Oficio de Lectura - SÁBADO VIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, sábado, 30 de mayo de 2026. Otras celebraciones del día: SAN FERNANDO .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Escuchemos la voz del Señor, para que entremos en su descanso.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

A caminar sin ti, Señor, no atino;
tu palabra de fuego es mi sendero
me encontraste cansado y prisionero
del desierto, del cardo y del espino.
Descansa aquí conmigo del camino,
que en Emaús hay trigo en el granero,
hay un poco de vino y un alero
que cobije tu sueño, Peregrino.
Yo contigo, Señor, herido y ciego;
tú conmigo, Señor, enfebrecido,
el aire quieto, el corazón en fuego.
Y en diálogo sediento y torturado
se encontrarán en un solo latido,
cara a cara, tu amor y mi pecado. Amén.

Salmodia

Antífona 1: El Señor los rescató de la opresión. (T. P. Aleluya).

Salmo 77, 40-72

BONDAD DE DIOS E INFIDELIDAD DEL PUEBLO A TRAVÉS DE LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

Estas cosas sucedieron en figura para nosotros (1 Cor 10,6).

IV

¡Qué rebeldes fueron en el desierto,
enojando a Dios en la estepa!
Volvían a tentar a Dios,
a irritar al santo de Israel,
sin acordarse de aquella mano
que un día los rescató de la opresión:
cuando hizo prodigios en Egipto,
portentos en el campo de Soán;
cuando convirtió en sangre los canales
y los arroyos, para que no bebieran;
cuando les mandó tábanos que les picasen,
y ranas que los hostigasen;
cuando entregó a la langosta sus cosechas,
y al saltamontes el fruto de sus sudores;
cuando aplastó con granizo sus viñedos,
y con escarcha sus higueras;
cuando entregó sus ganados al pedrisco,
y al rayo sus rebaños;
cuando lanzó contra ellos el incendio de su ira,
su cólera, su furor, su indignación
y, despachando a los siniestros mensajeros,
dio curso libre a su ira:
no los salvó de la muerte,
entregó sus vidas a la peste;
cuando hirió a los primogénitos de Egipto,
a las primicias de la virilidad en las tiendas de Cam.

Antífona 2: Los hizo llegar el Señor hasta el monte que su diestra había adquirido. (T. P. Aleluya).

V

Sacó como un rebaño a su pueblo,
los guió como un hato por el desierto,
los condujo seguros, sin alarmas,
mientras el mar cubría a sus enemigos;
los hizo entrar por las santas fronteras,
hasta el monte que su diestra había adquirido;
ante ellos rechazó a las naciones,
les asignó por suerte su heredad:
instaló en sus tiendas a las tribus de Israel.
Pero ellos tentaron al Dios Altísimo y se rebelaron,
negándose a guardar sus preceptos;
desertaron y traicionaron como sus padres,
fallaron como un arco engañoso;
con sus altozanos lo irritaban,
con sus ídolos provocaban sus celos.
Dios los oyó y se indignó,
y rechazó totalmente a Israel;
abandonó su morada de Silo,
la tienda en que habitaba con los hombres;
abandonó sus valientes al cautiverio,
su orgullo a las manos enemigas;
entregó su pueblo a la espada,
encolerizado contra su heredad;
el fuego devoraba a los jóvenes,
y las novias ya no tenían cantos;
los sacerdotes caían a espada,
y sus viudas no los lloraban.

Antífona 3: Escogió a la tribu de Judá y eligió a David, su siervo, para pastorear a Israel, su heredad. (T. P. Aleluya).

VI

Pero el Señor se despertó como de un sueño,
como un soldado vencido por el vino:
hirió al enemigo en la espalda,
infligiéndole una derrota perdurable.
Repudió las tiendas de José,
no escogió la tribu de Efraín;
escogió la tribu de Judá
y el monte Sión, su preferido.
Construyó su santuario como el cielo,
como a la tierra lo cimentó para siempre.
Escogió a David, su siervo,
lo sacó de los apriscos del rebaño;
de andar tras las ovejas, lo llevó
a pastorear a su pueblo, Jacob,
a Israel, su heredad.
Los pastoreó con corazón íntegro,
los guiaba con mano inteligente.

