Oficio de Lectura - MIÉRCOLES XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2024

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, miércoles, 19 de junio de 2024. Otras celebraciones del día: SAN ROMUALDO, ABAD .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Adoremos al Señor, creador nuestro.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Con entrega, Señor, a ti venimos,
escuchar tu palabra deseamos;
que el Espíritu ponga en nuestros labios
la alabanza al Padre de los cielos.
Se convierta en nosotros la palabra
en la luz que a los hombres ilumina,
en la fuente que salta hasta la vida,
en el pan que repara nuestras fuerzas;
en el himno de amor y de alabanza
que se canta en el cielo eternamente,
y en la carne de Cristo se hizo canto
de la tierra y del cielo juntamente.
Gloria a ti, Padre nuestro, y a tu Hijo,
el Señor Jesucristo, nuestro hermano,
y al Espíritu Santo, que, en nosotros,
glorifica tu nombre por los siglos. Amén.

Salmodia

Antífona 1: La misericordia y fidelidad te preceden, Señor. (T. P. Aleluya).

Salmo 88, 2-38

LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR SOBRE LA CASA DE DAVID

Según lo prometido, Dios sacó de la descendencia de David un Salvador, Jesús (Hech 13, 22-23).

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: "Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad".
Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
"te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades".
El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos?
Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean.
Tú domeñas la soberbia del mar
y amansas la hinchazón del oleaje;
tú traspasaste y destrozaste a Rahab,
tu brazo potente desbarató al enemigo.
Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;
tú cimentaste el orbe y cuanto contiene;
tú has creado el norte y el sur,
el Tabor y el Hermón aclaman tu nombre.
Tienes un brazo poderoso:
fuerte es tu izquierda y alta tu derecha.
Justicia y derecho sostienen tu trono,
misericordia y fidelidad te preceden.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo.
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey.

Antífona 2: El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David. (T. P. Aleluya).

II

Un día hablaste en visión a tus amigos:
"He ceñido la corona a un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.
Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso;
no lo engañará el enemigo
ni los malvados lo humillarán;
ante él desharé a sus adversarios
y heriré a los que lo odian.
Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán
por mi nombre crecerá su poder:
extenderé su izquierda hasta el mar,
y su derecha hasta el Gran Río.
Él me invocará: "Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora";
y lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el cielo".

Antífona 3: Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo». (T. P. Aleluya).

III

"Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis mandatos,
castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus culpas;
pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad,
no violaré mi alianza
ni cambiaré mis promesas.
Una vez juré por mi santidad
no faltar a mi palabra con David:
"Su linaje será perpetuo,
y su trono como el sol en mi presencia,
como la luna, que siempre permanece:
su solio será más firme que el cielo".

