Oficio de Lectura - VIERNES II SEMANA DE PASCUA 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de ayer, viernes, 17 de abril de 2026. Otras celebraciones del día: BEATA MARIANA DE JESÚS NAVARRO, VIRGEN .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1
  • Himno 2

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!
Muerte y Vida lucharon,
y la muerte fue vencida.
¡Aleluya, aleluya!
Es el grano que muere
para el triunfo de la espiga.
¡Aleluya, aleluya!
Cristo es nuestra esperanza
nuestra paz y nuestra vida.
¡Aleluya, aleluya!
Vivamos vida nueva,
el bautismo es nuestra Pascua.
¡Aleluya, aleluya!
¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya! Amén.

La bella flor que en el suelo
plantada se vio marchita
ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.
De tierra estuvo cubierto,
pero no fructificó
del todo, hasta que quedó
en un árbol seco injerto.
Y, aunque a los ojos del suelo
se puso después marchita,
ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.
Toda es de flores la fiesta,
flores de finos olores,
más no se irá todo en flores,
porque flor de fruto es ésta.
Y, mientras su Iglesia grita
mendigando algún consuelo,
ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.
Que nadie se sienta muerto
cuando resucita Dios,
que, si el barco llega al puerto,
llegamos junto con vos.
Hoy la cristiandad se quita
sus vestiduras de duelo.
Ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.

Salmodia

Antífona 1: Señor, no me castigues con cólera.

Salmo 37

SEÑOR, NO ME CORRIJAS CON IRA

Todos sus conocidos se mantenían a distancia (Lc 23, 49).

I

Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con cólera;
tus flechas se me han clavado,
tu mano pesa sobre mí;
no hay parte ilesa en mi carne
a causa de tu furor,
no tienen descanso mis huesos
a causa de mis pecados;
mis culpas sobrepasan mi cabeza,
son un peso superior a mis fuerzas.

Antífona 2: Señor, todas mis ansias están en tu presencia. (T. P. Aleluya).

II

Mis llagas están podridas y supuran
por causa de mi insensatez;
voy encorvado y encogido,
todo el día camino sombrío.
Tengo las espaldas ardiendo,
no hay parte ilesa en mi carne;
estoy agotado, deshecho del todo;
rujo con más fuerza que un león.
Señor mío,
todas mis ansias están en tu presencia,
no se te ocultan mis gemidos;
siento palpitar mi corazón,
me abandonan las fuerzas,
y me falta hasta la luz de los ojos.
Mis amigos y compañeros
se alejan de mí,
mis parientes se quedan a distancia;
me tienden lazos
los que atentan contra mí,
los que desean mi daño
me amenazan de muerte,
todo el día murmuran traiciones.

Antífona 3: Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío. (T. P. Aleluya).

III

Pero yo, como un sordo, no oigo;
como un mudo no abro la boca;
soy como uno que no oye
y no puede replicar.
En ti, Señor, espero,
y tú me escucharás, Señor, Dios mío;
esto pido:
que no se alegren por mi causa,
que, cuando resbale mi pie,
no canten triunfo.
Porque yo estoy a punto de caer,
y mi pena no se aparta de mí:
yo confieso mi culpa,
me aflige mi pecado.
Mis enemigos mortales son poderosos,
son muchos
los que me aborrecen sin razón,
los que me pagan males por bienes,
los que me atacan
cuando procuro el bien.
No me abandones, Señor;
Dios mío, no te quedes lejos;
ven aprisa a socorrerme,
Señor mío, mi salvación.

