Oficio de Lectura - LUNES XII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, lunes, 22 de junio de 2026. Otras celebraciones del día: SAN PAULINO DE NOLA, OBISPO , SAN JUAN FISHER, OBISPO, Y SANTO TOMÁS MORO, MÁRTIRES .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Aclamemos al Señor con cantos.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

En el principio, tu Palabra.
Antes que el sol ardiera,
antes del mar y las montañas,
antes de las constelaciones,
nos amó tu Palabra.
Desde tu seno, Padre,
era sonrisa su mirada,
era ternura su sonrisa,
era calor de brasa.
En el principio, tu Palabra.
Todo se hizo de nuevo,
todo salió sin mancha,
desde el arrullo del río
hasta el rocío y la escarcha;
nuevo el canto de los pájaros,
porque habló tu Palabra.
Y nos sigues hablando todo el día,
aunque matemos la mañana
y desperdiciemos la tarde,
y asesinemos la alborada.
Como una espada de fuego,
en el principio, tu Palabra.
Llénanos de tu presencia, Padre;
Espíritu, satúranos de tu fragancia;
danos palabras para responderte,
Hijo, eterna Palabra. Amén.

Salmodia

Antífona 1: ¡Qué bueno es el Dios de Israel para los justos! (T. P. Aleluya).

Salmo 72

POR QUÉ SUFRE EL JUSTO

¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí! (Mt 11, 6).

I

¡Qué bueno es Dios para el justo,
el Señor para los limpios de corazón!
Pero yo por poco doy un mal paso,
casi resbalaron mis pisadas:
porque envidiaba a los perversos,
viendo prosperar a los malvados.
Para ellos no hay sinsabores,
están sanos y orondos;
no pasan las fatigas humanas,
ni sufren como los demás.
Por eso su collar es el orgullo,
y los cubre un vestido de violencia;
de las carnes les rezuma la maldad,
el corazón les rebosa de malas ideas.
Insultan y hablan mal,
y desde lo alto amenazan con la opresión.
Su boca se atreve con el cielo.
Y su lengua recorre la tierra.
Por eso mi pueblo se vuelve a ellos
y se bebe sus palabras.
Ellos dicen: "¿Es que Dios lo va a saber,
se va a enterar el Altísimo?"
Así son los malvados:
siempre seguros, acumulan riquezas.

Antífona 2: Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.

II

Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón
y he lavado en la inocencia mis manos?
¿Para qué aguanto yo todo el día
y me corrijo cada mañana?
Si yo dijera: "Voy a hablar con ellos",
renegaría de la estirpe de tus hijos.
Meditaba yo para entenderlo,
pero me resultaba muy difícil;
hasta que entré en el misterio de Dios,
y comprendí el destino de ellos.
Es verdad: los pones en el resbaladero,
los precipitas en la ruina;
en un momento causan horror,
y acaban consumidos de espanto.
Como un sueño al despertar, Señor,
al despertarte desprecias sus sombras.

Antífona 3: Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden. (T. P. Aleluya).

III

Cuando mi corazón se agriaba
y me punzaba mi interior,
yo era un necio y un ignorante,
yo era un animal ante ti.
Pero yo siempre estaré contigo,
tú agarras mi mano derecha,
me guías según tus planes,
y me llevas a un destino glorioso.
¿No te tengo a ti en el cielo?
Y contigo, ¿qué me importa la tierra?
Se consumen mi corazón y mi carne
por Dios, mi lote perpetuo.
Sí: los que se alejan de ti se pierden;
tú destruyes a los que te son infieles.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios,
hacer del Señor mi refugio,
y contar todas tus acciones
en las puertas de Sión.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro del profeta Zacarías 8, 1-17. 20-23