Lecturas

Primera Lectura

De la segunda carta a los Corintios 12, 14-13, 13

CERCANA VISITA DEL APÓSTOL PARA CORREGIR A LOS CORINTIOS

Hermanos: Por tercera vez estoy preparado para ir hacia vosotros, y no os seré
gravoso. Es que no busco vuestros bienes, sino a vosotros mismos. Pues los hijos no
deben atesorar para los padres, sino los padres para los hijos. Y yo gustosamente gastaré
lo que tengo y me consumiré yo mismo todo entero por el bien de vuestras almas. Si yo
os amo tanto, ¿voy a ser menos amado de vosotros?
Bueno, diréis tal vez, personalmente yo no os he sido gravoso, pero tal vez penséis que,
astuto como soy, os he sorprendido por medio de una trampa, dando un hábil rodeo. Pero
decidme, ¿es que os he explotado por medio de alguno de mis enviados? Rogué a Tito
que fuera a veros, y envié con él al hermano que sabéis. ¿Acaso se aprovechó Tito de
vosotros? ¿No procedimos ambos con la misma disposición de espíritu, y no seguimos los
mismos pasos? Ya hace rato que os ha de parecer que nos estamos justificando ante
vosotros. No. Hablamos cristianamente, ante la presencia de Dios. Y todo, carísimos, es
por vuestra edificación. Temo que a mi llegada no os voy a encontrar como yo os quisiera,
y que vosotros me vais a encontrar cual no querríais. Temo que haya contiendas, envidias,
animosidades, rivalidades, detracciones, murmuraciones, insolencias, desórdenes. Temo
que a mi llegada me humille Dios de nuevo por causa vuestra, y que tenga que llorar por
muchos que antes pecaron y no se han arrepentido de su impureza, de su fornicación y
del libertinaje a que se han entregado.
Por tercera vez voy ahora a veros. Toda cuestión se decidirá por el testimonio de dos o
tres testigos. Ya os lo dije. Y ahora, ausente, lo vuelvo a repetir con antelación. Y lo digo
tal como, estando presente la segunda vez, lo advertí a los que habían pecado y a todos
los demás: cuando vaya otra vez, no andaré con miramientos, ya que andáis buscando
pruebas de que Cristo habla por mí, el cual no se muestra débil con vosotros, sino que
ejerce en vosotros su poder.
Pues aunque por su condición de debilidad humana Cristo fue crucificado, ahora tiene
vida por la omnipotencia de Dios. Y nosotros, aunque débiles ahora con su debilidad, por
la omnipotencia de Dios tendremos vida con él, para poder actuar entre vosotros.
Examinaos, a ver si estáis firmes en la fe. Haced un examen sobre vosotros mismos.
¿No os dais cuenta de que Jesucristo está en vosotros? Seguramente que sí. A no ser que
vuestro examen dé un resultado negativo. Esperamos, sin embargo, que reconozcáis que
para nosotros la prueba no es negativa. Rogamos a Dios que no hagáis nada malo, no
para que nosotros quedemos bien, sino para que vosotros practiquéis el bien, aunque
nosotros, con ello, tuviéramos que quedar mal.
Nosotros no tenemos ningún poder contra la verdad, sólo estamos al servicio de la
verdad. Y nos alegramos cuando, por ser vosotros fuertes por vuestra recta actuación,

tenemos nosotros que mostrarnos como débiles en la nuestra hacia vosotros. Lo que en
definitiva deseamos y pedimos es vuestra completa perfección.
Por eso os escribo esto en mi ausencia, para que cuando me presente ahí no tenga que
proceder con rigor, conforme a la autoridad que me dio el Señor, autoridad que es para
edificación, no para destrucción.
Finalmente, hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, alentaos unos a otros,
tened un mismo sentir y vivid en paz; y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.
Saludaos unos a otros con el ósculo santo. Os saludan todos los fieles.
La gracia de Jesucristo el Señor, el amor de Dios y la participación del Espíritu Santo
estén con todos vosotros.

