Oficio de Lectura - 7 DE ENERO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, miércoles, 7 de enero de 2026. Otras celebraciones del día: SAN RAIMUNDO DE PEÑAFORT, PRESBÍTERO .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Ayer, en leve centella,
te vio Moisés sobre el monte;
hoy no basta el horizonte
para contener tu estrella.

Los magos preguntan; y ella
de un Dios infante responde

que en duras pajas se acuesta
y más se nos manifiesta
cuanto más hondo se esconde. Amén.

Salmodia

Antífona 1: También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.

Salmo 38

SÚPLICA DE UN ENFERMO

La creación fue sometida a la frustración..., pero con la esperanza de verse liberada (Rm 8, 20).

I

Yo me dije: "vigilaré mi proceder,
para que no se me vaya la lengua;
pondré una mordaza a mi boca
mientras el impío esté presente".
Guardé silencio resignado,
no hablé con ligereza;
pero mi herida empeoró,
y el corazón me ardía por dentro;
pensándolo me requemaba,
hasta que solté la lengua.
"Señor, dame a conocer mi fin
y cuál es la medida de mis años,
para que comprenda lo caduco que soy".
Me concediste un palmo de vida,
mis días son nada ante ti;
el hombre no dura más que un soplo,
el hombre pasa como una sombra,
por un soplo se afana,
atesora sin saber para quién.

Antífona 2: Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.

II

Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?
Tú eres mi confianza.
Líbrame de mis iniquidades,
no me hagas la burla de los necios.
Enmudezco, no abro la boca,
porque eres tú quien lo ha hecho.
Aparta de mí tus golpes,
que el ímpetu de tu mano me acaba.
Escarmientas al hombre
castigando su culpa;
como una polilla roes sus tesoros;
el hombre no es más que un soplo.
Escucha, Señor, mi oración,
haz caso de mis gritos,
no seas sordo a mi llanto;
porque yo soy huésped tuyo,
forastero como todos mis padres.
Aplácate, dame respiro,
antes de que pase y no exista.

Antífona 3: Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás. (T. P. Aleluya).

Salmo 51

CONTRA LA VIOLENCIA DE LOS CALUMNIADORES

El que se gloría, que se gloríe en el Señor (1 Cor 1, 31).

¿Por qué te glorías de la maldad
y te envalentonas contra el piadoso?
Estás todo el día maquinando injusticias,
tu lengua es navaja afilada,
autor de fraudes;
prefieres el mal al bien,
la mentira a la honradez;
prefieres las palabras corrosivas,
lengua embustera.
Pues Dios te destruirá para siempre,
te abatirá y te barrerá de tu tienda;
arrancará tus raíces
del suelo vital.
Lo verán los justos, y temerán,
y se reirán de él:
"mirad al valiente
que no puso en Dios su apoyo,
confió en sus muchas riquezas,
se insolentó en sus crímenes".
Pero yo, como verde olivo,
en la casa de Dios,
confío en la misericordia de Dios
por siempre jamás.
Te daré siempre gracias
porque has actuado;
proclamaré delante de tus fieles:
"Tu nombre es bueno".

Versículo

R. Los cielos pregonan la justicia de Dios.
V. Y todos los pueblos contemplan su gloria.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro del profeta Isaías 54, 1-17

ALEGRÍA Y HERMOSURA DE LA NUEVA CIUDAD

Alégrate, la estéril, que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, la que no tenías
dolores: porque la abandonada tendrá más hijos que la casada —dice el Señor—.
Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo tus lonas, alarga tus cuerdas, hinca
bien tus estacas: porque te extenderás a derecha e izquierda. Tu estirpe heredará las
naciones y poblará ciudades desiertas.
No temas, no tendrás que avergonzarte; no te sonrojes, que no te afrentarán. Olvidarás
la vergüenza de tu soltería, ya no recordarás la afrenta de tu viudez. El que te hizo te
tomará por esposa: su nombre es el Señor de los ejércitos. Tu redentor es el Santo de
Israel, se llama Dios de toda la tierra. Como a mujer abandonada y abatida te vuelve a
llamar el Señor; como a esposa de juventud, repudiada —dice tu Dios—. Por un instante
te abandoné, pero con gran cariño te reuniré. En un arrebato de ira te escondí un instante
mi rostro, pero con misericordia eterna te quiero —dice el Señor, tu Redentor—.
Me sucede como en tiempo de Noé: Juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir
la tierra; así juro no airarme contra ti ni amenazarte. Aunque se retiren los montes y
vacilen las colinas, no se retirará de ti mi misericordia ni mí alianza de paz vacilará —dice
el Señor, que te quiere—. ¡Oh afligida, zarandeada, desconsolada! Mira, yo mismo coloco
tus piedras sobre azabaches, tus cimientos sobre zafiros; te pondré almenas de rubí, y
puertas de esmeralda, y muralla de piedras preciosas. Tus hijos serán discípulos del Señor,
tendrán gran paz tus hijos. Tendrás firme asiento en la justicia. Estarás lejos de la
opresión, y no tendrás que temer; y lejos del terror, que no se acercará.
Si alguien te ataca, no será de parte mía; cualquiera que te ataque, contra ti se
estrellará. Yo he creado al herrero, que sopla en las brasas y saca una herramienta; y yo
he creado al devastador funesto: ninguna arma forjada contra ti tendrá éxito, ninguna
lengua que te acuse en juicio logrará condenarte. Esta es la herencia de los siervos del
Señor, esta es la victoria que yo les doy —oráculo del Señor—.

