El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, miércoles, 4 de marzo de 2026. Otras celebraciones del día: SAN CASIMIRO .
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antifona: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.
Invitación a la alabanza divina
Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
(Se repite la antífona)
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
(Se repite la antífona)
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
(Se repite la antífona)
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
(Se repite la antífona)
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
(Se repite la antífona)
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
(Se repite la antífona)
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
(Se repite la antífona)
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Entrada solemne de Dios en su templo
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
(Se repite la antífona)
—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
(Se repite la antífona)
—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
(Se repite la antífona)
—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.
Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.
Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.
Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida es su vida, su Amor es su amor
serían un día su gracia y su don.
Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.
Para los sábados
Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.
Déjame que te restañe
ese llanto cristalino
y a la vera del camino
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo,
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.
Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
"No, mi Niño, no. No hay quien
de mis brazos te desuna".
Y rayos tibios de luna,
entre las pajas de miel,
le acariciaban la piel
sin despertarle. ¡Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel! Amén
Antífona 1: También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.
Salmo 38
SÚPLICA DE UN ENFERMO
La creación fue sometida a la frustración..., pero con la esperanza de verse liberada (Rm 8, 20).
I
Yo me dije: "vigilaré mi proceder,
para que no se me vaya la lengua;
pondré una mordaza a mi boca
mientras el impío esté presente".
Guardé silencio resignado,
no hablé con ligereza;
pero mi herida empeoró,
y el corazón me ardía por dentro;
pensándolo me requemaba,
hasta que solté la lengua.
"Señor, dame a conocer mi fin
y cuál es la medida de mis años,
para que comprenda lo caduco que soy".
Me concediste un palmo de vida,
mis días son nada ante ti;
el hombre no dura más que un soplo,
el hombre pasa como una sombra,
por un soplo se afana,
atesora sin saber para quién.
Antífona 2: Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.
II
Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?
Tú eres mi confianza.
Líbrame de mis iniquidades,
no me hagas la burla de los necios.
Enmudezco, no abro la boca,
porque eres tú quien lo ha hecho.
Aparta de mí tus golpes,
que el ímpetu de tu mano me acaba.
Escarmientas al hombre
castigando su culpa;
como una polilla roes sus tesoros;
el hombre no es más que un soplo.
Escucha, Señor, mi oración,
haz caso de mis gritos,
no seas sordo a mi llanto;
porque yo soy huésped tuyo,
forastero como todos mis padres.
Aplácate, dame respiro,
antes de que pase y no exista.
Antífona 3: Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás. (T. P. Aleluya).
Salmo 51
CONTRA LA VIOLENCIA DE LOS CALUMNIADORES
El que se gloría, que se gloríe en el Señor (1 Cor 1, 31).
¿Por qué te glorías de la maldad
y te envalentonas contra el piadoso?
Estás todo el día maquinando injusticias,
tu lengua es navaja afilada,
autor de fraudes;
prefieres el mal al bien,
la mentira a la honradez;
prefieres las palabras corrosivas,
lengua embustera.
Pues Dios te destruirá para siempre,
te abatirá y te barrerá de tu tienda;
arrancará tus raíces
del suelo vital.
Lo verán los justos, y temerán,
y se reirán de él:
"mirad al valiente
que no puso en Dios su apoyo,
confió en sus muchas riquezas,
se insolentó en sus crímenes".
Pero yo, como verde olivo,
en la casa de Dios,
confío en la misericordia de Dios
por siempre jamás.
Te daré siempre gracias
porque has actuado;
proclamaré delante de tus fieles:
"Tu nombre es bueno".
V. Convertíos y haced penitencia.
R. Haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
Del libro del Éxodo 17, 1-16
BROTA AGUA DE LA ROCA. BATALLA CONTRA AMALEC
En aquellos días, la comunidad de Israel se marchó del desierto de Sin por etapas,
según las órdenes del Señor, y acamparon en Refidim, donde el pueblo no encontró agua
de beber. El pueblo riñó con Moisés, diciendo: «Danos agua de beber.»
Él les respondió: «¿Por qué me reñís a mí y tentáis al Señor?»
Pero el pueblo, sediento, murmuró de Moisés, diciendo: «¿Por qué nos has sacado de
Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y al ganado?»
Moisés clamó al Señor: «¿Qué hago con este pueblo? Por poco me apedrean.»
El Señor respondió a Moisés: «Preséntate al pueblo, acompañado de los ancianos de
Israel, y empuñando el cayado con el que golpeaste el Nilo; ve, que yo estaré frente a ti
junto a la roca de Horeb. Golpea la roca y saldrá agua para que beba el pueblo.»
Así lo hizo Moisés ante los ancianos de Israel. Y llamó a aquel lugar Masá y Meribá, por
haber reñido allí el pueblo y tentado al Señor, preguntando: «¿Está el Señor entre
nosotros o no?»
Después de esto sucedió que vinieron los amalecitas y atacaron a los hijos de Israel en
Refidim. Moisés dijo a Josué:
«Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré de
pie en la cima del monte con el cayado maravilloso de Dios en la mano.»
