Oficio de Lectura - SÁBADO XIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2020

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de ayer, sábado, 4 de julio de 2020. Otras celebraciones del día: SANTA ISABEL DE PORTUGAL .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Señor, tú que llamaste
del fondo del no ser todos los seres,
prodigios del cincel de tu palabra,
imágenes de ti resplandecientes.
Señor, tú que creaste
la bella nave azul en que navegan
los hijos de los hombres, entre espacios
repletos de misterio y luz de estrellas.
Señor, tú que nos diste
la inmensa dignidad de ser tus hijos,
no dejes que el pecado y que la muerte
destruyan en el hombre el ser divino.
Señor, tú que salvaste
al hombre de caer en el vacío,
recréanos de nuevo en tu Palabra
y llámanos de nuevo al paraíso.
Oh Padre, tú que enviaste
al mundo de los hombres a tu Hijo,
no dejes que se apague en nuestras almas
la luz esplendorosa de tu Espíritu. Amén.

Salmodia

Antífona 1: Cantad al Señor y meditad sus maravillas. (T. P. Aleluya).

Salmo 104

LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN REALIZA LAS PROMESAS HECHAS POR DIOS A ABRAHÁN

Los apóstoles revelan a las naciones las maravillas realizadas por Dios en su venida (S. Atanasio).

I

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas,
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra.
Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac,
confirmado como ley para Jacob,
como alianza eterna para Israel:
"A ti te daré el país cananeo,
como lote de vuestra heredad".
Cuando eran unos pocos mortales,
contados, y forasteros en el país,
cuando erraban de pueblo en pueblo,
de un reino a otra nación,
a nadie permitió que los molestase,
y por ellos castigó a reyes:
"No toquéis a mis ungidos,
no hagáis mal a mis profetas".

Antífona 2: No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de sus calumniadores. (T. P. Aleluya).

II

Llamó al hambre sobre aquella tierra:
cortando el sustento de pan;
por delante había enviado a un hombre,
a José, vendido como esclavo;
le trabaron los pies con grillos,
le metieron el cuello en la argolla,
hasta que se cumplió su predicción,
y la palabra del Señor lo acreditó.
El rey lo mandó desatar,
el Señor de pueblos le abrió la prisión,
lo nombró administrador de su casa,
señor de todas sus posesiones,
para que a su gusto instruyera a los príncipes
y enseñase sabiduría a los ancianos.

Antífona 3: Se acordó el Señor de su palabra y sacó a su pueblo con alegría. (T. P. Aleluya).

III

Entonces Israel entró en Egipto,
Jacob se hospedó en la tierra de Cam.
Dios hizo a su pueblo muy fecundo,
más poderoso que sus enemigos.
A éstos les cambió el corazón
para que odiasen a su pueblo,
y usaran malas artes con sus siervos.
Pero envió a Moisés, su siervo,
y a Aarón, su escogido,
que hicieron contra ellos sus signos,
prodigios en la tierra de Cam.
Envió la oscuridad, y oscureció,
pero ellos resistieron a sus palabras;
convirtió sus aguas en sangre,
y dio muerte a sus peces;
su tierra pululaba de ranas,
hasta en la alcoba del rey.
Ordenó que vinieran tábanos
y mosquitos por todo el territorio;
les dio en vez de lluvia granizo,
llamas de fuego por su tierra;
e hirió higueras y viñas,
tronchó los árboles del país.
Ordenó que viniera la langosta,
saltamontes innumerables,
que roían la hierba de su tierra,
y devoraron los frutos de sus campos.
Hirió de muerte a los primogénitos del país,
primicias de su virilidad.
Sacó a su pueblo cargado de oro y plata,
y entre sus tribus nadie tropezaba;
los egipcios se alegraban de su marcha,
porque los había sobrecogido el terror.
Tendió una nube que los cubriese,
y un fuego que los alumbrase de noche.
Lo pidieron, y envió codornices,
los sació con pan del cielo;
hendió la peña, y brotaron las aguas,
que corrieron en ríos por el desierto.
Porque se acordaba de la palabra sagrada,
que había dado a su siervo Abrahán,
sacó a su pueblo con alegría,
a sus escogidos con gritos de triunfo.
Les asignó las tierras de los gentiles,
y poseyeron las haciendas de las naciones:
para que guarden sus decretos,
y cumplan su ley.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro del profeta Isaías 59, 1-14

