Oficio de Lectura - DOMINGO II DE CUARESMA 2024

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de ayer, domingo, 25 de febrero de 2024.

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1
  • Himno 2

Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.

Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.

Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.

Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida es su vida, su Amor es su amor
serían un día su gracia y su don.

Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

Para los sábados

Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.
Déjame que te restañe
ese llanto cristalino
y a la vera del camino
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo,
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.
Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
"No, mi Niño, no. No hay quien
de mis brazos te desuna".
Y rayos tibios de luna,
entre las pajas de miel,
le acariciaban la piel
sin despertarle. ¡Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel! Amén

Salmodia

Antífona 1: Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.

Salmo 103

HIMNO AL DIOS CREADOR

El que es de Cristo es una criatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado (2 Co 5, 17).

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de ministro.
Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas;
pero a tu bramido huyeron,
al fragor de tu trueno se precipitaron,
mientras subían los montes y bajaban los valles:
cada cual al puesto asignado.
Trazaste una frontera que no traspasarán,
y no volverán a cubrir la tierra.
De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su sed;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto.

Antífona 2: El Señor saca pan de los campos, y vino para alegrar el corazón del hombre.

Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre.
Él saca pan de los campos,
y vino que le alegra el corazón;
y aceite que da brillo a su rostro,
y alimento que le da fuerzas.
Se llenan de savia los árboles del Señor,
los cedros del Líbano que él plantó:
allí anidan los pájaros,
en su cima pone casa la cigüeña.
Los riscos son para las cabras,
las peñas son madriguera de erizos.
Hiciste la luna con sus fases,
el sol conoce su ocaso.
Pones las tinieblas y viene la noche,
y rondan las fieras de la selva;
los cachorros rugen por la presa,
reclamando a Dios su comida.
Cuando brilla el sol, se retiran,
y se tumban en sus guaridas;
el hombre sale a sus faenas,
a su labranza hasta el atardecer.

Antífona 3: Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.

III

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin número,
animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves, y el Leviatán
que modelaste para que retoce.
Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes;
escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.
Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras,
cuando él mira la tierra, ella tiembla;
cuando toca los montes, humean.
Cantaré al Señor mientras viva,
tocaré para mi Dios mientras exista:
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.
Que se acaben los pecadores en la tierra,
que los malvados no existan más.
¡Bendice, alma mía, al Señor!

Versículo

V. La voz del Padre se oyó desde la nube.
R. Éste es mi Hijo amado, escuchadlo.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro del Éxodo 13, 17-14, 9

CAMINO HASTA EL MAR ROJO

Cuando el Faraón dejó marchar al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la región
de los filisteos, que es el más corto, pues pensó: «No sea que, al verse atacados, se
arrepientan y vuelvan a Egipto.»
Por eso Dios hizo que el pueblo diese un rodeo por el desierto, hacia el mar Rojo. Los
israelitas habían salido de Egipto bien armados. Moisés tomó consigo los huesos de José,
pues éste había hecho jurar a los hijos de Israel: «Cuando el Señor cuide de vosotros, os
llevaréis mis huesos de aquí.»
Partieron de Sucot y acamparon en Etán, al borde del desierto. El Señor caminaba
delante de ellos, de día en una columna de nubes para guiarlos, y de noche en una
columna de fuego para alumbrarlos, de modo que pudieran caminar día y noche. No se
apartaba delante de ellos ni la columna de nubes en el día, ni la columna de fuego
durante la noche. El Señor dijo a Moisés: «Di a los israelitas que se vuelvan y acampen en
Fehirot, entre Migdal y el mar, frente a Baal Sefón. Acamparéis junto al mar. El Faraón
pensará: "Los israelitas están copados en el país, el desierto les cierra el paso." Yo voy a
hacer que el Faraón se empeñe en perseguiros y mostraré mi gloria derrotando al Faraón
y a su ejército, para que sepan los egipcios que yo soy el Señor.»
Así lo hicieron los israelitas. Cuando comunicaron al rey de Egipto que el pueblo había
escapado, el Faraón y su corte cambiaron de parecer sobre el pueblo y dijeron: «¿Qué
hemos hecho? Hemos dejado marchar a nuestros esclavos israelitas.»
Hizo preparar su carro y tomó consigo sus tropas: tomó seiscientos carros escogidos y
los demás carros de Egipto con sus correspondientes oficiales. El Señor hizo que el Faraón
se empeñase en perseguir a los israelitas, que habían salido jubilosos y triunfantes. Los
egipcios los persiguieron con caballos, carros y jinetes, y les dieron alcance mientras
acampaban en Fehirot, frente a Baal Sefón.