Responsorio 2 Co 13, 11; Flp 4, 7

R. Alegraos, trabajad por vuestra perfección, vivid en paz; * y el Dios del amor y de la paz
estará con vosotros.
V. La paz de Dios, que está por encima de todo conocimiento, guardará vuestros
corazones en Cristo Jesús.
R. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.

Segunda Lectura

De los tratados de san Zenón de Verona, obispo
(Tratado 15, 2: PL 11, 441-443)

JOB ERA FIGURA DE CRISTO

Job, en cuanto nos es dado a entender, hermanos muy amados, era figura de Cristo.
Tratemos de penetrar en la verdad mediante la comparación entre ambos. Job fue
declarado justo por Dios. Cristo es la misma justicia, de cuya fuente beben todos los
bienaventurados; de él, en efecto, se ha dicho: Los iluminará un sol de justicia. Job fue
llamado veraz. Pero la única verdad auténtica es el Señor, el cual dice en el Evangelio: Yo
soy el camino y la verdad.
Job era rico. Pero, ¿quién hay más rico que el Señor? Todos los ricos son siervos suyos,
a él pertenece todo el orbe y toda la naturaleza, como afirma el salmo: Del Señor es la
tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes. El diablo tentó tres veces a Job. De
manera semejante, como nos explican los Evangelios, intentó por tres veces tentar al
Señor. Job perdió sus bienes. También el Señor, por amor a nosotros, se privó de sus
bienes celestiales y se hizo pobre, para enriquecernos a nosotros. El diablo, enfurecido,
mató a los hijos de Job. Con parecido furor, el pueblo farisaico mató a los profetas, hijos
del Señor. Job se vio manchado por la lepra. También el Señor, al asumir carne humana,
se vio manchado por la sordidez de los pecados de todo el género humano.
La mujer de Job quería inducirlo al pecado. También la sinagoga quería inducir al Señor
a seguir las tradiciones corrompidas de los ancianos. Job fue insultado por sus amigos.
También el Señor fue insultado por sus sacerdotes, los que debían darle culto. Job estaba
sentado en un estercolero lleno de gusanos. También el Señor habitó en un verdadero
estercolero, esto es, en el cieno de este mundo y en medio de hombres agitados como
gusanos por multitud de crímenes y pasiones.
Job recobró la salud y la fortuna. También el Señor, al resucitar, otorgó a los que creen
en él no sólo la salud, sino la inmortalidad, y recobró el dominio de toda la naturaleza,
como él mismo atestigua cuando dice: Todo me lo ha entregado mi Padre. Job engendró
nuevos hijos en sustitución de los anteriores. También el Señor engendró a los santos
apóstoles como hijos suyos, después de los profetas. Job, lleno de felicidad, descansó por

fin en paz. Y el Señor permanece bendito para siempre, antes del tiempo y en el tiempo, y
por los siglos de los siglos.

Responsorio Mt 26, 26; Jb 31, 31

R. Mientras estaban cenando, Jesús tomó pan y, habiendo pronunciado la bendición, lo
partió y lo dio a sus discípulos, y dijo: * «Tomad y comed, esto es mi cuerpo.»
V. Decían las gentes de mi campamento: «¿Quién no ha quedado saciado de la carne de
su mesa?»
R. Tomad y comed, esto es mi cuerpo.

Oración

Oremos:

Concédenos tu ayuda, Señor, para que el mundo progrese, según tus designios, gocen las
naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega
confiada y pacífica. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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