PENITENCIA Y SALVACIÓN

Mira, la mano del Señor no es tan corta que no pueda salvar, ni es tan duro de oído que
no pueda oír. Son vuestras culpas las que crean separación entre vosotros y vuestro Dios;
son vuestros pecados los que tapan su rostro, para que no os oiga.
Pues vuestras manos están manchadas de sangre, vuestros dedos, de crímenes;
vuestros labios dicen mentiras; vuestras lenguas murmuran maldades. No hay quien
invoque la justicia, ni quien pleitee con sinceridad; se apoyan en la mentira, afirman la
falsedad, conciben el crimen y dan a luz la maldad.
Incuban huevos de serpiente y tejen telas de araña; quien come esos huevos muere; si
se cascan, salen víboras. Sus telas no sirven para vestidos; son tejidos que no pueden
cubrir. Sus acciones son criminales, las obras de sus manos son violentas.
Sus pies corren al mal, tienen prisa por derramar sangre inocente; sus planes son
planes criminales, destrozos y ruinas jalonan su camino. No conocen el camino de la paz,
no existe el derecho en sus senderos; se abren sendas tortuosas; quien las sigue no
conoce paz. Por eso está lejos de nosotros el derecho, y no nos alcanza la justicia:
esperamos la luz, y vienen tinieblas; claridad, y caminamos a oscuras.
Como ciegos, vamos tanteando la pared; andamos a tientas, como gente sin vista. En
pleno día, tropezamos como al anochecer; en pleno vigor, estamos como muertos.
Todos gruñimos como osos, y nos quejamos como palomas. Esperamos en el derecho,
pero nada; en la salvación, y está lejos de nosotros. Porque nuestros crímenes son
muchos en tu presencia, y nuestros pecados nos acusan; nuestros crímenes nos
acompañan, y reconocemos nuestras culpas: rebelarnos y olvidarnos del Señor, volver la
espalda a nuestro Dios, tratar de opresión y revuelta, urdir por dentro engaños; y así se
tergiversa el derecho, y la justicia se queda lejos; porque en la plaza tropieza la lealtad, y
la sinceridad no encuentra acceso.

Responsorio Is 59, 12; 1 Jn 1, 8

R. Nuestros crímenes son muchos en tu presencia, y nuestros pecados nos acusan; *
nuestros crímenes nos acompañan, y reconocemos nuestras culpas.
V. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no
está en nosotros.
R. Nuestros crímenes nos acompañan, y reconocemos nuestras culpas.

Segunda Lectura

De las catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo
(Catequesis 1, 2-3. 5-6: PG 33, 371. 375-378)

RECONOCE EL MAL QUE HAS HECHO, AHORA QUE ES EL TIEMPO PROPICIO

Si hay aquí alguno que esté esclavizado por el pecado, que se disponga por la fe a la
regeneración que nos hace hijos adoptivos y libres; y así, libertado de la pésima esclavitud
del pecado y sometido a la dichosa esclavitud del Señor, será digno de poseer la herencia
celestial. Despojaos, por la confesión de vuestros pecados, del hombre viejo, viciado por
las concupiscencias engañosas, y vestíos del hombre nuevo que se va renovando según el
conocimiento de su creador. Adquirid, mediante vuestra fe, las arras del Espíritu Santo,
para que podáis ser recibidos en la mansión eterna. Acercaos a recibir el sello
sacramental, para que podáis ser reconocidos favorablemente por aquel que es vuestro
dueño. Agregaos al santo y racional rebaño de Cristo, para que un día, separados a su
derecha, poseáis en herencia la vida que os está preparada.
Porque los que conserven adherida la aspereza del pecado, a manera de una piel
velluda, serán colocados a la izquierda, por no haberse querido beneficiar de la gracia de
Dios, que se obtiene por Cristo a través del baño de regeneración. Me refiero no a una

regeneración corporal, sino al nuevo nacimiento del alma. Los cuerpos, en efecto, son
engendrados por nuestros padres terrenos, pero las almas son regeneradas por la fe,
porque el Espíritu sopla donde quiere. Y así entonces, si te has hecho digno de ello,
podrás escuchar aquella voz: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor, a saber, si tu
conciencia es hallada limpia y sin falsedad.
Pues, si alguno de los aquí presentes tiene la pretensión de poner a prueba la gracia de
Dios, se engaña a sí mismo e ignora la realidad de las cosas. Procura, oh hombre, tener
un alma sincera y sin engaño, porque Dios penetra en el interior del hombre.
El tiempo presente es tiempo de reconocer nuestros pecados. Reconoce el mal que has
hecho, de palabra o de obra, de día o de noche. Reconócelo ahora que es el tiempo
propicio, y en el día de la salvación recibirás el tesoro celeste.
Limpia tu recipiente, para que sea capaz de una gracia más abundante, porque el
perdón de los pecados se da a todos por igual, pero el don del Espíritu Santo se concede a
proporción de la fe de cada uno. Si te esfuerzas poco recibirás poco, si trabajas mucho,
mucha será tu recompensa. Corres en provecho propio, mira, pues, tu conveniencia.
Si tienes algo contra alguien, perdónalo. Vienes para alcanzar el perdón de los pecados:
es necesario que tú también perdones al que te ha ofendido.

Responsorio Pr 28, 13; 1 Jn 1, 9

R. Al que oculta sus crímenes no le irá bien en sus cosas; * el que los confiesa y se
enmienda obtendrá misericordia.
V. Sí confesamos nuestros pecados, fiel y bondadoso es Dios para perdonarnos.
R. El que los confiesa y se enmienda obtendrá misericordia.

Oración

Oremos:

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz;
concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de
la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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