Oficio de Lectura - MIÉRCOLES XXV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, miércoles, 23 de septiembre de 2026.

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Adoremos al Señor, creador nuestro.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Con entrega, Señor, a ti venimos,
escuchar tu palabra deseamos;
que el Espíritu ponga en nuestros labios
la alabanza al Padre de los cielos.
Se convierta en nosotros la palabra
en la luz que a los hombres ilumina,
en la fuente que salta hasta la vida,
en el pan que repara nuestras fuerzas;
en el himno de amor y de alabanza
que se canta en el cielo eternamente,
y en la carne de Cristo se hizo canto
de la tierra y del cielo juntamente.
Gloria a ti, Padre nuestro, y a tu Hijo,
el Señor Jesucristo, nuestro hermano,
y al Espíritu Santo, que, en nosotros,
glorifica tu nombre por los siglos. Amén.

Salmodia

Antífona 1: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza. (T. P. Aleluya.) †

Salmo 17, 2-30

ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA

En aquella hora ocurrió un violento terremoto (Ap 11, 13).

I

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
† Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos.
Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte.
En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos.

Antífona 2: El Señor me libró porque me amaba. (T. P. Aleluya).

II

Entonces tembló y retembló la tierra,
vacilaron los cimientos de los montes,
sacudidos por su cólera;
de su nariz se alzaba una humareda,
de su boca un fuego voraz.
y lanzaba carbones ardiendo.
Inclinó el cielo y bajó
con nubarrones debajo de sus pies;
volaba a caballo de un querubín
cerniéndose sobre las alas del viento,
envuelto en un manto de oscuridad;
como un toldo, lo rodeaban
oscuro aguacero y nubes espesas;
al fulgor de su presencia, las nubes
se deshicieron en granizo y centellas;
y el Señor tronaba desde el cielo,
el Altísimo hacía oír su voz:
disparando sus saetas, los dispersaba,
y sus continuos relámpagos los enloquecían.
El fondo del mar apareció,
y se vieron los cimientos del orbe,
cuando tú, Señor, lanzaste un bramido,
con tu nariz resoplando de cólera.
Desde el cielo alargó la mano y me agarró,
me sacó de las aguas caudalosas,
me libró de un enemigo poderoso,
de adversarios más fuertes que yo.
Me acosaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo:
me sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me amaba.

Antífona 3: Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas. (T. P. Aleluya).

III

El Señor retribuyó mi justicia,
retribuyó la pureza de mis manos,
porque seguí los caminos del Señor
y no me rebelé contra mi Dios;
porque tuve presentes sus mandamientos
y no me aparté de sus preceptos;
le fui enteramente fiel,
guardándome de toda culpa;
el Señor retribuyó mi justicia,
la pureza de mis manos en su presencia.
Con el fiel, tú eres fiel;
con el íntegro, tú eres íntegro;
con el sincero, tú eres sincero;
con el astuto, tú eres sagaz.
Tú salvas al pueblo afligido
y humillas los ojos soberbios.
Señor, tú eres mi lámpara;
Dios mío, tú alumbras mis tinieblas.
Fiado en ti, me meto en la refriega,
fiado en mi Dios, asalto la muralla.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro de Tobías 4, 1-6. 20-23-5, 1-22

