Oficio de Lectura - JUEVES XXI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, jueves, 27 de agosto de 2026. Otras celebraciones del día: SANTA MÓNICA .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Con gozo el corazón cante la vida,
presencia y maravilla del Señor,
de luz y de color bella armonía,
sinfónica cadencia de su amor.
Palabra esplendorosa de su Verbo,
cascada luminosa de verdad,
que fluye en todo ser que en él fue hecho
imagen de su ser y de su amor.
La fe cante al Señor, y su alabanza,
palabra mensajera del amor,
responda con ternura a su llamada
en himno agradecido a su gran don.
Dejemos que su amor nos llene el alma
en íntimo diálogo con Dios,
en puras claridades cara a cara,
bañadas por los rayos de su sol.
Al Padre subirá nuestra alabanza
por Cristo, nuestro vivo intercesor,
en alas de su Espíritu que inflama
en todo corazón su gran amor. Amén.

Salmodia

Antífona 1: La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen. (T. P. Aleluya).

Salmo 17, 31-51

EL SEÑOR REVELA SU PODER SALVADOR

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (Rom 8, 31)

IV

Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del Señor;
él es escudo para los que a él se acogen.
¿Quién es dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro Dios?
Dios me ciñe de valor
y me enseña un camino perfecto.
Él me da pies de ciervo,
y me coloca en las alturas;
él adiestra mis manos para la guerra,
y mis brazos para tensar la ballesta.

Antífona 2: Tu diestra, Señor, me sostuvo. (T. P. Aleluya).

V

Me dejaste tu escudo protector,
tu diestra me sostuvo,
multiplicaste tus cuidados conmigo.
Ensanchaste el camino a mis pasos,
y no flaquearon mis tobillos;
yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo,
y no me volvía sin haberlo aniquilado:
los derroté, y no pudieron rehacerse,
cayeron bajo mis pies.
Me ceñiste de valor para la lucha,
doblegaste a los que me resistían;
hiciste volver la espalda a mis enemigos,
rechazaste a mis adversarios.
Pedían auxilio, pero nadie los salvaba;
gritaban al Señor, pero no les respondía.
Los reduje a polvo, que arrebata el viento;
los pisoteaba como barro de las calles.
Me libraste de las contiendas de mi pueblo,
me hiciste cabeza de naciones,
un pueblo extraño fue mi vasallo.
Los extranjeros me adulaban,
me escuchaban y me obedecían.
Los extranjeros palidecían
y salían temblando de sus baluartes.

Antífona 3: Viva el Señor, bendito sea mi Dios y Salvador. (T. P. Aleluya).

VI

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador:
el Dios que me dio el desquite
y me sometió los pueblos;
que me libró de mis enemigos,
me levantó sobre los que resistían
y me salvó del hombre cruel.
Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en honor de tu nombre:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre.

Lecturas

Primera Lectura

De la primera carta a Timoteo 2, 1-15

EXHORTACIÓN A HACER PLEGARIAS UNIVERSALES

Hijo mío, Timoteo: Te recomiendo ante todo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas
y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en
dignidad, para que gocemos de una vida tranquila y sosegada, en el temor de Dios y con
dignidad humana.
Esto es hermoso y grato a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los
hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios,
y único es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, el cualse entregó a sí mismo como precio de rescate por todos. Éste es el testimonio que nos ha
dado Dios a su tiempo* y para su promulgación me ha constituido mensajero y apóstol digo
la verdad, no miento-y maestro de los gentiles en la fe y en la verdad.
Así, pues, quiero que los hombres oren en todo lugar levantando al cielo las manos
purificadas, limpias de ira y de altercados. Asimismo, que las mujeres se presenten en la
asamblea con traje decoroso, arregladas con recato y sobriedad, sin peinados
complicados, ni oro, ni joyas, ni suntuosos vestidos. Su ornato deben ser las buenas obras,
como conviene a mujeres que hacen profesión de religiosidad. Durante la instrucción, las
mujeres guarden silencio en actitud sumisa. No consiento que la mujer enseñe ni ejerza
autoridad sobre el hombre; debe mantenerse en silencio. Fue Adán primero en ser creado,
después Eva. Y no fue Adán el seducido, sino Eva, que una vez seducida incurrió en la
transgresión. Pero la mujer se salvará por el cumplimiento de sus deberes maternales, si
persevera en la fe, en el amor y en la santidad.

