Oficio de Lectura - JUEVES X SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, jueves, 11 de junio de 2026. Otras celebraciones del día: SAN BERNABÉ, APÓSTOL .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Entrad en la presencia del Señor con vítores.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Señor, ¿a quién iremos,
si tú eres la Palabra?
A la voz de tu aliento
se estremeció la nada;
la hermosura brilló
y amaneció la gracia.
Señor, ¿a quién iremos,
si tu voz nos habla?
Nos hablas en las voces
de tu voz semejanza:
en los goces pequeños
y en las angustias largas.
Señor, ¿a quién iremos,
si tú eres la Palabra?
En los silencios íntimos
donde se siente el alma,
tu clara voz creadora
despierta la nostalgia.
¿A quién iremos, Verbo,
entre tantas palabras?
Al golpe de la vida,
perdemos la esperanza;
hemos roto el camino
y el roce de tu planta.
¿A dónde iremos, dinos,
Señor, si no nos hablas?
¡Verbo del Padre, Verbo
de todas las mañanas,
de las tardes serenas,
de las noches cansadas!
¿A dónde iremos, Verbo,
si tú eres la Palabra? Amén.

Salmodia

Antífona 1: Nos diste, Señor, la victoria sobre el enemigo; por eso damos gracias a tu nombre. (T. P. Aleluya).

Salmo 43

ORACIÓN DEL PUEBLO EN LAS CALAMIDADES

En todo vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado (Rom 8, 37).

I

Oh Dios, nuestros oídos lo oyeron,
nuestros padres nos lo han contado:
la obra que realizaste en sus días,
en los años remotos.
Tú mismo con tu mano desposeíste a los gentiles,
y los plantaste a ellos;
trituraste a las naciones,
y los hiciste crecer a ellos.
Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,
ni su brazo el que les dio la victoria,
sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro,
porque tú los amabas.
Mi rey y mi Dios eres tú,
que das la victoria a Jacob:
con tu auxilio embestimos al enemigo,
en tu nombre pisoteamos al agresor.
Pues yo no confío en mi arco,
ni mi espada me da la victoria;
tú nos das la victoria sobre el enemigo
y derrotas a nuestros adversarios.
Dios ha sido siempre nuestro orgullo,
y siempre damos gracias a tu nombre.

Antífona 2: Perdónanos, Señor, y no entregues tu heredad al oprobio.

II

Ahora, en cambio, nos rechazas y nos avergüenzas,
y ya no sales, Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y nuestro adversario nos saquea.
Nos entregas como ovejas a la matanza
y nos has dispersado por las naciones;
vendes a tu pueblo por nada,
no lo tasas muy alto.
Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen muecas las naciones.
Tengo siempre delante mi deshonra,
y la vergüenza me cubre la cara
al oír insultos e injurias,
al ver a mi rival y a mi enemigo.

Antífona 3: Levántate, Señor, y redímenos por tu misericordia. (T. P. Aleluya).

III

Todo esto nos viene encima,
sin haberte olvidado
ni haber violado tu alianza,
sin que se volviera atrás nuestro corazón
ni se desviaran de tu camino nuestros pasos;
y tú nos arrojaste a un lugar de chacales
y nos cubriste de tinieblas.
Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios
y extendido las manos a un dios extraño,
el Señor lo habría averiguado,
pues él penetra los secretos del corazón.
Por tu causa nos degüellan cada día,
nos tratan como a ovejas de matanza.
Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y opresión?
Nuestro aliento se hunde en el polvo,
nuestro vientre está pegado al suelo.
Levántate a socorrernos,
redímenos por tu misericordia.

Lecturas

Primera Lectura

De la carta a los Filipenses 3, 1-16

TODO LO ESTIMO BASURA CON TAL DE GANAR A CRISTO

Hermanos: Estad alegres en el Señor. Escribiros siempre lo mismo no me resulta
enojoso, y por otra parte es para vuestra mayor seguridad. Guardaos de esos «perros»;
guardaos de esos «malos obreros»; guardaos de esos «mutilados». Los verdaderos
circuncisos somos nosotros, los que practicamos el culto conforme al Espíritu de Dios y
tenemos puesta nuestra gloria en Cristo Jesús, sin poner nuestra seguridad y confianza en
la «carne». Yo, por mi parte, podría poner también mi confianza en la «carne»; y, si hay
algún otro que crea poder confiar en ella, muchas más razones tendría yo para hacerlo.
Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo e hijo de
hebreos, fariseo en lo que mira a la interpretación de la ley; por mi apasionamiento hacia
ella, perseguidor de la Iglesia de Dios; y por lo que mira a la justicia que viene del
cumplimiento de la ley, intachable. Pero todo lo que para mí era ganancia lo he estimado
pérdida comparado con Cristo.
Más aún, todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de
Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a
Cristo y encontrarme unido a él, no por una justificación propia mía, la que viene de la ley,
sino por la justificación que se obtiene por la fe en Cristo, la cual procede de Dios y se
basa en la fe; a fin de tener una íntima experiencia de Cristo, del poder de su resurrección
y de la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para alcanzar
también la resurrección de entre los muertos.
No quiero decir con esto que tenga ya conseguido el premio o que sea ya perfecto, sino
que continúo mi carrera con la pretensión de darle alcance, habiendo yo mismo sido
alcanzado por Cristo Jesús. Yo, hermanos, no considero haber ganado todavía el premio.
Sólo una cosa busco: olvidando lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que veo por
delante, voy corriendo hacia la meta para conseguir el premio de la asamblea celestial,
asamblea de Dios en Cristo Jesús.
Así pues, todos los que estamos ya bien formados en Cristo debemos tener estas
aspiraciones, y, si en algún punto pensáis de otra manera, que Dios os lo aclare también.
Sea cual sea el punto adonde hayamos llegado, sigamos adelante por el mismo camino.

