Oficio de Lectura - MARTES XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2021

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de hoy, martes, 3 de agosto de 2021.

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos al Señor, Dios grande.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

¡Espada de dos filos
es, Señor, tu palabra!
Penetra como fuego
y divide la entraña.
¡Nada como tu voz,
es terrible tu espada!
¡Nada como tu aliento,
es dulce tu palabra!
Tenemos que vivir
encendida la lámpara,
que para virgen necia
no es posible la entrada.
No basta con gritar
sólo palabras vanas,
ni tocar a la puerta
cuando ya está cerrada.
Espada de dos filos
que me cercena el alma,
que hiere a sangre y fuego
esta carne mimada,
que mata los ardores
para encender la gracia.
Vivir de tus incendios,
luchar por tus batallas,
dejar por los caminos
rumor de tus sandalias.
¡Espada de dos filos
es, Señor, tu palabra! Amén.

Salmodia

Antífona 1: Encomienda tu camino al Señor, y él actuará. (T. P. Aleluya).

Salmo 36

LA VERDADERA Y LA FALSA FELICIDAD

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra (Mt 5, 4).

I

No te exasperes por los malvados,
no envidies a los que obran el mal:
se secarán pronto, como la hierba,
como el césped verde se agostarán.
Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón.
Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho como el mediodía.
Descansa en el Señor y espera en él,
no te exasperes por el hombre que triunfa
empleando la intriga:
cohibe la ira, reprime el coraje,
no te exasperes, no sea que obres mal;
porque los que obran mal son excluidos,
pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.
Aguarda un momento: desapareció el malvado,
fíjate en su sitio: ya no está;
en cambio, los sufridos poseen la tierra
y disfrutan de paz abundante.

Antífona 2: Apártate del mal y haz el bien, porque el Señor ama la justicia. (T. P. Aleluya).

II

El malvado intriga contra el justo,
rechina sus dientes contra él;
pero el Señor se ríe de él,
porque ve que le llega su hora.
Los malvados desenvainan la espada,
asestan el arco,
para abatir a pobres y humildes,
para asesinar a los honrados;
pero su espada les atravesará el corazón,
sus arcos se romperán.
Mejor es ser honrado con poco
que ser malvado en la opulencia;
pues al malvado se le romperán los brazos,
pero al honrado lo sostiene el Señor.
El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará siempre;
no se agostarán en tiempo de sequía,
en tiempo de hambre se saciarán;
pero los malvados perecerán,
los enemigos del Señor
se marchitarán como la belleza de un prado,
en humo se disiparán.
El malvado pide prestado y no devuelve,
el justo se compadece y perdona.
Los que el Señor bendice poseen la tierra,
los que él maldice son excluidos.
El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la mano.
Fui joven, ya soy viejo:
nunca he visto a un justo abandonado,
ni a su linaje mendigando el pan.
A diario se compadece y da prestado;
bendita será su descendencia.
Apártate del mal y haz el bien,
y siempre tendrás una casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus fieles.
Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se extinguirá;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre jamás.

Antífona 3: Confía en el Señor y sigue su camino. (T. P. Aleluya).

III

La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan.
El malvado espía al justo
e intenta darle muerte;
pero el Señor no lo entrega en sus manos,
no deja que lo condenen en el juicio.
Confía en el Señor, sigue su camino;
él te levantará a poseer la tierra,
y verás la expulsión de los malvados.
Vi a un malvado que se jactaba,
que prosperaba como un cedro frondoso;
volví a pasar, y ya no estaba;
lo busqué, y no lo encontré.
Observa al honrado, fíjate en el bueno:
su porvenir es la paz;
los impíos serán totalmente aniquilados,
el porvenir de los malvados quedará truncado.
El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva
porque se acogen a él.

Lecturas

Primera Lectura

R. «Que no os engañen los profetas que viven entre vosotros, porque os profetizan
falsamente en mi nombre; * yo sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros», dice el
Señor.
V. Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca.
R. «Yo sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros», dice el Señor.
Año II
Del libro del profeta Joel 2, 12-27

CONVERTÍOS A MÍ DE TODO CORAZÓN

Esto dice el Señor:
«Convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto.»
Rasgad vuestros corazones y no vuestras vestiduras y convertíos al Señor, vuestro Dios,
porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; y se arrepiente
de las amenazas. Quizá se arrepienta y nos deje todavía su bendición, la ofrenda, la
libación para el Señor, vuestro Dios.
Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión. Congregad al
pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos, congregad a los muchachos y a los
niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba y la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona,
Señor, a tu pueblo no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen las naciones; no se
diga entre las gentes: “¿Dónde está su Dios?”» El Señor tenga celos por su tierra, y
perdone a su pueblo.
Entonces el Señor respondió a su pueblo, diciendo:
«Mirad, os envío el trigo, el vino y el aceite, hasta saciaros; y no os entregaré más al
oprobio de las gentes. Alejaré de vosotros al enemigo del norte, lo arrojaré a una tierra
árida y desierta: la vanguardia, hacia el mar de oriente; la retaguardia, hacia el mar de
poniente. Asciende su hedor, sube su pestilencia, porque intentó cosas grandes.
No temas, tierra, alégrate y regocíjate, porque el Señor hace cosas grandes. No temáis,
animales del campo; germinarán las estepas, los árboles darán fruto, la vid y la higuera
producirán su riqueza.
Hijos de Sión, alegraos, gozaos en el Señor, vuestro Dios, que os dará la lluvia a su
tiempo, hará descender como antaño las lluvias tempranas y las tardías. Las eras se
llenarán de trigo, rebosarán los lagares de vino y aceite; os compensaré por los años en
que devoraban la langosta y los saltamontes, mi ejército numeroso que envié contra
vosotros. Comeréis hasta hartaros y alabaréis el nombre del Señor, Dios vuestro, que hizo

