 58; Lc 22, 19

R. Como me envió el Padre que posee la vida y yo vivo por el Padre, de la misma manera
* quien me come vivirá por mí. Aleluya.
V. Esto es mi cuerpo que va a ser entregado por vosotros.
R. Quien me come vivirá por mí. Aleluya.

Oración

Oremos:

Señor Dios todopoderoso, que, sin mérito alguno de nuestra parte, nos haces pasar de la
muerte a la vida y de la tristeza al gozo, no pongas fin a tus dones, ni ceses de realizar tus
maravillas en nosotros, y concede a quienes ya hemos sido justificados por la fe la fuerza
necesaria para perseverar siempre en ella. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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