Responsorio Cf. Is 54, 8. 10; 43, 11

R. Con misericordia eterna te quiero —dice el Señor, tu Redentor—; * no se retirará de ti
mi misericordia ni mi alianza de paz vacilará.
V. Yo soy el Señor; fuera de mí no hay salvador.
R. No se retirará de ti mi misericordia ni mi alianza de paz vacilará.

Segunda Lectura

De los sermones de san Pedro Crisólogo, obispo
(Sermón 160: PL 52, 620-622)

EL QUE POR NOSOTROS QUISO NACER NO QUISO SER IGNORADO POR NOSOTROS

Aunque en el mismo misterio del nacimiento del Señor se dieron insignes testimonios
de su divinidad, sin embargo la solemnidad que celebramos manifiesta y revela de
diversas formas que Dios ha asumido un cuerpo humano, para nuestra inteligencia,
ofuscada por tantas oscuridades, no pierda por su ignorancia lo que por gracia ha
merecido recibir y poseer.

Pues el que por nosotros quiso nacer no quiso ser ignorado por nosotros; y por esto se
manifestó de tal forma que el gran misterio de su bondad no fuera ocasión de un gran
error.
Hoy el mago encuentra llorando en la cuna a aquel que, resplandeciente, buscaba en
las estrellas. Hoy el mago contempla claramente entre pañales a aquel que, encubierto,
buscaba pacientemente en los astros.
Hoy el mago discierne con profundo asombro lo que allí contempla: el cielo en la tierra,
la tierra en el cielo, el hombre en Dios, y Dios en el hombre; y a aquel que no puede ser
encerrado en todo el universo incluido en un cuerpo de niño. Y, viendo, cree y no duda; y
lo proclama con sus dones místicos: el incienso para Dios, el oro para el Rey, y la mirra
para el que morirá.
Hoy el gentil, que era el último, ha pasado a ser el primero, pues entonces la fe de los
magos consagró la creencia de las naciones.
Hoy Cristo ha entrado en el cauce del Jordán para lavar el pecado del mundo. El mismo
Juan atestigua que Cristo ha venido para esto: Éste es el Cordero de Dios, que quita el
pecado del mundo. Hoy el siervo recibe al Señor, el hombre a Dios, Juan a Cristo; el que
no puede dar el perdón recibe a quien se lo concederá.
Hoy, como afirma el profeta, la voz del Señor sobre las aguas. ¿Qué voz? Éste es mi
Hijo, el amado, mi predilecto.
Hoy el Espíritu Santo se cierne sobre las aguas en forma de paloma, para que, así como
la paloma de Noé anunció el fin del diluvio, de la misma forma ésta fuera signo de que ha
terminado el perpetuo naufragio del mundo. Pero a diferencia de aquélla, que sólo llevaba
un ramo de olivo caduco, ésta derramará la enjundia completa del nuevo crisma en la
cabeza del Autor de la nueva progenie, para que se cumpliera aquello que predijo el
profeta: Por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus
compañeros.
Hoy Cristo, al convertir el agua en vino, comienza los signos celestes. Pero el agua
había de convertirse en el misterio de la sangre, para que Cristo ofreciese a los que tienen
sed la pura bebida del vaso de su cuerpo, y se cumpliese lo que dice el profeta: Y mi copa
rebosa.

Responsorio

R. Tres fueron los dones preciosos que los magos ofrecieron al Señor en aquel día, y que
encerraban en sí tres divinos misterios: * el oro, que lo reconocía como rey poderoso; el
incienso, que lo proclamaba como sumo sacerdote; y la mirra, que profetizaba su muerte
y sepultura.
V. Los magos adoraron en la cuna al autor de nuestra salvación y, de sus tesoros, le
ofrecieron presentes, llenos de un místico simbolismo.
R. El oro, que lo reconocía como rey poderoso; el incienso, que lo proclamaba como sumo
sacerdote; y la mirra, que profetizaba su muerte y sepultura.

Oración

Oremos:

Padre Dios, la eternidad resplandece con la gloria del Verbo que la Virgen María recibió en
la fragilidad de nuestra carne; te pedimos que Jesús, hecho uno de los nuestros para dar a
conocer la luz de la verdad, manifieste la plenitud de su poder a favor de la redención delmundo. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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