Oficio de Lectura - LUNES IV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, lunes, 2 de febrero de 2026.

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Aclamemos al Señor con cantos.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

En el principio, tu Palabra.
Antes que el sol ardiera,
antes del mar y las montañas,
antes de las constelaciones,
nos amó tu Palabra.
Desde tu seno, Padre,
era sonrisa su mirada,
era ternura su sonrisa,
era calor de brasa.
En el principio, tu Palabra.
Todo se hizo de nuevo,
todo salió sin mancha,
desde el arrullo del río
hasta el rocío y la escarcha;
nuevo el canto de los pájaros,
porque habló tu Palabra.
Y nos sigues hablando todo el día,
aunque matemos la mañana
y desperdiciemos la tarde,
y asesinemos la alborada.
Como una espada de fuego,
en el principio, tu Palabra.
Llénanos de tu presencia, Padre;
Espíritu, satúranos de tu fragancia;
danos palabras para responderte,
Hijo, eterna Palabra. Amén.

Salmodia

Antífona 1: ¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! (T. P. Aleluya).

Salmo 72

POR QUÉ SUFRE EL JUSTO

¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí! (Mt 11, 6).

I

¡Qué bueno es Dios para el justo,
el Señor para los limpios de corazón!
Pero yo por poco doy un mal paso,
casi resbalaron mis pisadas:
porque envidiaba a los perversos,
viendo prosperar a los malvados.
Para ellos no hay sinsabores,
están sanos y orondos;
no pasan las fatigas humanas,
ni sufren como los demás.
Por eso su collar es el orgullo,
y los cubre un vestido de violencia;
de las carnes les rezuma la maldad,
el corazón les rebosa de malas ideas.
Insultan y hablan mal,
y desde lo alto amenazan con la opresión.
Su boca se atreve con el cielo.
Y su lengua recorre la tierra.
Por eso mi pueblo se vuelve a ellos
y se bebe sus palabras.
Ellos dicen: "¿Es que Dios lo va a saber,
se va a enterar el Altísimo?"
Así son los malvados:
siempre seguros, acumulan riquezas.

Antífona 2: Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.

II

Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón
y he lavado en la inocencia mis manos?
¿Para qué aguanto yo todo el día
y me corrijo cada mañana?
Si yo dijera: "Voy a hablar con ellos",
renegaría de la estirpe de tus hijos.
Meditaba yo para entenderlo,
pero me resultaba muy difícil;
hasta que entré en el misterio de Dios,
y comprendí el destino de ellos.
Es verdad: los pones en el resbaladero,
los precipitas en la ruina;
en un momento causan horror,
y acaban consumidos de espanto.
Como un sueño al despertar, Señor,
al despertarte desprecias sus sombras.

Antífona 3: Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. (T. P. Aleluya).

III

Cuando mi corazón se agriaba
y me punzaba mi interior,
yo era un necio y un ignorante,
yo era un animal ante ti.
Pero yo siempre estaré contigo,
tú agarras mi mano derecha,
me guías según tus planes,
y me llevas a un destino glorioso.
¿No te tengo a ti en el cielo?
Y contigo, ¿qué me importa la tierra?
Se consumen mi corazón y mi carne
por Dios, mi lote perpetuo.
Sí: los que se alejan de ti se pierden;
tú destruyes a los que te son infieles.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios,
hacer del Señor mi refugio,
y contar todas tus acciones
en las puertas de Sión.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro del Génesis 27, 30-45

