Oficio de Lectura - VIERNES XXX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2020

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, viernes, 30 de octubre de 2020.

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: El Señor es bueno, bendecid su nombre.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

¡Qué hermosos son los pies
del que anuncia la paz a sus hermanos!
¡Y qué hermosas las manos
maduras en el surco y en la mies!
Grita lleno de gozo,
pregonero, que traes noticias buenas:
se rompen las cadenas,
y el sol de Cristo brilla esplendoroso.
Grita sin miedo, grita,
y denuncia a mi pueblo sus pecados;
vivimos engañados,
pues la belleza humana se marchita.
Toda yerba es fugaz,
la flor del campo pierde sus colores;
levanta sin temores,
pregonero, tu voz dulce y tenaz.
Si dejas los pedazos
de tu alma enamorada en el sendero,
¡qué dulces, mensajero,
qué hermosos, qué divinos son tus pasos! Amén.

Salmodia

Antífona 1: Señor, no me castigues con cólera.

Salmo 37

SEÑOR, NO ME CORRIJAS CON IRA

Todos sus conocidos se mantenían a distancia (Lc 23, 49).

I

Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con cólera;
tus flechas se me han clavado,
tu mano pesa sobre mí;
no hay parte ilesa en mi carne
a causa de tu furor,
no tienen descanso mis huesos
a causa de mis pecados;
mis culpas sobrepasan mi cabeza,
son un peso superior a mis fuerzas.

Antífona 2: Señor, todas mis ansias están en tu presencia. (T. P. Aleluya).

II

Mis llagas están podridas y supuran
por causa de mi insensatez;
voy encorvado y encogido,
todo el día camino sombrío.
Tengo las espaldas ardiendo,
no hay parte ilesa en mi carne;
estoy agotado, deshecho del todo;
rujo con más fuerza que un león.
Señor mío,
todas mis ansias están en tu presencia,
no se te ocultan mis gemidos;
siento palpitar mi corazón,
me abandonan las fuerzas,
y me falta hasta la luz de los ojos.
Mis amigos y compañeros
se alejan de mí,
mis parientes se quedan a distancia;
me tienden lazos
los que atentan contra mí,
los que desean mi daño
me amenazan de muerte,
todo el día murmuran traiciones.

Antífona 3: Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío. (T. P. Aleluya).

III

Pero yo, como un sordo, no oigo;
como un mudo no abro la boca;
soy como uno que no oye
y no puede replicar.
En ti, Señor, espero,
y tú me escucharás, Señor, Dios mío;
esto pido:
que no se alegren por mi causa,
que, cuando resbale mi pie,
no canten triunfo.
Porque yo estoy a punto de caer,
y mi pena no se aparta de mí:
yo confieso mi culpa,
me aflige mi pecado.
Mis enemigos mortales son poderosos,
son muchos
los que me aborrecen sin razón,
los que me pagan males por bienes,
los que me atacan
cuando procuro el bien.
No me abandones, Señor;
Dios mío, no te quedes lejos;
ven aprisa a socorrerme,
Señor mío, mi salvación.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro de la Sabiduría 6, 1-27

LA SABIDURÍA ES DIGNA DE SER AMADA

La sabiduría es mejor que la fuerza, y el hombre prudente mejor que el poderoso.
Escuchad, pues, reyes, y entended. Aprended, los que regís los destinos de la tierra.
Estad atentos, los que gobernáis multitudes y estáis orgullosos de la muchedumbre de
vuestros pueblos. Porque del Señor habéis recibido el poder, del Altísimo la soberanía; él
examinará vuestras obras y sondeará vuestras intenciones.
Si, como ministros que sois de su reino, no habéis gobernado rectamente ni guardado
la ley ni caminado siguiendo la voluntad de Dios, terrible y repentino caerá sobre vosotros.
Porque un juicio severo les espera a los que mandan; al pequeño, por piedad, se le
perdona, pero los poderosos serán poderosamente castigados. Que el Señor de todos ante
nadie retrocede, no hay grandeza que se le imponga; al pequeño como al grande él
mismo los hizo y de todos tiene igual cuidado, pero un examen severo espera a los que
están en el poder. A vosotros, pues, soberanos, se dirigen mis palabras para que aprendáis
sabiduría y no caigáis; porque los que guardaren santamente las cosas santas serán
reconocidos santos, y los que se dejaren instruir en ellas encontrarán defensa. Desead,
pues, mis palabras; ansiadlas, que ellas os instruirán.
Radiante es la sabiduría, jamás pierde su brillo. Fácilmente la contemplan los que la
aman y la encuentran los que la buscan. Se anticipa a darse a conocer a los que la
anhelan. Quien por ella madrugare no se fatigará, que a su puerta la encontrará sentada.
Pensar en ella es la perfección de la prudencia, y quien por ella se desvelare pronto se
verá sin cuidados. Ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de ella,
se les muestra benévola en los caminos y les sale al encuentro en todos sus
pensamientos. Porque su comienzo el más seguro, es el deseo de instruirse, procurar
instruirse es amarla, amarla es guardar sus leyes, atender a sus leyes es asegurarse la
incorruptibilidad, y la incorruptibilidad hace estar cerca de Dios; por tanto, el deseo de la
sabiduría conduce a la realeza. Si, pues, gustáis de tronos y cetros, soberanos de los
pueblos, apreciad la sabiduría para que reinéis eternamente.
Qué es la sabiduría y cómo nace lo voy a declarar; no os ocultaré sus secretos. Seguiré
sus huellas desde los orígenes, pondré su conocimiento al descubierto y no me apartaré
de la verdad. Tampoco me acompañará en mi camino la envidia mezquina, que nada tiene
que ver con la sabiduría. Pues la abundancia de sabios es la salvación del mundo, y un rey
prudente el bienestar de su pueblo. Dejaos, pues, instruir por mis palabras: os serán muy
útiles.

