Oficio de Lectura - MARTES XXV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2019

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de hoy, martes, 24 de septiembre de 2019.

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Alabemos a Dios que, en su Palabra,
nos revela el designio salvador,
y digamos en súplica confiada:
«Renuévame por dentro, mi Señor.»
No cerremos el alma a su llamada
ni dejemos que arraigue el desamor;
aunque dura es la lucha, su palabra
será bálsamo suave en el dolor.
Caminemos los días de esta vida
como tiempo de Dios y de oración;
él es fiel a la alianza prometida:
«Si eres mi pueblo, yo seré tu Dios.»
Tú dijiste, Jesús, que eras camino
para llegar al Padre sin temor;
concédenos la gracia de tu Espíritu
que nos lleve al encuentro del Señor. Amén.

Salmodia

Antífona 1: El Señor hará justicia a los pobres. (T. P. Aleluya).

Salmo 9 B

CANTO DE ACCIÓN DE GRACIAS

Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios (Lc 6, 20).

I

¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te escondes en el momento del aprieto?
La soberbia del impío oprime al infeliz
y lo enreda en las intrigas que ha tramado.
El malvado se gloría de su ambición,
el codicioso blasfema y desprecia al Señor.
El malvado dice con insolencia:
«No hay Dios que me pida cuentas.»
La intriga vicia siempre su conducta,
aleja de su mente tus juicios
y desafía a sus rivales.
Piensa: «No vacilaré,
nunca jamás seré desgraciado.»
Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de fraudes;
su lengua encubre maldad y opresión;
en el zaguán se sienta al acecho
para matar a escondidas al inocente.
Sus ojos espían al pobre;
acecha en su escondrijo como león en su guarida,
acecha al desgraciado para robarle,
arrastrándolo a sus redes;
se agacha y se encoge
y con violencia cae sobre el indefenso.
Piensa: «Dios lo olvida,
se tapa la cara para no enterarse.»

Antífona 2: Tú, Señor, ves las penas y los trabajos. (T. P. Aleluya).

II

Levántate, Señor, extiende tu mano,
no te olvides de los humildes;
¿por qué ha de despreciar a Dios el malvado,
pensando que no le pedirá cuentas?
Pero tú ves las penas y los trabajos,
tú miras y los tomas en tus manos.
A ti se encomienda el pobre,
tú socorres al huérfano.
Rómpele el brazo al malvado,
pídele cuentas de su maldad, y que desaparezca.
El Señor reinará eternamente
y los gentiles desaparecerán de su tierra.
Señor, tú escuchas los deseos de los humildes,
les prestas oído y los animas;
tú defiendes al huérfano y al desvalido:
que el hombre hecho de tierra
no vuelva a sembrar su terror.

Antífona 3: Las palabras del Señor son palabras auténticas, como plata refinada siete veces. (T. P. Aleluya).

Salmo 11

INVOCACIÓN A LA FIDELIDAD DE DIOS CONTRA LOS ENEMIGOS MENTIROSOS

Porque éramos pobres, el Padre nos ha mandado a su Hijo (San Agustín).

Sálvanos, Señor, que se acaban los buenos,
que desaparece la lealtad entre los hombres:
no hacen más que mentir a su prójimo,
hablan con labios embusteros
y con doblez de corazón.
Extirpe el Señor los labios embusteros
y la lengua fanfarrona
de los que dicen: "la lengua es nuestra fuerza,
nuestros labios nos defienden,
¿quién será nuestro acusador?"
El Señor responde: "por la opresión del humilde,
por el gemido del pobre,
yo me levantaré,
y pondré a salvo al que lo ansía".
Las palabras del Señor son palabras auténticas,
como plata limpia de ganga,
refinada siete veces.
Tú nos guardarás, Señor,
nos librarás para siempre de esa gente:
de los malvados que merodean
para chupar como sanguijuelas sangre humana.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro del profeta Isaías 5, 8-13. 17-24

MALDICIONES CONTRA LOS QUE OBRAN MAL

¡Ay de los que añaden casas a casas, y juntan campos con campos, hasta no dejar sitio,
y vivir ellos solos en medio del país! Lo ha jurado el Señor de los ejércitos. «Sus muchas
casas serán arrasadas, sus palacios magníficos quedarán deshabitados, diez yugadas de
viña darán un tonel, una carga de simiente dará una canasta.»
¡Ay de los que madrugan en busca de licores, y hasta el crepúsculo los enciende el
vino! Todo son cítaras y arpas, panderetas y flautas y vino en sus banquetes, y no
atienden a la obra de Dios, ni miran las acciones de su mano. Por eso mi pueblo va
deportado cuando menos lo piensa; sus nobles mueren de hambre, y la plebe se abrasa
de sed. Corderos pastarán como en sus praderas, chivos tascarán en sus ruinas.
¡Ay de los que arrastran la culpa con cuerdas de bueyes, y el pecado con sogas de
carretas! Los que dicen: «Que se dé prisa, que apresure su obra, para que la veamos; que
se cumpla en seguida el plan del Santo de Israel, para que lo conozcamos.» ¡Ay de los que

llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que
tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!
¡Ay de los que se tienen por sabios y se creen perspicaces! ¡Ay de los valientes para
beber vino y aguerridos para mezclar licores; de los que por soborno absuelven al culpable
y niegan justicia al inocente! Como la lengua de fuego devora el rastrojo y la paja se
consume en la llama, su raíz se pudrirá, sus brotes volarán como tamo. Porque rechazaron
la ley del Señor de los ejércitos, y despreciaron la palabra del Santo de Israel.

