Oficio de Lectura - MARTES XIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, martes, 30 de junio de 2026. Otras celebraciones del día: SANTOS PROTOMÁRTIRES DE LA SANTA IGLESIA ROMANA .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Alabemos a Dios que, en su Palabra,
nos revela el designio salvador,
y digamos en súplica confiada:
«Renuévame por dentro, mi Señor.»
No cerremos el alma a su llamada
ni dejemos que arraigue el desamor;
aunque dura es la lucha, su palabra
será bálsamo suave en el dolor.
Caminemos los días de esta vida
como tiempo de Dios y de oración;
él es fiel a la alianza prometida:
«Si eres mi pueblo, yo seré tu Dios.»
Tú dijiste, Jesús, que eras camino
para llegar al Padre sin temor;
concédenos la gracia de tu Espíritu
que nos lleve al encuentro del Señor. Amén.

Salmodia

Antífona 1: El Señor hará justicia a los pobres. (T. P. Aleluya).

Salmo 9 B

CANTO DE ACCIÓN DE GRACIAS

Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios (Lc 6, 20).

I

¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te escondes en el momento del aprieto?
La soberbia del impío oprime al infeliz
y lo enreda en las intrigas que ha tramado.
El malvado se gloría de su ambición,
el codicioso blasfema y desprecia al Señor.
El malvado dice con insolencia:
«No hay Dios que me pida cuentas.»
La intriga vicia siempre su conducta,
aleja de su mente tus juicios
y desafía a sus rivales.
Piensa: «No vacilaré,
nunca jamás seré desgraciado.»
Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de fraudes;
su lengua encubre maldad y opresión;
en el zaguán se sienta al acecho
para matar a escondidas al inocente.
Sus ojos espían al pobre;
acecha en su escondrijo como león en su guarida,
acecha al desgraciado para robarle,
arrastrándolo a sus redes;
se agacha y se encoge
y con violencia cae sobre el indefenso.
Piensa: «Dios lo olvida,
se tapa la cara para no enterarse.»

Antífona 2: Tú, Señor, ves las penas y los trabajos. (T. P. Aleluya).

II

Levántate, Señor, extiende tu mano,
no te olvides de los humildes;
¿por qué ha de despreciar a Dios el malvado,
pensando que no le pedirá cuentas?
Pero tú ves las penas y los trabajos,
tú miras y los tomas en tus manos.
A ti se encomienda el pobre,
tú socorres al huérfano.
Rómpele el brazo al malvado,
pídele cuentas de su maldad, y que desaparezca.
El Señor reinará eternamente
y los gentiles desaparecerán de su tierra.
Señor, tú escuchas los deseos de los humildes,
les prestas oído y los animas;
tú defiendes al huérfano y al desvalido:
que el hombre hecho de tierra
no vuelva a sembrar su terror.

Antífona 3: Las palabras del Señor son palabras auténticas, como plata refinada siete veces. (T. P. Aleluya).

Salmo 11

INVOCACIÓN A LA FIDELIDAD DE DIOS CONTRA LOS ENEMIGOS MENTIROSOS

Porque éramos pobres, el Padre nos ha mandado a su Hijo (San Agustín).

Sálvanos, Señor, que se acaban los buenos,
que desaparece la lealtad entre los hombres:
no hacen más que mentir a su prójimo,
hablan con labios embusteros
y con doblez de corazón.
Extirpe el Señor los labios embusteros
y la lengua fanfarrona
de los que dicen: "la lengua es nuestra fuerza,
nuestros labios nos defienden,
¿quién será nuestro acusador?"
El Señor responde: "por la opresión del humilde,
por el gemido del pobre,
yo me levantaré,
y pondré a salvo al que lo ansía".
Las palabras del Señor son palabras auténticas,
como plata limpia de ganga,
refinada siete veces.
Tú nos guardarás, Señor,
nos librarás para siempre de esa gente:
de los malvados que merodean
para chupar como sanguijuelas sangre humana.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro de Nehemías 8, 1-18

ESDRAS LEE, POR PRIMERA VEZ Y DE MODO SOLEMNE LA LEY AL PUEBLO

Al llegar el séptimo mes, los israelitas se encontraban instalados en sus ciudades.
Entonces, todo el pueblo se reunió, como un solo hombre, en la plaza que se abre ante la
puerta del Agua, y pidió a Esdras, el letrado, que trajera el libro de la ley de Moisés, que
Dios había dado a Israel. El sacerdote Esdras trajo el libro de la ley ante la asamblea,
compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era a mediados del
mes séptimo.
En la plaza de la puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo
el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía
con atención la lectura de la ley. Esdras, el letrado, estaba de pie en el púlpito de madera
que había hecho para esta ocasión. A su derecha se encontraban Matitías, Sema, Anayas,
Urías, Jelcías y Maseyas; a su izquierda, Fedayas, Misael, Malquías, Jasún, Jasbadana,
Zacarías y Mesulán.
Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado-
y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y
todo el pueblo, levantando las manos, respondió:
«Amén, amén.»
Después, se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra. Los levitas Josué, Baní,
Serebías, Yamín, Acub, Sabtay, Hodiyías, Maseyas, Quelítá, Azarías, Yozabad, Janán y
Felayas explicaron la ley al pueblo, que se mantenía en sus puestos. Leían el libro de la ley
de Dios, traduciéndolo y explicándolo para que se entendiese la lectura. El gobernador