EL JOVEN TOBÍAS EMPRENDE EL VIAJE A MEDIA

Aquel día, Tobit se acordó del dinero que había depositado en casa de Gabael, en
Ragués de Media, y pensó para sus adentros:
«He pedido la muerte. ¿Por qué no llamo a mi hijo Tobías y le informo sobre ese dinero
antes de morir?»
Entonces, llamó a su hijo Tobías y, cuando se presentó, le dijo:
«Hazme un entierro digno. Honra a tu madre; no la abandones mientras viva. Tenla
contenta y no la disgustes en nada. Acuérdate, hijo, de los muchos peligros que pasó por
tu causa cuando te llevaba en su seno. Y, cuando muera ella, entiérrala junto a mí en la
misma sepultura.
Hijo, acuérdate del Señor toda tu vida; no consientas en pecado ni quebrantes sus
mandamientos. Haz obras de caridad toda tu vida, y no vayas por caminos injustos,
porque a los que obran bien les van bien los negocios.
Bendice al Señor en toda circunstancia, pídele que sean rectos todos tus caminos y que
lleguen a buen fin todas tus sendas y proyectos. Porque no todas las naciones aciertan en
sus proyectos; es el Señor quien, según su designio, da todos los bienes o humilla hasta lo
profundo del abismo. Bien, hijo, recuerda estas normas; que no se te borren de la
memoria.
Y ahora te comunico que en casa de Gabael, el de Gabri, en Ragués de Media, dejé en
depósito cuarenta arrobas de plata. No te apures porque seamos pobres; si temes a Dios,
huyes de todo pecado y haces lo que le agrada al Señor, tu Dios, tendrás muchas
riquezas.»
Tobías respondió a su padre Tobit:
«Padre, haré lo que me has dicho. Pero, ¿cómo podré recuperar ese dinero de Gabael,
si ni él ni yo nos conocemos? ¿Qué contraseña puedo darle para que me reconozca y se
fíe de mí y me dé el dinero? Además, no conozco el camino de Media.»
Tobit le dijo:
«Gabael me dio un recibo, y yo le di el mío; firmamos los dos el contrato, después lo
rompí por la mitad y cogimos cada uno una parte, de modo que una quedó con el dinero.
¡Veinte años hace que dejé en depósito ese dinero! Bien, hijo, búscate un hombre de
confianza que pueda acompañarte, y le pagaremos por todo lo que dure el viaje. Vete a
recuperar ese dinero.»
Tobías salió a buscar un guía experto que lo acompañase a Media. Cuando salió, se
encontró con el ángel Rafael, parado ante él; pero no sabía que era un ángel de Dios. Le
preguntó:
«¿De dónde eres, buen hombre?»
Respondió:
«Soy un israelita compatriota tuyo, y he venido aquí buscando trabajo.»
Tobías le preguntó:
«¿Sabes por dónde se va a Media?»
Rafael le dijo:

«Sí. He estado allí muchas veces y conozco muy bien todos los caminos. He ido a Media
con frecuencia, parando en casa de Gabael, el paisano nuestro que vive en Ragués de
Medía. Ragués está a dos días enteros de camino desde Ecbatana, porque queda en la
montaña.»
Entonces Tobías le dijo:
«Espérame aquí, buen hombre, mientras voy a decírselo a mi padre. Porque necesito
que me acompañes; ya te lo pagaré.»
El otro respondió:
«Bueno, espero aquí, pero no te entretengas.»
Tobías fue a informar a su padre, Tobit:
«Mira, he encontrado a un israelita compatriota nuestro.»
Tobit le dijo:
«Llámalo, para que yo me entere de qué familia y de qué tribu es, y si es de confianza
para acompañarte, hijo.»
Tobías salió a llamarlo:
«Buen hombre, mi padre te llama.»
Cuando entró, Tobit se adelantó a saludarlo. El ángel le respondió:
«¡Que tengas salud!»
Pero Tobit comentó:
«¿Qué salud puedo tener? Soy un ciego que no ve la luz del día. Vivo en la oscuridad,
como los muertos, que ya no ven la luz. Estoy muerto en vida: oigo hablar a la gente,
pero no la veo.»
El ángel le dijo:
«Ánimo, Dios te curará pronto; ánimo.»
Entonces Tobit le preguntó:
«Mi hijo Tobías quiere ir a Media. ¿Podrías acompañarlo como guía? Yo te lo pagaré,
amigo.»
Respondió:
«Sí. Conozco todos los caminos. He ido a Media muchas veces, he atravesado sus
llanuras y sus montañas; sé todos los caminos.»
Tobit le preguntó:
«Amigo, ¿de qué familia y de qué tribu eres? Dímelo.»
Rafael respondió:
«¿Qué falta te hace saber mi tribu?»
Tobit dijo:
«Amigo, quiero saber exactamente tu nombre y apellido.»
Rafael respondió:
«Soy Azarías, hijo del ilustre Ananías, compatriota tuyo.»
Entonces, Tobit le dijo:
«¡Seas bienvenido, amigo! No te enfades si he querido saber exactamente de qué
familia eres. Ahora resulta que tú eres pariente nuestro, y de muy buena familia. Yo
conozco a Ananías y a Natán, los dos hijos del ilustre Semeías. Iban conmigo a adorar a
Dios en Jerusalén, y no han tirado por mal camino. Los tuyos son buena gente.
Bienvenido, hombre; eres de buen linaje.»
Y añadió:
«Te daré como paga una dracma diaria, y la manutención lo mismo que a mi hijo.
Acompáñale, y ya añadiré algo a la paga.»
Rafael respondió:
«Lo acompañaré. No tengas miedo; sanos marchamos y sanos volveremos; el camino
es seguro.»
Tobit le dijo:
«Amigo, Dios te lo pague.»

