El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, domingo, 21 de junio de 2026. Otras celebraciones del día: SAN LUIS GONZAGA, RELIGIOSO .
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antifona: Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.
Invitación a la alabanza divina
Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
(Se repite la antífona)
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
(Se repite la antífona)
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
(Se repite la antífona)
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
(Se repite la antífona)
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
(Se repite la antífona)
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
(Se repite la antífona)
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
(Se repite la antífona)
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Entrada solemne de Dios en su templo
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
(Se repite la antífona)
—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
(Se repite la antífona)
—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
(Se repite la antífona)
—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Que doblen las campanas jubilosas,
y proclamen el triunfo del amor,
y llenen nuestras almas de aleluyas,
de gozo y esperanza en el Señor.
Los sellos de la muerte han sido rotos,
la vida para siempre es libertad,
ni la muerte ni el mal son para el hombre
su destino, su última verdad.
Derrotados la muerte y el pecado,
es de Dios toda historia y su final;
esperad con confianza su venida:
no temáis, con vosotros él está.
Volverán encrespadas tempestades
para hundir vuestra fe y vuestra verdad,
es más fuerte que el mal y que su embate
el poder del Señor, que os salvará.
Aleluyas cantemos a Dios Padre,
aleluyas al Hijo salvador,
su Espíritu corone la alegría
que su amor derramó en el corazón. Amén.
Antífona 1: ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro?
Salmo 23
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que como hombre sube al cielo (S. Ireneo).
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
— ¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
— El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
— Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
— ¿Quién es ese Rey de la gloria?
— El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Antífona 2: Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, porque él nos ha devuelto la vida. Aleluya.
Salmo 65
HIMNO PARA UN SACRIFICIO DE ACCIÓN DE GRACIAS
Este salmo habla de la resurrección de Cristo y de la conversión de los gentiles (Hesiquio).
I
Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: "¡Qué temibles son tus obras,
por tu inmenso poder tus enemigos te adulan!"
Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres:
transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna eternamente;
sus ojos vigilan a las naciones,
para que no se subleven los rebeldes.
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran nuestros pies.
Oh Dios, nos pusiste a prueba,
nos refinaste como refinan la plata;
nos empujaste a la trampa,
nos echaste a cuestas un fardo:
sobre nuestro cuello cabalgaban,
pasamos por fuego y por agua,
pero nos has dado respiro.
Antífona 3: Fieles de Dios, venid a escuchar lo que ha hecho conmigo. Aleluya.
II
Entraré en tu casa con víctimas,
para cumplirte mis votos:
los que pronunciaron mis labios
y prometió mi boca en el peligro.
Te ofreceré víctimas cebadas,
te quemaré carneros,
inmolaré bueyes y cabras.
Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua.
Si hubiera tenido yo mala intención,
el Señor no me habría escuchado;
pero Dios me escuchó,
y atendió a mi voz suplicante.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor.
Del libro del profeta Zacarías 3, 1-4, 14
PROMESAS AL PRÍNCIPE ZOROBABEL Y AL SUMO SACERDOTE JOSUÉ
El Señor me hizo ver al sumo sacerdote Josué, de pie ante el ángel del Señor. A la
derecha estaba Satán, para acusarlo. El ángel del Señor dijo a Satán: «Que el Señor te
reprima, Satán, que el Señor te reprima, el Señor que ha elegido a Jerusalén. ¿No es éste
un tizón sacado del fuego?»
Josué estaba vestido con un traje sucio, en pie delante del ángel; éste dijo a los que
estaban ante él: «Quitadle los vestidos sucios.»
Y a él le dijo: «Mira, aparto de ti tu pecado y te visto de fiesta.»
Después dijo: «Colocadle en la cabeza una tiara limpia.»
Le colocaron en la cabeza la tiara limpia y le vistieron el traje en presencia del ángel del
Señor. Entonces el ángel del Señor dio a Josué la siguiente instrucción: «Así dice el Señor
de los ejércitos: Si andas por mi camino y observas mis mandamientos, también tú
administrarás mi templo y guardarás mis atrios y te permitiré acercarte a éstos que están
en pie. Escucha, pues, Josué, sumo sacerdote, tú y los compañeros que se sientan en tu
presencia (pues sois figuras proféticas): He aquí que yo voy a suscitar a mi siervo
"Germen". Ved la piedra que he puesto ante Josué: en esta única piedra hay siete ojos; yo
mismo grabaré su inscripción y borraré la iniquidad de esta tierra en un solo día. En aquel
día -Oráculo del Señor de los ejércitos-os invitaréis unos a otros a la sombra de la parra y
de la higuera.»
El ángel que hablaba conmigo me despertó entonces, como se despierta a quien
duerme, y me dijo: «¿Qué ves?»
Contesté: «Veo un candelabro de oro macizo, con su aceitera en la punta, y siete
lámparas en él y siete tubos que enlazan a las lámparas con la punta. Dos olivos se
yerguen junto a él, a derecha e izquierda.»
Pregunté al ángel que hablaba conmigo: «¿Qué significa esto?»