JACOB SUPLANTA A ESAÚ

En aquellos días, apenas terminó Isaac de bendecir a Jacob, mientras salía Jacob de la
presencia de su padre Isaac, su hermano Esaú volvía de cazar. También él preparó un
guiso sabroso, y se lo llevó a su padre, y le dijo:
«Padre, incorpórate y come de la caza de tu hijo, y después me bendecirás tú.»
Le preguntó Isaac, su padre:
«¿Quién eres tú?»
Respondió él:
«Soy Esaú, tu hijo primogénito.»
Isaac quedó aterrorizado en extremo, y preguntó:
«Entonces, ¿quién es el que ha venido y me ha traído la caza? Yo la he comido antes de
que tú llegaras, lo he bendecido, y quedará bendito.»
Cuando oyó Esaú las palabras de su padre, dio un grito atroz, y, amargado en extremo,
dijo a su padre:
«Bendíceme a mí también, padre.»
Dijo Isaac:
«Tu hermano ha hecho trampa, y se ha llevado la bendición.»
Respondió Esaú:
«Con razón se llama Jacob: ya es la segunda vez que me echa la zancadilla; primero
me quitó mi privilegio de primogénito, y ahora me ha quitado mi bendición.»
Y añadió:
«¿No te queda otra bendición para mí?»
Respondió Isaac a Esaú:
«Lo he nombrado señor tuyo, y he declarado a sus hermanos siervos suyos; le he
concedido el trigo y el vino; ¿qué puedo ya hacer por ti, hijo mío?»
Respondió Esaú:
«¿Es que sólo tienes una bendición? Bendíceme también a mí, padre mío.»
Esaú rompió a llorar a gritos. Isaac, su padre, conmovido, le dijo:
«En tierra estéril, sin rocío del cielo, tendrás tu morada. Vivirás de la espada y servirás
a tu hermano. Y, cuando te rebeles, sacudirás el yugo de tu cuello.»
Esaú guardaba rencor a Jacob, por la bendición que éste había recibido de su padre, y
se decía:
«Cuando llegue el luto por mi padre, mataré a mi hermano Jacob.»
Le contaron a Rebeca lo que decía su hijo mayor Esaú, y mandó llamar a Jacob, el hijo
menor, y le dijo:
«Esaú, tu hermano, quiere matarte para vengarse. Por tanto, hijo mío, escúchame:
Huye a Harán, a casa de Labán, mi hermano, y quédate con él una temporada, hasta que
se le pase a tu hermano la ira contra ti y se olvide de lo que has hecho. Después, te haré
traer de allí; no quiero verme privada de mis dos hijos en un solo día.»

Responsorio Sb 10, 10

R. La Sabiduría guió al justo por caminos seguros cuando tuvo que huir de la ira de su
hermano, y le descubrió el reino de Dios.
V. Le dio el conocimiento de las cosas santas y éxito en sus trabajos.
R. Y le descubrió el reino de Dios.

Segunda Lectura

De los tratados de san Hilario, obispo, sobre los salmos
(Salmo 132: PLS 1, 244-245)

LA MULTITUD DE LOS CREYENTES NO ERA SINO UN SOLO CORAZÓN Y UNA SOLA ALMA

Ved qué dulzura y qué delicia, convivir los hermanos unidos. Ciertamente, qué dulzura,
qué delicia cuando los hermanos conviven unidos, porque esta convivencia es fruto de la
asamblea eclesial; se los llama hermanos porque la caridad los hace concordes en un solo
querer.
Leemos que, ya desde los orígenes de la predicación apostólica, se observaba esta
norma tan importante: En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo.
Tal, en efecto, debe ser el pueblo de Dios: todos hermanos bajo un mismo Padre, todos
una sola cosa bajo un solo Espíritu, todos concurriendo a una misma casa de oración,
todos miembros de un mismo cuerpo que es único.
Qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos. El salmista añade una
comparación para ilustrar esta dulzura y delicia, diciendo: Es ungüento precioso en la
cabeza, que baja por la barba de Aarón, hasta la franja de su ornamento. El ungüento con
que Aarón fue ungido sacerdote estaba compuesto de substancias olorosas. Plugo a Dios
que así fuese consagrado por primera vez su sacerdote; y también nuestro Señor fue
ungido de manera invisible entre todos sus compañeros. Su unción no fue terrena; no fue
ungido con el aceite con que eran ungidos los reyes, sino con aceite de júbilo. Y hay que
tener en cuenta que, después de aquella unción, Aarón, de acuerdo con la ley, fue llamado
ungido.
Del mismo modo que este ungüento, doquiera que se derrame, extingue los espíritus
inmundos del corazón, así también por la unción de la caridad exhalamos para Dios la
suave fragancia de la concordia, como dice el Apóstol: Somos el buen olor de Cristo. Así,
del mismo modo que Dios halló su complacencia en la unción del primer sacerdote Aarón,
también es una dulzura y una delicia convivir los hermanos unidos.
La unción va bajando de la cabeza a la barba. La barba es distintivo de la edad viril. Por
esto, nosotros no hemos de ser niños en Cristo, a no ser únicamente en el sentido ya
dicho, de que seamos niños en cuanto a la ausencia de malicia, pero no en el modo de
pensar. El Apóstol llama niños a todos los infieles, en cuanto que son todavía débiles para
tomar alimento sólido y necesitan de leche, como dice el mismo Apóstol: Os alimenté con
leche, no con comida, porque no estabais para más. Por supuesto, tampoco ahora.

Responsorio Rm 12, 5; Ef 4, 7; 1 Co 12, 13

R. Siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, e individualmente somos miembros
unos de otros. * A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida del
don de Cristo.
V. Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo; y todos
hemos bebido de un solo Espíritu.
R. A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida del don de Cristo.

Oración

Oremos:

Señor, concédenos, amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda también a
todos los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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