Responsorio Sal 113, 1. 2; Ex 13, 21

R. Cuando Israel salió de Egipto, los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente, * Judá
fue su santuario, Israel fue su dominio.
V. El Señor caminaba delante de ellos en una columna de nubes para guiarlos.
R. Judá fue su santuario, Israel fue su dominio.

Segunda Lectura

De los sermones de san León Magno, papa
(Sermón 51, 3-4. 8: PL 54, 310-311. 313)

LA LEY SE DIO POR MEDIO DE MOISÉS, LA GRACIA Y LA VERDAD VINIERON POR MEDIO DE JESUCRISTO

El Señor puso de manifiesto su gloria ante los testigos que había elegido, e hizo
resplandecer de tal manera aquel cuerpo suyo, semejante al de todos los hombres, que su
rostro se volvió semejante a la claridad del sol y sus vestiduras aparecieron blancas como
la nieve.
En aquella transfiguración se trataba, sobre todo, de alejar de los corazones de los
discípulos el escándalo de la cruz, y evitar así que la humillación de la pasión voluntaria
conturbara la fe de aquellos a quienes se había revelado la excelencia de la dignidad
escondida.
Pero con no menor providencia se estaba fundamentando la esperanza de la Iglesia
santa, ya que el cuerpo de Cristo, en su totalidad, podría comprender cuál habría de ser
su transformación, y sus miembros podrían contar con la promesa de su participación en
aquel honor que brillaba de antemano en la cabeza. A propósito de lo cual había dicho el
mismo Señor, al hablar de la majestad de su venida: Entonces los justos brillarán como el
sol en el reino de su Padre. Cosa que el mismo apóstol Pablo corroboró, diciendo:
Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos
descubrirá; y de nuevo: Habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios.
Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente
con él, en gloria.
Pero, en aquel milagro, hubo también otra lección para confirmación y completo
conocimiento de los apóstoles. Pues aparecieron, en conversación con el Señor, Moisés y
Elías, es decir, la ley y los profetas, para que se cumpliera con toda verdad, en presencia
de aquellos cinco hombres, lo que está escrito: Toda palabra quede confirmada por boca
de dos o tres testigos.
¿Y pudo haber una palabra más firmemente establecida que ésta, en cuyo anuncio
resuena la trompeta de ambos Testamentos y concurren las antiguas enseñanzas con la
doctrina evangélica?
Las páginas de los dos Testamentos se apoyaban entre sí, y el esplendor de la actual
gloria ponía de manifiesto, a plena luz, a aquel que los anteriores signos habían prometido
bajo el velo de sus misterios; porque, como dice san Juan, la ley se dio por medio de
Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo, en quien se cumplieron, a
la vez, la promesa de las figuras proféticas y la razón de los preceptos legales, ya que, con
su presencia, atestiguó la verdad de las profecías y, con su gracia, otorgó a los
mandamientos la posibilidad de su cumplimiento.
Que la predicación del santo Evangelio sirva, por tanto, para la confirmación de la fe de
todos, y que nadie se avergüence de la cruz de Cristo, gracias a la cual el mundo ha sido
redimido. Que nadie tema sufrir por la justicia, ni desconfíe del cumplimiento de las
promesas, porque por el trabajo se va al descanso, y por la muerte se pasa a la vida; pues

el Señor echó sobre sí toda la debilidad de nuestra condición, y, si nos mantenemos en su
amor, venceremos lo que él venció y recibiremos lo que prometió.
En efecto, ya se trate de cumplir los mandamientos o de tolerar las adversidades,
nunca debe dejar de resonar en nuestros oídos la palabra pronunciada por el Padre: Éste
es mi Hijo, el amado, mi predilecto; escuchadlo.

Responsorio Hb 12, 22. 24. 25; Sal 94, 8

R. Vosotros os habéis acercado al, Mediador de la nueva alianza, Jesús; guardaos de
rechazar al que os habla, * pues si no escaparon al castigo los que rechazaron al que
promulgaba la ley en la tierra, mucho menos escaparemos nosotros, si volvemos la
espalda a aquel que nos habla desde el cielo.
V. Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón.»
R. Pues si no escaparon al castigo los que rechazaron al que promulgaba la ley en la
tierra, mucho menos escaparemos nosotros, si volvemos la espalda a aquel que nos habla
desde el cielo.

Oración

Oremos:

Señor, Padre santo, tú que nos has mandado escuchar a tu Hijo, el predilecto, alimenta
nuestro espíritu con tu palabra, así, con mirada limpia, contemplaremos gozosos la gloria
de tu rostro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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