Y me respondió el ángel que hablaba conmigo: «Pero ¿no sabes lo que significa?»
Yo dije: «No, señor.»
Y él me contestó: «Esas siete lámparas representan los ojos del Señor que vigilan toda
la tierra.»
Yo le pregunté: «¿Y qué representan los dos olivos, a derecha e izquierda del
candelabro?»
E insistí: «¿Qué significan las dos ramas de olivo que por los dos tubos de oro vierten
de sí aceite dorado?»
Él me contestó: «Pero ¿no lo sabes?»
Respondí: «No, señor.»
Y él me explicó: «Son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra.»
Así habla el Señor a Zorobabel: «No por la fuerza ni con ejércitos, sino por mi espíritu dice
el Señor de los ejércitos-¿Quién eres tú, gran montaña? Ante Zorobabel serás
allanada. Él extraerá la piedra de remate entre gritos de júbilo: «¡Qué hermosa es! ¡Qué
hermosa es!"»
Después me fue dirigida la palabra del Señor en estos términos: «Las manos de
Zorobabel pusieron los cimientos del templo; sus manos lo terminarán y así comprenderéis
que el Señor me ha enviado a vosotros. El que despreciaba el humilde comienzo se
alegrará cuando vea la piedra de remate en manos de Zorobabel.»
R. Éstos son los dos olivos y los dos candelabros, * los que están en la presencia del
Señor de la tierra.
V. Dará el Señor la orden a sus dos testigos de que hablen en su nombre.
R. Los que están en la presencia del Señor de la tierra.
Del tratado de Faustino Luciferano, presbítero, sobre la Trinidad
(Núms. 39-40: CCL 69, 340-341)
CRISTO ES REY Y SACERDOTE ETERNO
Nuestro Salvador fue verdaderamente ungido, en su condición humana, ya que fue
verdadero rey y verdadero sacerdote, las dos cosas a la vez, tal y como convenía a su
excelsa condición. El salmo nos atestigua su condición de rey, cuando dice: Yo mismo he
establecido a mi rey en Sión, mi monte santo. Y el mismo Padre atestigua su condición de
sacerdote, cuando dice: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aarón fue
el primero en la ley antigua que fue constituido sacerdote por la unción del crisma y, sin
embargo, no se dice: “Según el rito de Aarón”, para que nadie crea que el Salvador posee
el sacerdocio por sucesión. Porque el sacerdocio de Aarón se transmitía por sucesión, pero
el sacerdocio del Salvador no pasa a los otros por sucesión, ya que él permanece
sacerdote para siempre, tal como está escrito: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de
Melquisedec.
El Salvador es, por lo tanto, rey y sacerdote según su humanidad, pero su unción no es
material, sino espiritual. Entre los israelitas, los reyes y sacerdotes lo eran por una unción
material de aceite; no que fuesen ambas cosas a la vez, sino que unos eran reyes y otros
eran sacerdotes; sólo a Cristo pertenece la perfección y la plenitud en todo, él, que vino a
dar plenitud a la ley.
Los israelitas, aunque no eran las dos cosas a la vez, eran, sin embargo, llamados
cristos (ungidos), por la unción material del aceite que los constituía reyes o sacerdotes.
Pero el Salvador, que es el verdadero Cristo, fue ungido por el Espíritu Santo, para que se
cumpliera lo que de él estaba escrito: Por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de
júbilo entre todos tus compañeros. Su unción supera a la de sus compañeros, ungidos
como él, porque es una unción de júbilo, lo cual significa el Espíritu Santo.
Sabemos que esto es verdad por las palabras del mismo Salvador. En efecto, habiendo
tomado el libro de Isaías, lo abrió y leyó: El Espíritu del Señor está sobre mi; porque él me
ha ungido; y dijo a continuación que entonces se cumplía aquella profecía que acababan
de oír. Y, además, Pedro, el príncipe de los apóstoles, enseñó que el crisma con que había
sido ungido el Salvador es el Espíritu Santo y la fuerza de Dios, cuando, en los Hechos de
los apóstoles, hablando con el centurión, aquel hombre lleno de piedad y de misericordia,
dijo entre otras cosas: La cosa empezó en Galilea, cuando Juan predicaba el bautismo.
Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y
curando a los oprimidos por el diablo.
Vemos, pues, cómo Pedro afirma de Jesús que fue ungido, según su condición humana,
con la fuerza del Espíritu Santo. Por esto, Jesús, en su condición humana, fue con toda
verdad Cristo o ungido, ya que por la unción del Espíritu Santo fue constituido rey y
sacerdote eterno.
R. Contemplad la grandeza del que viene a salvar a las naciones: * Él es el rey de justicia,
cuya vida no tiene fin.
V. Jesús penetró hasta el interior del santuario, como precursor nuestro, constituido sumo
sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec.
R. Él es el rey de justicia, cuya vida no tiene fin.
Se dice el Te Deum
Oremos:
Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás
dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro
Señor Jesucristo.
Amén.
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.