Oficio de Lectura - VIERNES XXV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2020

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de ayer, viernes, 25 de septiembre de 2020.

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Este es el día del Señor.
Este es el tiempo de la misericordia.
Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.
En medio de las gentes
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.
Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.
Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos.
Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.
¡Exulten mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos.
La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo.

Salmodia

Antífona 1: Levántate, Señor, y ven en mi auxilio. (T. P. Aleluya).

Salmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28

SÚPLICA CONTRA LOS PERSEGUIDORES INJUSTOS

Se reunieron... y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con engaño y matarlo (Mt 26, 34).

I

Pelea, Señor, contra los que me atacan,
guerrea contra los que me hacen guerra;
empuña el escudo y la adarga,
levántate y ven en mi auxilio;
di a mi alma:
"yo soy tu victoria".
Y yo me alegraré con el Señor,
gozando de su victoria;
todo mi ser proclamará:
"Señor, ¿quién como tú,
que defiendes al débil del poderoso,
al pobre y humilde del explotador?"
Se presentaban testigos violentos:
me acusaban de cosas que ni sabía,
me pagaban mal por bien,
dejándome desamparado.

Antífona 2: Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso. (T. P. Aleluya).

II

Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,
me vestía de saco,
me mortificaba con ayunos
y desde dentro repetía mi oración.
Como por un amigo o por un hermano,
andaba triste;
cabizbajo y sombrío,
como quien llora a su madre.
Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,
se juntaron contra mí
y me golpearon por sorpresa;
me laceraban sin cesar.
Cruelmente se burlaban de mí,
rechinando los dientes de odio.

Antífona 3: Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabará, Señor. (T. P. Aleluya).

III

Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?
Defiende mi vida de los que rugen,
mi único bien, de los leones,
y te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré entre la multitud del pueblo.
Que no canten victoria mis enemigos traidores,
que no hagan guiños a mi costa
los que me odian sin razón.
Señor, tú lo has visto, no te calles,
Señor, no te quedes a distancia;
despierta, levántate, Dios mío,
Señor mío, defiende mi causa.
Que canten y se alegren
los que desean mi victoria,
que repitan siempre: "Grande es el Señor"
los que desean la paz a tu siervo.
Mi lengua anunciará tu justicia,
todos los días te alabará.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro de Tobías 7, 1. 9-20; 8, 4-16

MATRIMONIO DE TOBÍAS Y SARA

Al llegar a Ecbatana, Tobías dijo al ángel:
«Amigo Azarías, llévame derecho a casa de nuestro pariente Ragüel.»
El ángel lo llevó a casa de Ragüel. Lo encontraron sentado a la puerta del patio; se
adelantaron a saludarlo, y él les contestó:
«Tanto gusto, amigos; bienvenidos.»
Ragüel los acogió cordialmente y mandó matar un carnero. Después de lavarse y
bañarse, se pusieron a la mesa. Tobías dijo a Rafael:
«Amigo Azarías, dile a Ragüel que me dé a mi pariente Sara.»
Ragüel lo oyó y dijo al muchacho:
«Tú come y bebe y disfruta a gusto esta noche. Porque, amigo, sólo tú tienes derecho
a casarte con mi hija Sara, y yo tampoco puedo dársela a otro, porque tú eres el pariente
más cercano. Pero, hijo, te voy a hablar con toda franqueza. Ya se la he dado en
matrimonio a siete de mi familia, y todos murieron la noche en que iban a acercarse a
ella. Pero bueno, hijo, tú come y bebe, que el Señor cuidará de vosotros.»
Tobías replicó:
«No comeré ni beberé mientras no dejes decidido este asunto mío.»
Ragüel le dijo:
«Lo haré. Y te la daré como prescribe la ley de Moisés. Dios mismo manda que te la
entregue, y yo te la confío. A partir de hoy, para siempre, sois marido y mujer. Es tuya
desde hoy para siempre. ¡El Señor del cielo os ayude esta noche, hijo, y os dé su gracia y
su paz! »
Llamó a su hija, Sara. Cuando se presentó, Ragüel le tomó la mano y se la entregó a
Tobías, con estas palabras:
«Recíbela conforme al derecho y a lo prescrito en la ley de Moisés, que manda que se
te dé por esposa. Tómala y llévala enhorabuena a casa de tu padre. Que el Dios del cielo
os dé paz y bienestar.»
Luego, llamó a la madre, mandó traer papel y escribió el acta del matrimonio, según la
cual la entregaba como esposa conforme a lo prescrito en la ley de Moisés. Después,
empezaron a cenar.
Ragüel llamó a su mujer, Edna, y le dijo:
«Mujer, prepara la otra habitación, y llévala allí.»
Edna se fue a arreglar la habitación que le había dicho su marido. Llevó allí a su hija y
lloró por ella.