Responsorio Lc 6, 25; St 5, 1

R. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados, porque tendréis hambre!, dice el Señor.
* ¡Ay de vosotros, los que ahora reís, porque tendréis duelo y lloraréis!
V. Escuchad, vosotros, los ricos; y romped a llorar a gritos por las calamidades que os van
a venir.
R. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís, porque tendréis duelo y lloraréis!

Segunda Lectura

Del sermón de san Agustín, obispo, sobre los pastores
(Sermón 46,18-19: CCL. 41, 544-546)

LA IGLESIA, COMO UNA VID QUE CRECE Y SE DIFUNDE POR DOQUIER

Las ovejas se desperdigaron y vagaron sin rumbo por montes y altos cerros; mis ovejas
se dispersaron por toda la tierra. ¿Qué quiere decir: Se dispersaron por toda la tierra? Son
las ovejas que apetecen las cosas terrenas y, porque aman y están prendadas de las cosas
que el mundo estima, se niegan a morir, para que su vida quede escondida en Cristo. Por
toda la tierra, porque se trata del amor de los bienes de la tierra, y de ovejas que andan
errantes por toda la superficie de la tierra. Se encuentran en distintos sitios; pero la
soberbia las engendró a todas como única madre, de la misma manera que nuestra única
madre, la Iglesia católica, concibió a todos los fieles cristianos esparcidos por el mundo
entero.
No tiene, por tanto, nada de sorprendente que la soberbia engendre división, del mismo
modo que la caridad engendra la unidad. Sin embargo, es la misma madre católica y el
pastor que mora en ella quienes buscan a los descarriados, fortalecen a los débiles, curan
a los enfermos y vendan a los heridos, por medio de diversos pastores, aunque unos y
otros no se conozcan entre sí. Pero ella sí que los conoce a todos, puesto que con todos
está identificada.
Efectivamente, la Iglesia es como una vid que crece y se difunde por doquier; mientras
que las ovejas descarriadas son como sarmientos inútiles, cortados a causa de su
esterilidad por la hoz del labrador, no para destruir la vid, sino para purificarla. Los
sarmientos aquellos, allí donde fueron podados, allí se quedan. La vid, en cambio, sigue
creciendo por todas partes, sin ignorar ni uno solo de los sarmientos que permanecen en
ella, de los que junto a ella quedaron podados.
Por eso, precisamente, sigue llamando a los alejados, ya que el Apóstol dice de las
ramas arrancadas: Dios tiene poder para injertarlos de nuevo. Lo mismo si te refieres a las
ovejas que se alejaron del rebaño, que si piensas en las ramas arrancadas de la vid, Dios
no es menos capaz de volver a llamar a las uvas y de volver a injertar a las otras porque él
es el supremo pastor, el verdadero labrador. Mis ovejas se dispersaron por toda la tierra,
sin que nadie, de aquellos malos pastores, las buscase siguiendo su rastro. Por eso,
pastores, escuchad la palabra del Señor: ¡Lo juro por mi vida! —oráculo del Señor—.
Fijaos cómo comienza. Es como si Dios jurase con el testimonio de su vida. ¡Lo juro por mi
vida! —oráculo del Señor—. Los pastores murieron, pero las ovejas están seguras, porque
el Señor vive. Por mi vida —oráculo del Señor—. ¿Y quiénes son los pastores que han
muerto? Los que buscaban su interés y no el de Cristo. ¿Pero es que llegará a haber y se
podrá encontrar pastores que no busquen su propio interés, sino el de Cristo? Los habrá
sin duda, se los encontrará con seguridad, ni faltan ni faltarán.

Responsorio 2 Co 3, 4. 6. 5

R. Por medio de Cristo tenemos confianza y seguridad ante Dios. * Él nos capacitó para
ser ministros de la nueva alianza, la cual está fundada no en la letra, sino en el Espíritu.

V. No es que por nosotros mismos tengamos capacidad para atribuirnos algo a nuestra
cuenta, como proveniente de nosotros, sino que nuestra capacidad viene de Dios.
R. Él nos capacitó para ser ministros de la nueva alianza, la cual está fundada no en la
letra, sino en el Espíritu.

Oración

Oremos:

Oh Dios, has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo, concédenos
cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

Apps - Android - iPhone - iPad