Versículo

V. En tu resurrección, oh Cristo. Aleluya.
R. El cielo y la tierra se alegran. Aleluya.

Lecturas

Primera Lectura

De los Hechos de los apóstoles 7, 17-43

LA HISTORIA DE MOISÉS EN EL DISCURSO DE ESTEBAN

En aquellos días, Esteban prosiguió su discurso, diciendo: «Según se acercaba el
tiempo de la promesa hecha por Dios a Abraham, el pueblo iba creciendo y
multiplicándose en Egipto; hasta que sobrevino allí un rey que no había conocido a José.
Este rey, usando de malas artes contra nuestro pueblo, tiranizó a nuestros padres, hasta el
punto de obligarles a exponer sus hijos para que no sobreviviese ninguno. En estas
circunstancias, nació Moisés. Era un hermosísimo niño, que fue criado durante tres meses
en la casa paterna. Habiendo sido también expuesto, fue recogido por la hija del Faraón,
la cual lo hizo criar como si fuese hijo suyo. Así Moisés fue instruido en todas las ciencias
de los egipcios, y adquirió mucha influencia por sus palabras y por su actuación.
Cuando hubo cumplido los cuarenta años, sintió deseos de visitar a sus hermanos, los
israelitas. Y, viendo a uno maltratado, acudió en su defensa; y lo vengó, matando al
egipcio. Creía él que sus hermanos caerían en la cuenta de que, por su mano, Dios les
brindaba la salvación; pero ellos no lo entendieron. Al día siguiente, sorprendió a dos
riñendo, y quiso ponerlos en paz, diciéndoles: "Amigos míos, sois hermanos. ¿Por qué os
hacéis daño el uno al otro?" Pero el que maltrataba a su prójimo apartó de sí con violencia
a Moisés, diciéndole: "¿Quién te ha nombrado jefe y juez sobre nosotros? ¿Quieres acaso
matarme como mataste ayer al egipcio?" Ante estas palabras Moisés huyó, y vivió como
extranjero en la tierra de Madián, donde tuvo dos hijos.
Transcurridos cuarenta años, se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, en
medio de una zarza que estaba ardiendo. Moisés se maravilló al ver la visión, y, como se
acercase para verla mejor, oyó la voz del Señor: "Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de
Abraham, de Isaac y de Jacob." Sobrecogido de espanto, Moisés no se atrevía a mirar. Y el
Señor le dijo: "Quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado.
He visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, he oído sus lamentos y he bajado a
librarlos. Ven, pues, que voy a enviarte a Egipto."
Este mismo Moisés, que había sido rechazado con estas palabras: "¿Quién te ha
nombrado jefe y juez, éste mismo fue enviado por Dios como jefe y libertador, ayudado
por el ángel que se le apareció en la zarza. Él los sacó de la esclavitud, obrando señales y
prodigios en la tierra de Egipto, en el mar Rojo y en el desierto por espacio de cuarentaaños. Éste es Moisés, el mismo que dijo a los israelitas: "Dios suscitará para vuestra saludde entre vuestros hermanos a un profeta, como me ha suscitado a mí." Éste es Moisés, el
que en la asamblea, reunida en el desierto, estuvo con el ángel, que le hablaba en el
monte Sinaí, y con nuestros padres; el que recibió palabras de vida para comunicárnoslas.
Pero nuestros padres no sólo se negaron a obedecerlo, sino que lo rechazaron,
volviendo sus pensamientos a Egipto y diciendo a Aarón: "Haznos dioses que guíen
nuestra marcha, porque no sabemos qué se ha hecho de ese Moisés que nos sacó de la
tierra de Egipto." Fabricaron luego un becerro, y ofrecieron sacrificios al ídolo, festejando
la obra de sus manos. Entonces Dios se apartó de ellos y los abandonó al culto de los
astros. Así está escrito en el libro de los profetas: "¿Acaso me ofrecisteis en el desierto
sacrificios y ofrendas durante cuarenta años, casa de Israel? No. Sino que os llevasteis con

vosotros el tabernáculo de Moloc y la estrella del dios Refán, ídolos fabricados por
vosotros mismos para darles culto. Por eso, yo os voy a llevar más allá de Babilonia.