Hizo Josué lo que le decía Moisés y atacó a Amalec, mientras Moisés, Aarón y Jur
subían a la cima del monte. Y aconteció que mientras Moisés tenía en alto las manos
vencía Israel, pero cuando las bajaba vencía Amalec. Y, como se le cansaban las manos,
tomaron una piedra e hicieron que se sentase en ella, mientras que Aarón y Jur le
sostenían los brazos, uno a cada lado. Así pudo Moisés sostener en alto las manos hasta la
puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su tropa a filo de espada. El Señor dijo a
Moisés: «Escribe esto en un libro de memorias y haz saber a Josué que yo borraré la
memoria de Amalec bajo el cielo,»
Moisés levantó un altar y lo llamó Yahveh Nissí, que significa: «El Señor es mi
estandarte», pues dijo: «El estandarte del Señor en la mano, el Señor está en guerra con
Amalec de generación en generación.»
R. Sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación, * y aquel día diréis: «Dad
gracias al Señor, invocad su nombre.»
V. El agua que yo os daré se convertirá en vosotros en manantial, cuyas aguas brotan para
comunicar vida eterna.
R. Y aquel día diréis: «Dad gracias al Señor, invocad su nombre.»
Del tratado de san Ireneo, obispo, contra las herejías
(Libro 4,14, 2-3;15,1: SC 100, 542. 548)
ISRAEL APRENDÍA, POR MEDIO DE FIGURAS, A TEMER A DIOS Y A PERSEVERAR EN SU SERVICIO
Dios, a causa de su magnanimidad, creó al hombre al comienzo del tiempo; eligió a los
patriarcas con vista a su salvación; formó de antemano al pueblo para enseñar a los que
lo ignoraban cómo seguir a Dios; preparaba a los profetas para habituar al hombre sobre
la tierra a llevar su Espíritu y a tener comunión con Dios; él, que no tenía necesidad de
nada, concedía su comunión a quienes necesitaban de él. Construía, como un arquitecto,
un edificio de salvación para aquellos a quienes amaba; a los que no lo veían, les servía él
mismo de guía en Egipto; a los turbulentos en el desierto, les daba una ley plenamente
adaptada; a los que entraban en una tierra magnífica, les procuraba la herencia
apropiada; por último, para quienes tornaban hacia el Padre, él inmolaba el novillo mejor
cebado y los obsequiaba con la mejor vestidura. Así, de múltiples maneras, iba
predisponiendo al género humano a la concordancia con la salvación.
Por esto, dice Juan en el Apocalipsis: Era su voz como el estruendo de muchas aguas.
Pues son, en verdad, muchas las aguas del Espíritu de Dios, porque rico y grande es el
Padre. Y, pasando a través de todas ellas, la Palabra concedía liberalmente su asistencia a
los que le eran sumisos, prescribiendo a toda criatura una ley idónea y apropiada.
Así, pues, daba al pueblo leyes relativas a la construcción del tabernáculo, a la
edificación del templo, a la designación de los levitas, a los sacrificios y ofrendas, a las
purificaciones y a todo lo demás del servicio del culto.
Dios no tenía necesidad alguna de todo eso: desde siempre, antes incluso de que
Moisés naciera, está lleno de toda clase de bienes y contiene, en sí mismo, todo olor de
suavidad y todos los aromas de los perfumes. Pero así educaba a un pueblo siempre
propenso a tornar a los ídolos, disponiéndolo, a través de numerosas proscripciones, a
perseverar en el servicio de Dios; por medio de las cosas secundarias lo llamaba a las
principales, es decir: por las figuras, a la verdad; por lo temporal, a lo eterno; por lo
carnal, a lo espiritual; por lo terreno, a lo celeste. Es así que fue dicho a Moisés: Te
ajustarás al modelo que te fue mostrado en la montaña.
Durante cuarenta días, en efecto, aprendió a retener las palabras de Dios, los
caracteres celestes, las imágenes espirituales y las figuras de las realidades por venir.
Pablo dice igualmente: Bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. Y
de nuevo, después de haber recorrido los acontecimientos relatados en la ley, añade: Todo
esto les sucedía como un ejemplo: y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos
ha tocado vivir en la última de las edades.
Mediante figuras, pues, aprendían a temer a Dios y a perseverar en su servicio, de
manera que la ley era, para ellos, a la vez una disciplina y una profecía de las cosas por
venir.
R. La ley fue nuestro ayo para llevarnos a Cristo, a fin de ser justificados por la fe. * Pero,
una vez llegada la era de la fe, no estamos más bajo la potestad del ayo.
V. Antes de venir la economía de la fe, estábamos encerrados bajo la custodia de la ley, en
espera de la fe que había de revelarse.
R. Pero, una vez llegada la era de la fe, no estamos más bajo la potestad del ayo.
Oremos:
Señor, guarda a tu familia en el camino del bien que tú le señalaste, y haz que,
protegida por tu mano en sus necesidades temporales, tienda con mayor libertad hacia los
bienes eternos. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.