Nehemías, el sacerdote y letrado Esdras y los levitas que instruían al pueblo, viendo que la
gente lloraba al escuchar la lectura de la ley, le dijeron:
«Este día está consagrado al Señor, vuestro Dios; no hagáis duelo ni lloréis.»
Después añadió:
«Id a casa, comed buenas tajadas, bebed vinos generosos y enviad porciones a los que
no tienen nada, porque hoy es día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes: la alegría
del Señor es vuestra fortaleza.»
Los levitas acallaban al pueblo, diciendo:
«Silencio, que es un día santo; no estéis tristes.»
El pueblo se fue, comió, bebió, envió porciones y organizó una gran fiesta, porque
había comprendido lo que le habían explicado. Al día siguiente, los cabezas de familia de
todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron con el letrado Esdras para estudiar
el libro de la ley. En la ley que había mandado el Señor por medio de Moisés encontraron
escrito: «Los israelitas habitarán en chozas durante la fiesta del séptimo mes.»
Entonces, pregonaron en todos sus pueblos y en Jerusalén:
«Id al monte y traed ramas de olivo, pino, mirto palmera y de otros árboles frondosos
para construir las chozas, como está mandado.»
La gente fue, las trajo e hicieron las chozas; unos en la azotea, otros en sus patios, en
los patios del templo, en la plaza de la puerta del Agua y en la plaza de la puerta de
Efraín. Toda la asamblea que había vuelto del destierro hizo chozas, habitaron en ellas cosa
que no hacían los israelitas desde tiempos de Josué, hijo de Nun-y hubo una gran
fiesta. Todos los días, del primero al último, leyó Esdras el libro de la ley de Dios. La fiesta
duró siete días, y el octavo tuvo lugar una asamblea solemne, como está mandado.

Responsorio Sal 18, 8-9; Rm 13, 8. 10

R. La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e
instruye al ignorante; * los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma
del Señor es límpida y da luz a los ojos.
V. Quien ama al prójimo ya ha cumplido la ley; así que amar es cumplir la ley entera.
R. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.

Segunda Lectura

De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 47, Sobre las ovejas, 12-14: CCL 41, 582-584)

SI BUSCARE AGRADAR A LOS HOMBRES, NO SERÍA SIERVO DE CRISTO

Si de algo podemos preciarnos es del testimonio de nuestra conciencia. Hay hombres
que juzgan temerariamente, que son detractores, chismosos, murmuradores, que se
empeñan en sospechar lo que no ven, que se empeñan incluso en pregonar lo que ni
sospechan; contra esos tales, ¿qué recurso queda sino el testimonio de nuestra
conciencia? Y ni aun en aquellos a los que buscamos agradar, hermanos, buscamos
nuestra propia gloria, o al menos no debemos buscarla, sino más bien su salvación, de
modo que, siguiendo nuestro ejemplo, si es que nos comportamos rectamente, no se
desvíen. Que sean imitadores nuestros, si nosotros lo somos de Cristo; y, si nosotros no
somos imitadores de Cristo, que tomen al mismo Cristo por modelo. Él es, en efecto, quien
apacienta su rebaño, él es el único pastor que lo apacienta por medio de los demás
buenos pastores, que lo hacen por delegación suya.
Por tanto, cuando buscamos agradar a los hombres, no buscamos nuestro propio
provecho, sino el gozo de los demás, y nosotros nos gozamos de que les agrade lo que es

bueno, por el provecho que a ellos les reporta, no por el honor que ello nos reporta a
nosotros. Está bien claro contra quiénes dijo el Apóstol: Si siguiera todavía agradando a
los hombres, no seria siervo de Cristo. Como también está claro a quiénes se refería al
decir: Procurad contentar en todo a todos, como yo, por mi parte, procuro contentar en
todo a todos. Ambas afirmaciones son límpidas, claras y transparentes. Tú limítate a pacer
y beber, sin pisotear ni enturbiar.
Conocemos también aquellas palabras del Señor Jesucristo, maestro de los apóstoles:
Alumbre vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a
vuestro Padre que está en el cielo, esto es, al que os ha hecho tales. Nosotros somos su
pueblo, el rebaño que él guía. Por lo tanto, él ha de ser alabado, ya que él es de quien
procede la bondad que pueda haber en ti, y no tú, ya que de ti mismo no puede proceder
más que maldad. Sería contradecir a la verdad si quisieras ser tú alabado cuando haces
algo bueno, y que el Señor fuera vituperado cuando haces algo malo.
El mismo que dijo: Alumbre vuestra luz a los hombres, dijo también en la misma
ocasión: Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres. Y, del mismo
modo que estas palabras te parecían contradictorias en boca del Apóstol, así también en el
Evangelio. Pero si no enturbias el agua de tu corazón, también en ellas reconocerás la paz
de las Escrituras, y participarás tú también de su misma paz.
Procuremos, pues, hermanos, no sólo vivir rectamente, sino también obrar con rectitud
delante de los hombres, y no sólo preocuparnos de tener la conciencia tranquila, sino
también, en cuanto lo permita nuestra debilidad y la vigilancia de nuestra fragilidad
humana, procuremos no hacer nada que pueda hacer sospechar mal a nuestro hermano
más débil, no sea que, comiendo hierba limpia y bebiendo un agua pura, pisoteemos los
pastos de Dios, y las ovejas más débiles tengan que comer una hierba pisoteada y beber
un agua enturbiada.

Responsorio Flp 2, 2. 34; 1 Ts 5, 14. 15

R. Dadme esta gran alegría: Manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un
mismo sentir; dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás.
* No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.
V. Sostened a los débiles, tened paciencia con todos; procurad siempre el bien entre
vosotros y para con todos.
R. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.

Oración

Oremos:

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz;
concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de
la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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