Oficio de Lectura - VIERNES VII SEMANA DE PASCUA 2020

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de hoy, viernes, 29 de mayo de 2020.

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que nos prometió el Espíritu Santo. Aleluya.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!;
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado!,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga;
matando, muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores,
calor y luz dan junto a su querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras! Amén.

Salmodia

Antífona 1: Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.

Salmo 68, 2-22. 30-37

ME DEVORA EL CELO DE TU TEMPLO

Le dieron a beber vino mezclado con hiel (Mt 27, 34).

Dios mío, sálvame,
que me llega el agua al cuello:
me estoy hundiendo en un cieno profundo
y no puedo hacer pie;
he entrado en la hondura del agua,
me arrastra la corriente.
Estoy agotado de gritar,
tengo ronca la garganta;
se me nublan los ojos
de tanto aguardar a mi Dios.
Más que los pelos de mi cabeza
son los que me odian sin razón;
más duros que mis huesos,
los que me atacan injustamente.
¿Es que voy a devolver
lo que no he robado?
Dios mío, tú conoces mi ignorancia,
no se te ocultan mis delitos.
Que por mi causa no queden defraudados
los que esperan en ti, Señor de los ejércitos.
Que por mi causa no se avergüencen
los que te buscan, Dios de Israel.
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.
Cuando me aflijo con ayunos,
se burlan de mí;
cuando me visto de saco,
se ríen de mí;
sentados a la puerta cuchichean,
mientras beben vino me sacan coplas.

Antífona 2: En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.

II

Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude:
arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí;
no escondas tu rostro a tu siervo:
estoy en peligro, respóndeme enseguida.
Acércate a mí, rescátame,
líbrame de mis enemigos:
estás viendo mi afrenta,
mi vergüenza y mi deshonra;
a tu vista están los que me acosan.
La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre.

Antífona 3: Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. (T. P. Aleluya).

III

Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias;
le agradará a Dios más que un toro,
más que un novillo con cuernos y pezuñas.
Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas.
El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá,
y las habitarán en posesión.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella.

Versículo

V. En tu resurrección, oh Cristo. Aleluya.
R. El cielo y la tierra se alegran. Aleluya.

Lecturas

Primera Lectura

De los Hechos de los apóstoles 28, 1-14

VIAJE DE PABLO DESDE MALTA A ROMA

En aquellos días, una vez a salvo, nos enteramos de que la isla se llamaba Malta. Los
indígenas nos mostraron una bondad poco común; encendieron una gran hoguera y nos
recibieron benignamente a todos, protegiéndonos contra la lluvia que caía y el frío. Pablo
recogió un montón de leña y, al echarla al fuego, una víbora, a la que el calor hizo salir
fuera, hizo presa en su mano. Cuando los indígenas vieron el reptil colgado de su mano,
se dijeron unos a otros: «Seguro que este hombre es un asesino. Ha escapado del mar,
pero la justicia divina no le deja vivir.»
Pero Pablo sacudió el reptil sobre el fuego sin recibir daño alguno, cuando ellos
esperaban que se iba a hinchar en seguida o que caería muerto de repente. Después que
estuvieron bastante tiempo a la expectativa, viendo que nada anormal le sucedía,
cambiaron de parecer y empezaron a decir que era un dios.
En aquellos alrededores había una finca que pertenecía al principal de la isla, llamado
Publio; éste nos acogió en su casa y nos hospedó amigablemente durante tres días. El
padre de Publio estaba enfermo en cama atacado por la fiebre y por la disentería. Entró
Pablo a visitarlo y, después de hacer oración, le impuso las manos y lo curó. Ante este
acontecimiento, los demás enfermos de la isla venían y recobraban la salud. Ellos, por su
parte, nos colmaron de honores y, cuando partimos, nos proveyeron de todo lo necesario.
Después de pasados tres meses, zarpamos en una nave alejandrina que había
invernado en la isla y que llevaba por insignia a Cástor y Pólux. Hicimos escala en
Siracusa, donde permanecimos tres días. De allí, bordeando la costa, dimos vista a Regio;
al día siguiente comenzó a soplar el viento sur, y, al cabo de dos días, llegamos a Pozzuoli.
Allí encontramos algunos hermanos, que nos invitaron a quedarnos con ellos siete días. Y
así llegamos a Roma.