milagros en vuestro favor. Sabréis que estoy en medio de Israel, yo, el Señor, Dios
vuestro, el único. ¡Mi pueblo no será confundido jamás!»

Responsorio Jl 2, 23. 32. 28

R. Hijos de Sión, alegraos en el Señor, vuestro Dios, porque os dará al Maestro de la
justicia. * Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.
V. Hasta sobre los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.
R. Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.

Segunda Lectura

De la carta llamada de Bernabé
(Caps. 5, 1-8; 6, 1 1-16: Funk 1, 13-15. 19-21)

LA SEGUNDA CREACIÓN

El Señor soportó que su carne fuera entregada a la destrucción, para que fuéramos
santificados por la remisión de los pecados, que se realiza por la aspersión de su sangre.
Acerca de él afirma la Escritura, refiriéndose en parte a Israel y en parte a nosotros: Fue
traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo
saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Como cordero llevado al matadero,
como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Por tanto, debemos dar
rendidas gracias al Señor, porque nos ha dado a conocer el pasado, nos instruye sobre el
presente y nos ha concedido un cierto conocimiento respecto del futuro. Pero la Escritura
afirma: No en vano se tiende la red a lo que tiene alas, es decir, que perecerá justamente
aquel hombre que, conociendo el camino de la justicia, se vuelve al camino de las
tinieblas.
Todavía, hermanos, considerad esto: si el Señor soportó sufrir por nosotros, siendo él el
Señor de todo el universo, a quien Dios dijo en la creación del mundo: Hagamos al
hombre a nuestra imagen y semejanza, ¿cómo ha aceptado el sufrir por mano de los
hombres? Aprendedlo: los profetas, que de él recibieron el don de profecía, profetizaron
acerca de él. Como era necesario que se manifestara en la carne para destruir la muerte y
manifestar la resurrección de entre los muertos, ha soportado sufrir de esta forma para
cumplir la promesa hecha a los padres, constituirse un pueblo nuevo y mostrar, durante su
estancia en la tierra, que, una vez que suceda la resurrección de los muertos, será él
mismo quien juzgará. Además, instruía a Israel y realizaba tan grandes signos y prodigios,
con los que le testimoniaba su gran amor.
Al renovarnos por la remisión de los pecados, nos ha dado un nuevo ser, hasta el punto
de tener un alma como de niños, según corresponde a quienes han sido creados de
nuevo. Pues lo que afirma la Escritura, cuando el Padre habla al Hijo, se refiere a
nosotros: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del
mar, las aves del cielo, los animales domésticos. Y, viendo la hermosura de nuestra
naturaleza, dijo el Señor: Creced, multiplicaos, llenad la tierra.
Estas palabras fueron dirigidas a su Hijo. Pero te mostraré también cómo nos ha
hablado a nosotros, realizando una segunda creación en los últimos tiempos. En efecto,
dice el Señor: He aquí que hago lo último como lo primero. Refiriéndose a esto, dijo el
profeta: Entrad en la tierra que mana leche y miel, y enseñoreaos de ella. En
consecuencia, hemos sido creados de nuevo, como también afirma por boca de otro
profeta: Arrancaré de ellos —es decir, de aquellos que el Espíritu del Señor preveía— el
corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Por esto él quiso manifestarse en la
carne y habitar entre nosotros. En efecto, hermanos, la morada de nuestros corazones es
un templo santo para el Señor. Pues también dice el Señor: Contaré tu fama a mis

hermanos, en medio de la asamblea de los santos te alabaré. Por tanto, somos nosotros a
quienes introdujo en la tierra buena.

Responsorio Cf. Hch 3, 25; Ga 3, 8

R. Vosotros sois hijos de los profetas y de la alianza, que estableció Dios con vuestros
padres cuando dijo a Abraham: * «En tu descendencia serán bendecidas todas las
naciones de la tierra.»
V. Previendo la Escritura que Dios justificaría a lo gentiles por la fe, predijo a Abraham.
R. «En tu descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra.»

Oración

Oremos:

Ven, Señor, en ayuda de tus hijos; derrama tu bondad inagotable sobre los que te
suplican, y renueva y protege la obra de tus manos en favor de los que te alaban como
creador y como guía. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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