Luego, enjugándose las lágrimas, le dijo:
«Ánimo, hija. Que el Dios del cielo cambie tu tristeza en gozo. Ánimo, hija.»
Y salió. Ragüel y Edna cerraron la puerta de la habitación. Tobías, entonces, se levantó
de la cama y dijo a Sara:
«Mujer, levántate, vamos a rezar pidiendo a nuestro Señor que tenga misericordia de
nosotros y nos proteja.»
Se levantó, y empezaron a rezar pidiendo a Dios que los protegiera. Rezó así:
«Bendito eres, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por los siglos de los
siglos. Que te bendigan el cielo y todas tus criaturas por los siglos. Tú creaste a Adán, y
como ayuda y apoyo creaste a su mujer, Eva: de los dos nació la raza humana. Tú dijiste:
"No está bien que el hombre esté solo, voy a hacerle alguien como él que lo ayude." Si yo
me caso con esta prima mía no busco satisfacer mi pasión, sino que procedo lealmente.
Dígnate apiadarte de ella y de mí, y haznos llegar juntos a la vejez.»
Los dos dijeron:
«Amén, amén.»
Y durmieron aquella noche. Ragüel se levantó, llamó a los criados y fueron a cavar una
fosa; pues se dijo:
«No sea que haya muerto, y luego se rían y se burlen de nosotros.»
Cuando terminaron la fosa, Ragüel marchó a casa, llamó a su mujer y le dijo:
«Manda una criada que entre a ver si está vivo; porque, si está muerto, lo enterramos,
y así nadie se entera.»
Encendieron el candil, abrieron la puerta y mandaron dentro a la criada. Entró y
encontró a los dos juntos, profundamente dormidos, y salió a decir:
«Está vivo, no ha ocurrido nada.»
Entonces Ragüel alabó al Dios del cielo:
«Bendito eres, Dios, digno de toda bendición sincera. Seas bendito por siempre.
Bendito eres por el gozo que me has dado: no pasó lo que me temía, sino que nos has
tratado según tu gran misericordia.»

Responsorio Tb 12, 6. 18. 20

R. Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los beneficios que os ha hecho, *
pues él os ha mostrado su misericordia.
V. A él debéis bendecir y cantar todos los días, y narrar todas sus maravillas.
R. Pues él os ha mostrado su misericordia.

Segunda Lectura

Del sermón de san Agustín, obispo, sobre los pastores
(Sermón 46, 29-30: CCL 41, 555-557)

TODOS LOS BUENOS PASTORES SE IDENTIFICAN CON EL ÚNICO PASTOR

Cristo apacienta a sus ovejas debidamente, discierne a las que son suyas de las que no
lo son. Mis ovejas escuchan mi voz —dice— y me siguen.
En estas palabras descubro que todos los buenos pastores se identifican con este único
pastor. No es que falten buenos pastores, pero todos son como los miembros del único
pastor. Si hubiera muchos pastores, habría división, y, porque aquí se recomienda la
unidad, se habla de un único pastor. Si se silencian los diversos pastores y se habla de un
único pastor, no es porque el Señor no encontrara a quien encomendar el cuidado de sus
ovejas, pues cuando encontró a Pedro las puso bajo su cuidado, pero incluso en el mismo
Pedro el Señor recomendó la unidad. Eran muchos los apóstoles, pero sólo a Pedro se
dice: Apacienta mis ovejas. Dios no quiera que falten nunca buenos pastores, Dios no

quiera que lleguemos a vernos faltos de ellos; ojalá no deje el Señor de suscitarlos y
consagrarlos.
Ciertamente que, si existen buenas ovejas, habrá también buenos pastores, pues de
entre las buenas ovejas salen los buenos pastores. Pero hay que decir que todos los
buenos pastores son, en realidad, como miembros del único pastor y forman una sola
cosa con él. Cuando ellos apacientan, es Cristo quien apacienta. Los amigos del esposo no
pretenden hacer oír su propia voz, sino que se complacen en que se oiga la voz del
esposo. Por esto, cuando ellos apacientan, es el Señor quien apacienta; aquel Señor que
puede decir por esta razón: "Yo mismo apaciento", porque la voz y la caridad de lospastores son la voz y la caridad del mismo Señor. Ésta es la razón por la que quiso que
también Pedro, a quien encomendó sus propias ovejas como a un semejante, fuera una
sola cosa con él: así pudo entregarle el cuidado de su propio rebaño, siendo Cristo la
cabeza y Pedro como el símbolo de la Iglesia que es su cuerpo; de esta manera, fueron
dos en una sola carne, a semejanza de lo que son el esposo y la esposa.
Así, pues, para poder encomendar a Pedro sus ovejas, sin que con ello pareciera que
las ovejas quedaban encomendadas a otro pastor distinto de sí mismo, el Señor le
pregunta: "Pedro, ¿me amas?" Él respondió: "Te amo". Y le dice por segunda vez: "¿Me
amas?", Y respondió: "Te amo". Y le pregunta aun por tercera vez: "¿Me amas?" Y
respondió: "Te amo". Quería fortalecer el amor para reforzar así la unidad. De este modo,
el que es único apacienta a través de muchos, y los que son muchos apacientan formando
parte del que es único.
Y parece que no se habla de los pastores, pero sí se habla. Los pastores pueden
gloriarse, pero el que se gloría que se gloríe del Señor. Esto es hacer que Cristo sea pastor,
esto es apacentar para Cristo, esto es apacentar Cristo, y no tratar de apacentarse a sí
mismo al margen de Cristo. No fue por falta de pastores —como anunció el profeta que
ocurriría en futuros tiempos de desgracia— que el Señor dijo: Yo mismo apacentaré a mis
ovejas, como si dijera: "No tengo a quien encomendarlas". Porque, cuando todavía Pedro
y los demás apóstoles vivían en este mundo, aquel que es el único pastor, en el que todos
los pastores son uno, dijo: Tengo otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las
tengo que traer, escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.
Que todos se identifiquen con el único pastor y hagan oír la única voz del pastor, para
que la oigan las ovejas y sigan al único pastor, y no a éste o a aquél, sino al único. Y que
todos en él hagan oír la misma voz, y que no tenga cada uno su propia voz: Os ruego,
hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no andéis
divididos. Que las ovejas oigan esta voz, limpia de toda división y purificada de toda
herejía, y que sigan a su pastor, que les dice: Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen.

Responsorio

R. No abandones, Señor, tu rebaño, * Buen Pastor, que velas constantemente.
V. Que tu amor vele siempre sobre nosotros, para que no se nos acerque el tentador
astuto y hostil.
R. Buen Pastor, que velas constantemente.

Oración

Oremos:

Oh Dios, has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo, concédenos
cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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