Luego, llamó a Tobías y le habló así:
«Hijo, prepara el viaje y vete con tu pariente. Que el Dios del cielo os proteja allá y os
traiga de nuevo sanos y salvos; que su ángel os acompañe con su protección hijo.»
Tobías besó a su padre y a su madre y emprendió, marcha, mientras Tobit le decía:
«¡Buen viaje!»

Responsorio Tb 4, 20; 14, 10. 11

R. Bendice al Señor en toda circunstancia, pídele que sean rectos todos tus caminos, *
para que lleguen a buen fin todos tus proyectos.
V. Practica lo que es agradable a sus ojos, con toda sinceridad y con todas tus fuerzas.
R. Para que lleguen a buen fin todos tus proyectos.

Segunda Lectura

Del sermón de san Agustín, obispo, sobre los pastores
(Sermón 46, 20-21; CCL 41, 546-548)

HACED LO QUE OS DIGAN, PERO NO HAGÁIS LO QUE HACEN

Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor. ¿Pero qué es lo que tienen que
escuchar? Esto dice el Señor: "Me voy a enfrentar con los pastores; les reclamaré mis
ovejas."
Oíd y aprended, ovejas de Dios: Dios reclama sus ovejas a los malos pastores y los
culpa de su muerte. Pues, por boca del mismo profeta, dice en otra ocasión: A ti, hijo de
Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca,
les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: "¡Malvado, eres reo de muerte!", y
tú no hablas poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado
morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero, si tú pones en guardia
al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su
culpa, pero tú has salvado la vida.
¿Qué significa esto, hermanos? ¿Os dais cuenta lo peligroso que puede resultar
callarse? El malvado muere, y muere con razón; muere en su pecado y en su impiedad;
pero lo ha matado la negligencia del mal pastor. Pues podría haber encontrado al pastor
que vive y que dice: Por mi vida, oráculo del Señor; pero, como fue negligente el que
recibió el encargo de amonestarlo y no lo hizo, él morirá con razón, y con razón se
condenará el otro. En cambio, como dice el texto sagrado: "Si advirtieses al impío, al que
yo hubiese amenazado con la muerte: Eres reo de muerte, y él no se preocupa de evitar
la espada amenazadora, y viene la espada y acaba con él, él morirá en su pecado, y tú, en
cambio, habrás salvado tu alma." Por eso precisamente, a nosotros nos toca no callarnos;
mas vosotros, en el caso de que nos callemos, no dejéis de escuchar las palabras del
Pastor en las sagradas Escrituras.
Veamos, pues, ahora, ya que así lo había yo propuesto, si va a quitarles las ovejas a los
malos pastores y a dárselas a los buenos. Y veo, efectivamente, que se las quita a los
malos. Esto es lo que dice: "Me voy a enfrentar con los pastores; les reclamaré mis ovejas,
los quitaré de pastores de mis ovejas. Porque, cuando digo que apacienten a mis ovejas,
se apacientan a sí mismos, y no a mis ovejas: Los quitaré de pastores de mis ovejas".
¿Y cómo se las quita, para que no las apacienten? Haced lo que os digan, pero no
hagáis lo que hacen. Como si dijera: "Dicen mis cosas, pero hacen las suyas". Cuando no
hacéis lo que hacen los malos pastores, no son ellos los que os apacientan; cuando, en
cambio, hacéis lo que os dicen, soy yo vuestro pastor.

Responsorio Lc 12, 42. 43; 1Co 4, 2


R. ¿Quién es el administrador fiel y prudente, a quien su señor pondrá al frente de su
servidumbre? *Feliz este siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su
deber.
V. En un administrador lo que se busca es que sea fiel.
R. Feliz este siervo, si el amo, a su llegada, lo encuentra cumpliendo con su deber.

Oración

Oremos:

Oh Dios, has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo, concédenos
cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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