Oficio de Lectura - MIÉRCOLES III SEMANA DE PASCUA 2021

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de ayer, miércoles, 21 de abril de 2021. Otras celebraciones del día: SAN ANSELMO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1
  • Himno 2

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya!
Muerte y Vida lucharon,
y la muerte fue vencida.
¡Aleluya, aleluya!
Es el grano que muere
para el triunfo de la espiga.
¡Aleluya, aleluya!
Cristo es nuestra esperanza
nuestra paz y nuestra vida.
¡Aleluya, aleluya!
Vivamos vida nueva,
el bautismo es nuestra Pascua.
¡Aleluya, aleluya!
¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con él!
¡Aleluya, aleluya! Amén.

La bella flor que en el suelo
plantada se vio marchita
ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.
De tierra estuvo cubierto,
pero no fructificó
del todo, hasta que quedó
en un árbol seco injerto.
Y, aunque a los ojos del suelo
se puso después marchita,
ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.
Toda es de flores la fiesta,
flores de finos olores,
más no se irá todo en flores,
porque flor de fruto es ésta.
Y, mientras su Iglesia grita
mendigando algún consuelo,
ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.
Que nadie se sienta muerto
cuando resucita Dios,
que, si el barco llega al puerto,
llegamos junto con vos.
Hoy la cristiandad se quita
sus vestiduras de duelo.
Ya torna, ya resucita,
ya su olor inunda el cielo.

Salmodia

Antífona 1: La misericordia y fidelidad te preceden, Señor. (T. P. Aleluya).

Salmo 88, 2-38

LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR SOBRE LA CASA DE DAVID

Según lo prometido, Dios sacó de la descendencia de David un Salvador, Jesús (Hech 13, 22-23).

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: "Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad".
Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
"te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades".
El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos?
Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean.
Tú domeñas la soberbia del mar
y amansas la hinchazón del oleaje;
tú traspasaste y destrozaste a Rahab,
tu brazo potente desbarató al enemigo.
Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;
tú cimentaste el orbe y cuanto contiene;
tú has creado el norte y el sur,
el Tabor y el Hermón aclaman tu nombre.
Tienes un brazo poderoso:
fuerte es tu izquierda y alta tu derecha.
Justicia y derecho sostienen tu trono,
misericordia y fidelidad te preceden.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo.
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey.

Antífona 2: El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David. (T. P. Aleluya).

II

Un día hablaste en visión a tus amigos:
"He ceñido la corona a un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.
Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso;
no lo engañará el enemigo
ni los malvados lo humillarán;
ante él desharé a sus adversarios
y heriré a los que lo odian.
Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán
por mi nombre crecerá su poder:
extenderé su izquierda hasta el mar,
y su derecha hasta el Gran Río.
Él me invocará: "Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora";
y lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo".

Antífona 3: Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo». (T. P. Aleluya).

III

"Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis mandatos,
castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus culpas;
pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad,
no violaré mi alianza
ni cambiaré mis promesas.
Una vez juré por mi santidad
no faltar a mi palabra con David:
"Su linaje será perpetuo,
y su trono como el sol en mi presencia,
como la luna, que siempre permanece:
su solio será más firme que el cielo".

Versículo

V. Dios resucitó a Cristo de entre los muertos. Aleluya.
R. Para que nuestra fe y esperanza se centren en Dios. Aleluya.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro del Apocalipsis 9, 1-12

LA PLAGA DE LANGOSTAS

Yo, Juan, vi que el quinto ángel tocaba la trompeta; y vi una estrella caída del cielo
sobre la tierra, a la que entregaron la llave del pozo del abismo. Abrió el pozo del abismo,