Responsorio Mc 16, 15. 16. 17. 18

R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio. * El que crea y se bautice se salvará.
Aleluya.

V. Invocando mi nombre, arrojarán los demonios, hablarán distintas lenguas y capturarán
serpientes con sus manos.
R. El que crea y se bautice se salvará. Aleluya.

Segunda Lectura

Del tratado de san Hilario, obispo, sobre la Trinidad
(Libro 2,1, 33. 35: PL 10, 50-51. 73-75)

EL DON DEL PADRE EN CRISTO

El Señor mandó bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, esto
es, en la profesión de fe en el Creador, en el Hijo único y en el que es llamado Don.
Uno solo es el Creador de todo, ya que uno solo es Dios Padre, de quien procede todo;
y uno solo el Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, por quien ha sido hecho todo; y uno
solo el Espíritu, que a todos nos ha sido dado.
Todo, pues, se halla ordenado según la propia virtud y operación: un Poder del cual
procede todo, un Hijo por quien existe todo, un Don que es garantía de nuestra esperanza
consumada. Ninguna falta se halla en semejante perfección; dentro de ella, en el Padre y
el Hijo y el Espíritu Santo, se halla lo infinito en lo eterno, la figura en la imagen, la
fruición en el don.
Escuchemos las palabras del Señor en persona, que nos describe cuál es la acción
específica del Espíritu en nosotros; dice, en efecto: Muchas cosas me quedan por deciros,
pero no podéis cargar con ellas por ahora. Os conviene, por tanto, que yo me vaya,
porque, si me voy, os enviaré al Defensor.
Y también: Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor, que esté siempre convosotros, el Espíritu de la verdad. Él os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no
será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará,
porque recibirá de mí.
Esta pluralidad de afirmaciones tiene por objeto darnos una mayor comprensión, ya
que en ellas se nos explica cuál sea la voluntad del que nos otorga su Don, y cuál la
naturaleza de este mismo Don: pues, ya que la debilidad de nuestra razón nos hace
incapaces de conocer al Padre y al Hijo y nos dificulta el creer en la encarnación de Dios,
el Don que es el Espíritu Santo, con su luz, nos ayuda a penetrar en estas verdades.
Al recibirlo, pues, se nos da un conocimiento más profundo. Porque, del mismo modo
que nuestro cuerpo natural, cuando se ve privado de los estímulos adecuados, permanece
inactivo (por ejemplo, los ojos, privados de luz, los oídos, cuando falta el sonido, y el
olfato, cuando no hay ningún olor, no ejercen su función propia, no por que dejen de
existir por la falta de estímulo, sino porque necesitan este estímulo para actuar), así
también nuestra alma, si no recibe por la fe el Don que es el Espíritu, tendrá ciertamente
una naturaleza capaz de entender a Dios, pero le faltará la luz para llegar a ese
conocimiento. El Don de Cristo está todo entero a nuestra disposición y se halla en todas
partes, pero se da a proporción del deseo y de los méritos de cada uno. Este Don está con
nosotros hasta el fin del mundo; él es nuestro solaz en este tiempo de expectación.

Responsorio Cf. Jn 14, 1; 17, 9; 16, 7

R. Ya es tiempo de que yo vuelva al que me envió —dice el Señor—; no os entristezcáis ni
dejéis que se aflija vuestro corazón; * ruego al Padre por vosotros para que él os cuide.
Aleluya.
V. Si no me voy, el Abogado no vendrá a vosotros; pero, si me voy, os lo enviaré.
R. Ruego al Padre por vosotros para que él os cuide. Aleluya.

Oración

Oremos:

Oh Dios, que por la glorificación de tu Hijo Jesucristo y la venida del Espíritu Santo nos
has abierto las puertas de tu reino, haz que la recepción de dones tan grandes nos mueva

a dedicarnos con mayor empeño a tu servicio y a vivir con mayor plenitud las riquezas de
nuestra fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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