Responsorio Sb 7, 13. 14; 3, 11; 7, 28

R. Aprendí la sabiduría sin malicia y la reparto sin envidia; *porque es un tesoro
inagotable para los hombres.
V. Infelices los que desprecian la sabiduría y la instrucción, pues Dios no ama sino a quien
vive con la sabiduría.
R. Porque es un tesoro inagotable para los hombres.

Segunda Lectura


De los tratados de Balduino de Cantorbery, obispo
(Tratado 6: PL 204, 451-453)

LA PALABRA DE DIOS ES VIVA Y EFICAZ

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo. Los que
buscan a Cristo, palabra, fuerza y sabiduría de Dios, descubren por esta expresión de la
Escritura toda la grandeza, fuerza y sabiduría de aquel que es la verdadera palabra de
Dios y que existía ya antes del comienzo de los tiempos y, junto al Padre, participaba de
su misma eternidad. Cuando llegó el tiempo oportuno, esta palabra fue revelada a los
apóstoles, por ellos el mundo la conoció, y el pueblo de los creyentes la recibió con
humildad. Esta palabra existe, por tanto, en el seno del Padre, en la predicación de
quienes la proclaman y en el corazón de quienes la aceptan.
Esta palabra de Dios es viva, ya que el Padre le ha concedido poseer la vida en sí
misma, como el mismo Padre posee la vida en sí mismo. Por lo cual, hay que decir que
esta palabra no sólo es viva, sino que es la misma vida, como afirma el propio Señor,
cuando dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Precisamente porque esta palabra es
la vida, es también viva y vivificante; por esta razón, está escrito: Lo mismo que el Padre
resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Es
vivificante cuando llama a Lázaro del sepulcro, diciendo al que estaba muerto: Lázaro, ven
afuera.
Cuando esta palabra es proclamada, la voz del predicador resuena exteriormente, pero
su fuerza es percibida interiormente y hace revivir a los mismos muertos, y su sonido
engendra para la fe nuevos hijos de Abrahán. Es, pues, viva esta palabra en el corazón del
Padre, viva en los labios del predicador, viva en el corazón del que cree y ama. Y, si de tal
manera es viva, es también, sin duda, eficaz.
Es eficaz en la creación del mundo, eficaz en el gobierno del universo, eficaz en la
redención de los hombres. ¿Qué otra cosa podríamos encontrar más eficaz y más
poderosa que esta palabra? ¿Quién podrá contar las hazañas de Dios, pregonar toda su
alabanza? Esta palabra es eficaz cuando actúa y eficaz cuando es proclamada; jamás
vuelve vacía, sino que siempre produce fruto cuando es enviada.
Es eficaz y más tajante que espada de doble filo para quienes creen en ella y la aman.
¿Qué hay, en efecto, imposible para el que cree o difícil para el que ama? Cuando esta
palabra resuena, penetra en el corazón del creyente como si se tratara de flechas de
arquero afiladas; y lo penetra tan profundamente que atraviesa hasta lo más recóndito del
espíritu; por ello se dice que es más tajante que una espada de doble filo, más incisiva
que todo poder o fuerza, más sutil que toda agudeza humana, más penetrante que toda la
sabiduría y todas las palabras de los doctos.

Responsorio Sir 1, 5. 16

R. La fuente de la sabiduría es la palabra de Dios en el cielo, * y sus canales son los
mandamientos eternos.
V. El principio de la sabiduría es el temor del Señor.
R. Y sus canales son los mandamientos eternos.

Oración

Oremos:

Dios todopoderoso y eterno, aumenta en nosotros la fe, la esperanza y la caridad, y
para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor Jesucristo
, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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