PROMESA DE PAZ Y SALVACIÓN UNIVERSAL QUE PROVENDRÁN DE JERUSALÉN

Vino la palabra del Señor en estos términos:
«Así dice el Señor de los ejércitos: Siento gran celo por Sión, gran cólera en favor de
ella. Volveré a Sión y habitaré en medio de Jerusalén. Jerusalén será llamada de nuevo:
"Ciudad fiel", y el monte del Señor de los ejércitos: "Monte santo".
Así dice el Señor de los ejércitos: De nuevo se sentarán en las calles de Jerusalén
ancianos y ancianas que se apoyan en sus bastones. Las calles de Jerusalén se llenarán de
muchachos y muchachas que jugarán en la calle. Si el resto del pueblo lo encuentra
imposible para aquellos días, ¿será también imposible a mis ojos? -oráculo del Señor de
los ejércitos-.
Así dice el Señor de los ejércitos: Yo libertaré a mi pueblo del país de oriente y del país
de occidente, y los traeré para que habiten en medio de Jerusalén. Ellos serán mi pueblo y
yo seré su Dios con verdad y con justicia.
Así dice el Señor de los ejércitos: Fortaleced vuestras manos los que escuchasteis aquel
día esta palabra de boca de los profetas, el día en que colocaron la primera piedra para
construir el templo del Señor. Antes de aquel día, hombres y animales no recibían su paga,
no había paz para los que iban y venían, a causa del enemigo, y yo excitaba a unos contra
otros. Pero ahora no trataré como en días pasados al resto de este pueblo -oráculo del
Señor de los ejércitos-: la siembra está segura, la vid dará su fruto, la tierra da cosechas,
los cielos envían rocío, y todo lo daré en posesión al resto de este pueblo. Así como
fuisteis maldición de las naciones, Judá e Israel, así os salvaré y seréis bendición. No
temáis, cobrad ánimo.
Así dice el Señor de los ejércitos: Como decretaba desgracias contra vosotros, cuando
me irritaban vuestros padres, y no me arrepentía de ello, así me compadeceré en aquellos
días y decretaré bienes para Judá y Jerusalén. ¡No temáis! Esto es lo que debéis cumplir:
decid la verdad al prójimo, juzgad rectamente en los tribunales, que nadie maquine en su
corazón contra el prójimo, no tengáis afición por jurar en falso. Porque yo detesto todas
estas cosas -oráculo del Señor-.
Esto dice el Señor de los ejércitos: Vendrán pueblos y habitantes de grandes ciudades.
Y los habitantes de una ciudad irán a la otra, diciendo: "Vamos a implorar al Señor, a
buscar al Señor de los ejércitos." "Yo también voy contigo." Y vendrán pueblos numerosos

y naciones poderosas a adorar al Señor de los ejércitos en Jerusalén y a implorar su
protección.
Así dice el Señor de los ejércitos: En aquellos días, diez hombres de todas las lenguas
del mundo asirán a un judío por la orla de su manto y le dirán: "Queremos ir con vosotros,
pues hemos oído decir que Dios está con vosotros."»

Responsorio Za 8, 7. 9; Hch 3, 25

R. Así dice el Señor de los ejércitos: Yo libertaré a mi pueblo del país de oriente y del país
de occidente. * Fortaleced vuestras manos los que escuchasteis aquel día esta palabra de
boca de los profetas.
V. Vosotros sois hijos de los profetas y de la alianza que estableció Dios con vuestros
padres.
R. Fortaleced vuestras manos los que escuchasteis aquel día esta palabra de boca de los
profetas.

Segunda Lectura

Del tratado de san Gregorio de Nisa, obispo, sobre el perfecto modelo del cristiano

(PG 46, 254-255) EL CRISTIANO ES OTRO CRISTO

Pablo, mejor que nadie, conocía a Cristo y enseñó, con sus obras, cómo deben ser los
que de él han recibido su nombre, pues lo imitó de una manera tan perfecta que mostraba
en su persona una reproducción del Señor, ya que, por su gran diligencia en imitarlo, de
tal modo estaba identificado con el mismo ejemplar, que no parecía ya que hablara Pablo,
sino Cristo, tal como dice él mismo, perfectamente consciente de su propia perfección:
Tendréis la prueba que buscáis de que Cristo habla por mi. Y también dice: Vivo yo, pero
no soy yo, es Cristo quien vive en mi.
Él nos hace ver la gran virtualidad del nombre de Cristo, al afirmar que Cristo es la
fuerza y sabiduría de Dios, al llamarlo paz y luz inaccesible en la que habita Dios,
expiación, redención, gran sacerdote, Pascua, propiciación de las almas, irradiación de la
gloria e impronta de la substancia del Padre, por quien fueron hechos los siglos, comida y
bebida espiritual, piedra y agua, fundamento de la fe, piedra angular, imagen del Dios
invisible, gran Dios, cabeza del cuerpo que es la Iglesia, primogénito de la nueva creación,
primicias de los que han muerto, primogénito de entre los muertos, primogénito entre
muchos hermanos, mediador entre Dios y los hombres, Hijo unigénito coronado de gloria
y de honor, Señor de la gloria, origen de las cosas, rey de justicia y rey de paz, rey de
todos, cuyo reino no conoce fronteras.
Estos nombres y otros semejantes le da, tan numerosos que no pueden contarse.
Nombres cuyos diversos significados, si se comparan y relacionan entre sí, nos descubren
el admirable contenido del nombre de Cristo y nos revelan, en la medida en que nuestro
entendimiento es capaz, su majestad inefable.
Por lo cual, puesto que la bondad de nuestro Señor nos ha concedido una participación
en el más grande, el más divino y el primero de todos los nombres, al honrarnos con el
nombre de "cristianos", derivado del de Cristo, es necesario que todos aquellos nombres
que expresan el significado de esta palabra se vean reflejados también en nosotros, para
que el nombre de "cristianos" no aparezca como una falsedad, sino que demos testimonio
del mismo con nuestra vida.

Responsorio Sal 5, 12; 88, 16-17

R. Que se alegren, Señor, los que se acogen a ti, con júbilo eterno; protégelos, para que
se llenen de gozo * los que aman tu nombre.
V. Caminarán, ¡oh Señor!, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día.
R. Los que aman tu nombre.

Oración

Oremos:

Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás
dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro
Señor Jesucristo.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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