Responsorio Flp 3, S. 10; Rm 6, 8

R. Todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo, * a fin de tener una íntima experiencia
de él, del poder de su resurrección y de la comunión con sus padecimientos.
V. Si hemos muerto con Cristo, tenemos fe de que también viviremos con Cristo.
R. A fin de tener una íntima experiencia de él, del poder de su resurrección y de la
comunión con sus padecimientos.

Segunda Lectura

De las homilías de Orígenes, presbítero, sobre el libro de Josué
(Homilía 6, 4: PG 12, 855-856)

LA CONQUISTA DE JERICÓ

Los israelitas ponen cerco a Jericó, porque ha llegado el momento de conquistarla. ¿Y
cómo la conquistan? No sacan la espada contra ella, ni la acometen con el ariete, ni vibran
los dardos; las únicas armas que emplean son las trompetas de los sacerdotes, y ellas
hacen caer las murallas de Jericó.
Hallamos, con frecuencia, en las Escrituras que Jericó es figura del mundo. En efecto,
aquel hombre de que nos habla el Evangelio, que bajaba de Jerusalén a Jericó y que cayó
en manos de unos ladrones, sin duda era un símbolo de Adán, que fue arrojado del
paraíso al destierro de este mundo. Y aquellos ciegos de Jericó, a los que vino Cristo para
hacer que vieran, simbolizaban a todos aquellos que en este mundo estaban angustiados
por la ceguera de la ignorancia, a los cuales vino el Hijo de Dios. Esta Jericó simbólica,
esto es, el mundo, está destinada a caer. El fin del mundo es algo de que nos hablan ya
desde antiguo y repetidamente los libros santos.
¿Cómo se pondrá fin al mundo? ¿Con qué medios? Al sonido -dice-de las trompetas.
¿De qué trompetas? El apóstol Pablo te descubrirá el sentido de estas palabras
misteriosas. Oye lo que dice: Resonará la trompeta, y los muertos en Cristo despertarán
incorruptibles, y él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son
de la trompeta divina, descenderá del cielo. Será entonces cuando Jesús, nuestro Señor,
vencerá y abatirá a Jericó, salvándose únicamente aquella prostituta de que nos habla el
libro santo, con toda su familia. Vendrá -dice el texto sagrado-nuestro Señor Jesús, y
vendrá al son de las trompetas.
Salvará únicamente a aquella mujer que acogió a sus exploradores, figura de todos los
que acogieron con fe y obediencia a sus apóstoles y, como ella, los colocaron en la parte
más alta, por lo que mereció ser asociada a la casa de Israel. Pero a esta mujer, con todo
su simbolismo, no debemos ya recordarle ni tenerle en cuenta sus culpas pasadas. En otro
tiempo fue una prostituta, mas ahora está unida a Cristo con un matrimonio virginal y
casto. A ella pueden aplicarse las palabras del Apóstol: Quise desposaros con un solo
marido, presentándoos a Cristo como una virgen intacta. El mismo Apóstol, en su estado
anterior, puede compararse a ella, ya que dice: También nosotros, con nuestra insensatez
y obstinación, íbamos fuera de camino; éramos esclavos de pasiones y placeres de todo
género.
¿Quieres ver con más claridad aún cómo aquella prostituta ya no lo es? Escucha las
palabras de Pablo: Así erais algunos antes. Pero os lavaron, os consagraron, os
perdonaron en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por el de nuestro Dios. Ella, para
poder salvarse de la destrucción de Jericó, siguiendo la indicación de los exploradores,
colgó de su ventana una cinta de hilo escarlata, como signo eficaz de salvación. Esta cinta
representaba la sangre de Cristo, por la cual es salvada actualmente toda la Iglesia, en el
mismo Jesucristo, nuestro Señor, al cual sea la gloria y el imperio por los siglos de los
siglos. Amén.

Responsorio Is 49, 22. 26; Jn 8, 28

R. Con la mano hago seña a las naciones, alzo mi estandarte para los pueblos. * Y sabrá
todo el mundo que yo soy el Señor, tu salvador, y que tu redentor es el Héroe de Jacob.
V. Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, entonces sabréis que «Yo soy».
R. Y sabrá todo el mundo que yo soy el Señor, tu salvador, y que tu redentor es el Héroe
de Jacob.

Oración

Oremos:

Oh Dios, fuente de todo bien, escucha sin cesar nuestras súplicas, y concédenos,
inspirados por ti, pensar lo que es recto y cumplirlo con tu ayuda. Por nuestro Señor Jesucristo
, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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