Responsorio Hch 7, 31. 32. 34

R. Moisés oyó la voz del Señor: * «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de
Isaac y de Jacob.» Aleluya.
V. He visto la opresión de mi pueblo y he bajado a librarlos.
R. Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Segunda Lectura

De los sermones de san Teodoro Estudita
(Sermón sobre la adoración de la cruz: PG 99, 691-694. 695. 698-699)

PRECIOSA Y VIVIFICANTE ES LA CRUZ DE CRISTO

¡Oh don preciosísimo de la cruz! ¡Qué aspecto tiene más esplendoroso! No contiene,
como el árbol del paraíso, el bien y el mal entremezclados, sino que en él todo es hermoso
y atractivo, tanto para la vista como para el paladar.
Es un árbol que engendra la vida, sin ocasionar la muerte; que ilumina sin producir
sombras; que introduce en el paraíso, sin expulsar a nadie de él; es el madero al que
Cristo subió, como rey que monta en su cuadriga, para derrotar al diablo que detentaba el
poder de la muerte, y librar al género humano de la esclavitud a que la tenía sometido el
diablo.
Este madero, en el que el Señor, cual valiente luchador en el combate, fue herido en
sus divinas manos, pies y costado, curó las huellas del pecado y las heridas que el
pernicioso dragón había infligido a nuestra naturaleza.
Si al principio un madero nos trajo la muerte, ahora otro madero nos da la vida:
entonces fuimos seducidos por el árbol: ahora por el árbol ahuyentamos la antigua
serpiente. Nuevos e inesperados cambios: en lugar de la muerte alcanzamos la vida; en
lugar de la corrupción, la incorrupción; en lugar del deshonor, la gloria.
No le faltaba, pues, razón al Apóstol para exclamar: Dios me libre de gloriarme si no es
en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mi, y yo
para el mundo. Pues aquella suprema sabiduría, que, por así decir, floreció en la cruz,
puso de manifiesto la jactancia y la arrogante estupidez de la sabiduría mundana. El
conjunto maravilloso de bienes que provienen de la cruz acabaron con los gérmenes de la
malicia y del pecado.
Las figuras y profecías de este leño revelaron, ya desde el principio del mundo, las
mayores maravillas. Mira, si no, si tienes deseos de saberlo. ¿Acaso no se salvó Noé, de la
muerte del diluvio, junto con sus hijos y mujeres y con los animales de toda especie, en
un frágil madero?
¿Y qué, significó la vara de Moisés? Acaso no fue figura de la cruz? Una vez convirtió el
agua en sangre; otra, devoró las serpientes ficticias de los magos; o bien dividió el mar
con sus golpes y detuvo las olas, haciendo después que volvieran a su curso, sumergiendo
así a los enemigos mientras hacía que se salvara el pueblo de Dios.
De la misma manera fue también figura de la cruz la vara de Aarón, florecida en un
solo día para atestiguar quién debía ser el sacerdote legítimo.
Y a ella aludió también Abrahán cuando puso sobre el montón de maderos a su hijo
maniatado. Con la cruz sucumbió la muerte, y Adán se vio restituido a la vida. En la cruz
se gloriaron todos los apóstoles, en ella se coronaron los mártires y se santificaron los
santos. Con la cruz nos revestimos de Cristo y nos despojamos del hombre viejo; fue la

cruz la que nos reunió en un solo rebaño, como ovejas de Cristo, y es la cruz la que nos
lleva al aprisco celestial.

Responsorio

R. Éste es el árbol nobilísimo, plantado en medio del paraíso, * en ti, el Autor de nuestra
salvación venció con su propia muerte a la muerte de todos los mortales. Aleluya.
V. Tú sobresales por encima de los cedros más elevados.
R. En ti, el Autor de nuestra salvación venció con su propia muerte a la muerte de todos
los mortales. Aleluya.

Oración

Oremos:

Oh Dios, que, para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la
cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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