Responsorio 1Tm 2, 5-6; Hb 2, 17


R. Hay un solo Dios, y único es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús,
hombre también él, * el cual se entregó a sí mismo como precio de rescate por todos.
V. Por eso debía ser semejante en todo a sus hermanos, para poderse apiadar de ellos.
R. El cual se entregó a sí mismo como precio de rescate por todos.

Segunda Lectura

De las instrucciones de san Columbano, abad
(Instrucción 13, Sobre Cristo, fuente de vida, 2-3: Opera, Dublín 1957, pp. 118-120)

TÚ, SEÑOR, ERES TODO LO NUESTRO

Hermanos, seamos fieles a nuestra vocación. A través de ella nos llama a la fuente de
la vida aquel que es la vida misma, que es fuente de agua viva y fuente de vida eterna,
fuente de luz y fuente de resplandor, ya que de él procede todo esto: sabiduría y vida, luz
eterna. El autor de la vida es fuente de vida, el creador de la luz es fuente de resplandor.
Por eso, dejando a un lado lo visible y prescindiendo de las cosas de este mundo,
busquemos en lo más alto del cielo la fuente de la luz, la fuente de la vida, la fuente de
agua viva, como si fuéramos peces inteligentes y que saben discurrir; allí podremos beber
el agua viva que salta hasta la vida eterna.
Dios misericordioso, piadoso Señor, haznos dignos de llegar a esa fuente. En ella podré
beber también yo, con los que tienen sed de ti, un caudal vivo de la fuente viva de agua
viva. Si llegara a deleitarme con la abundancia de su dulzura, lograría levantar siempre mi
espíritu para agarrarme a ella y podría decir: "¡Qué grata resulta una fuente de agua viva
de la que siempre mana agua que salta hasta la vida eterna!"
Señor, tú mismo eres esa fuente que hemos de anhelar cada vez más, aunque no
cesemos de beber de ella. Cristo Señor, danos siempre esa agua, para que haya también
en nosotros un surtidor de agua viva que salta hasta la vida eterna. Es verdad que pido
grandes cosas, ¿quién lo puede ignorar? Pero tú eres el rey de la gloria y sabes dar cosas
excelentes, y tus promesas son magníficas. No hay ser que te aventaje. Y te diste a
nosotros. Y te diste por nosotros.
Por eso, te pedimos que vayamos ahondando en el conocimiento de lo que tiene que
constituir nuestro amor. No pedimos que nos des cosa distinta de ti. Porque tú eres todo lo
nuestro: nuestra vida, nuestra luz, nuestra salvación, nuestro alimento, nuestra bebida,
nuestro Dios. Infunde en nuestros corazones, Jesús querido, el soplo de tu Espíritu e
inflama nuestras almas en tu amor, de modo que cada uno de nosotros pueda decir con
verdad: "Muéstrame al amado de mi alma, porque estoy herido de amor".
Que no falten en mí esas heridas, Señor. Dichosa el alma que está así herida de amor.
Ésa va en busca de la fuente. Ésa va a beber. Y, por más que bebe, siempre tiene sed.
Siempre sorbe con ansia, porque siempre bebe con sed. Y, así, siempre va buscando con
amor, porque halla la salud en las mismas heridas. Que se digne dejar impresas en lo más
íntimo de nuestras almas esas saludables heridas el compasivo y bienhechor médico de
nuestras almas, nuestro Dios y Señor Jesucristo, que es uno con el Padre y el Espíritu
Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Responsorio Jn 4, 13-15

R. El que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed; *el agua que yo le dé se
convertirá en él en manantial, cuyas aguas brotan para comunicar vida eterna.
V. Señor, dame de ese agua, para que no sienta ya más sed.
R. El agua que yo le dé se convertirá en él en manantial, cuyas aguas brotan para
comunicar vida eterna.

Oración

Oremos:

Oh Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, inspira a tu pueblo el
amor a tus preceptos y esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes
del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por nuestro Señor Jesucristo
, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

Apps - Android - iPhone - iPad