y subió del pozo una humareda como la humareda de un inmenso horno, oscureciéndose
el sol y el aire a causa de la humareda del pozo. Del humo salieron langostas sobre la
tierra, y les fue dado poder como el que tienen los escorpiones terrestres. Y se les mandó
que no hiciesen estragos en la hierba de la tierra ni en ninguna verdura ni en ningún
árbol, sino en los hombres que no ostentan el sello de Dios sobre sus frentes. Se les dio
poder no para que los matasen, sino para que los atormentasen durante cinco meses. Y el
tormento que producían era como el del escorpión cuando muerde al hombre. En aquellos
días los hombres buscarán la muerte y no la hallarán; y ansiarán morir y la muerte huirá
de ellos.
Por su forma, las langostas parecían caballos equipados para la guerra; en sus cabezas
ostentaban como coronas que parecían de oro; y sus rostros semejaban rostros de
hombres. Tenían cabellos como cabellos de mujer, y sus dientes eran como de leones.
Llevaban corazas corno corazas de hierro; y el estrépito de sus alas era como el estrépito
de carros de muchos caballos que se precipitan a la batalla. Tenían colas y aguijones
semejantes a escorpiones; y en sus colas residía el poder de herir a los hombres por cinco
meses. Tienen sobre sí mismas por rey al ángel del abismo, cuyo nombre es en hebreo
Abaddón y en griego Apolíon, y significa «el Destructor».
El primer ¡ay! ya pasó. Pero vienen todavía dos ¡ayes! después de éste.

Responsorio Jl 2, 30. 32; Mc 13, 33

R. Haré prodigios en el cielo y en la tierra: sangre, fuego, columna de humo. * Y todo el
que invoque el nombre del Señor se salvará. Aleluya.
V. Vigilad y estad alerta, pues no sabéis cuándo será el momento.
R. Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. Aleluya.

Segunda Lectura

De la primera Apología de san Justino, mártir, en defensa de los cristianos
(Cap. 61: PG 6, 419-422)

EL BAUTISMO DEL NUEVO NACIMIENTO

Vamos a exponer de qué manera, renovados por Cristo nos hemos consagrado a Dios.
A quienes aceptan y creen que son verdad las cosas que enseñamos y exponemos y
prometen vivir de acuerdo con estas enseñanzas, les instruimos para que oren a Dios con
ayunos, y pidan perdón de sus pecados pasados, mientras nosotros, por nuestra parte,
oramos y ayunamos también juntamente con ellos.
Luego los conducimos a un lugar donde hay agua, para que sean regenerados del
mismo modo que fuimos regenerados nosotros. Entonces reciben el baño del bautismo el
nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, y nuestro Salvador Jesucristo, y del
Espíritu Santo.
Pues Cristo dijo: El que no nazca de nuevo, no podrá entrar en el reino de los cielos.
Ahora bien, es evidente para todos que no es posible, una vez nacidos, volver a entrar en
el seno de nuestras madres.
También el profeta Isaías nos dice de qué modo puede librarse de sus pecados quienes
pecaron y quieren convertirse: Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas
acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, enderezad al
oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces venid y litigaremos, dice el
Señor. Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque
sean rojos como escarlata, quedarán como lana. Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra
comeréis; si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá. Lo ha dicho el Señor.
Los apóstoles nos explican la razón de todo esto. En nuestra primera generación,
fuimos engendrados de un modo inconsciente por nuestra parte, y por una ley natural y
necesaria, por la acción del germen paterno en la unión de nuestros padres, y sufrimos la
influencia de costumbres malas y de una instrucción desviada. Mas, para que tengamos
también un nacimiento, no ya fruto de la necesidad natural e inconsciente, sino de nuestra
libre y consciente elección, y lleguemos a obtener el perdón de nuestros pecados pasados,

se pronuncia, sobre quienes desean ser regenerados y se convierten de sus pecados,
mientras están en el agua, el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, único
nombre que invoca el ministro cuando introduce en el agua al que va a ser bautizado.
Nadie, en efecto, es capaz de poner nombre al Dios inefable, y si alguien se atreve a
decir que hay un nombre que expresa lo que es Dios es que está rematadamente loco.
A este baño lo llamamos «iluminación» para dar a entender que los que son iniciados
en esta doctrina quedan iluminados.
También se invoca sobre el que ha de ser iluminado el nombre de Jesucristo, que fue
crucificado bajo Poncio Pilato, y el nombre del Espíritu Santo que, por medio de los
profetas, anunció de antemano todo lo que se refiere a Jesús.

Responsorio Jn 3, 5-6

R. Jesús dijo a Nicodemo: «Yo te lo aseguro: * el que no nazca de agua y de Espíritu no
puede entrar en el reino de Dios.» Aleluya.
V. Lo que de la carne nace carne es, y lo que nace del espíritu espíritu es.
R. El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Aleluya.

Oración

Oremos:

Ven, Señor, en ayuda de tu familia, y a cuantos hemos recibido el don de la fe concédenostener parte en la herencia eterna de tu Hijo resucitado. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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