Lecturas

Primera Lectura

Comienza el libro del profeta Ageo 1, 1-2, 10

EXHORTACIÓN A LA RECONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO. GLORIA DEL TEMPLO FUTURO

El año segundo del rey Darío, el día primero del sexto mes, vino la palabra del
Señor, por medio del profeta Ageo, a Zorobabel, gobernador de Judá e hijo de Salatiel,
y a Josué, sumo sacerdote e hijo de Josadac:
«Así dice el Señor: Este pueblo anda diciendo: "Todavía no es tiempo de reconstruir el
templo." ¿De modo que para vosotros sí es tiempo de vivir en casas artesonadas mientras
el templo está en ruinas?
Pues ahora -dice el Señor de los ejércitos-meditad vuestra situación: Sembrasteis
mucho y cosechasteis poco, comisteis sin saciaros, bebisteis sin apagar la sed, os
vestisteis sin abrigaros, y el que trabaja a sueldo recibe la paga en bolsa rota.
Así dice el Señor: Meditad en vuestra situación: Subid al monte, traed madera,
construid el templo; yo lo aceptaré gustoso y mostraré en él mi gloria -dice el Señor-
Emprendisteis mucho y resultó poco, metisteis en casa y lo aventé; ¿por qué? -dice el
Señor de los ejércitos-. A causa de mi templo que está en ruinas mientras cada cual
disfruta de su casa. Por eso el cielo os rehúsa el rocío, la tierra os rehúsa los frutos; envié
una sequía sobre la tierra y los montes, sobre trigo, vino y aceite, sobre las cosechas del
campo, sobre hombres y ganados, sobre el trabajo de las manos.»
Lo escucharon Zorobabel, hijo de Salatiel, y Josué hijo de Josadac y sumo sacerdote, y
todo el resto del pueblo escuchó la voz del Señor y las palabras del profeta Ageo, enviado
a ellos por el Señor su Dios; y el pueblo temió al Señor. Y dijo Ageo, mensajero del Señor,
en virtud del mensaje del Señor, al pueblo:
«Yo estoy con vosotros -oráculo del Señor-.»
El Señor movió el ánimo de Zorobabel, hijo de Salatiel y gobernador de Judá, y el
ánimo de Josué, hijo de Josadac y sumo sacerdote, y el del resto del pueblo; vinieron,
pues, y emprendieron el trabajo del templo del Señor de los ejércitos, su Dios, el día
veinticuatro del sexto mes del año segundo del reinado de Darío.
El día veintiuno del séptimo mes vino la palabra del Señor por medio del profeta Ageo:
«Di a Zorobabel, hijo de Salatiel y gobernador de Judá, y a Josué, hijo de Josadac y
sumo sacerdote, y al resto del pueblo: ¿Quién entre vosotros vive todavía de los que
vieron este templo en su esplendor primitivo?
¿Y qué veis vosotros ahora? ¿No es como nada ante vuestros ojos?
Mas ahora, ¡ten ánimo, Zorobabel! -oráculo del Señor-; ¡ánimo, Josué, hijo de Josadac y
sumo sacerdote¡; ¡ánimo, pueblo entero! -oráculo del Señor-; a la obra que yo estoy con
vosotros -oráculo del Señor de los ejércitos-. La palabra pactada con vosotros cuando
salíais de Egipto y mi espíritu habitan con vosotros: no temáis.
Así dice el Señor: Todavía un poco más, y agitaré cielo y tierra, mar y continentes;
pondré en movimiento los pueblos, vendrán las riquezas de todo el mundo y llenaré de

gloria este templo -dice el Señor de los ejércitos-. Mía es la plata y mío es el oro -dice el
Señor de los ejércitos-. La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero y
en este sitio daré la paz -oráculo del Señor de los ejércitos-.»

Responsorio Ag 1, 8; Is 56, 7

R. Subid al monte y construid el templo, * y yo lo aceptaré gustoso -dice el Señor-.
V. Mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos.
R. Y yo lo aceptaré gustoso -dice el Señor-.

Segunda Lectura

Del tratado de san Cipriano, obispo y mártir, sobre el Padrenuestro
(Caps. 13-15: CSEL 3, 275-278)

VENGA A NOSOTROS TU REINO, HÁGASE TU VOLUNTAD

Prosigue la oración que comentamos: Venga a nosotros tu reino. Pedimos que se haga
presente en nosotros el reino de Dios, del mismo modo que suplicamos que su nombre
sea santificado en nosotros. Porque no hay un solo momento en que Dios deje de reinar,
ni puede empezar lo que siempre ha sido y nunca dejará de ser. Pedimos a Dios que
venga a nosotros nuestro reino que tenemos prometido, el que Cristo nos ganó con su
sangre y su pasión, para que nosotros, que antes servimos al mundo, tengamos después
parte en el reino de Cristo, como él nos ha prometido, con aquellas palabras: Venid
vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la
creación del mundo.
También podemos entender, hermanos muy amados, este reino de Dios, cuya venida
deseamos cada día, en el sentido de la misma persona de Cristo, cuyo próximo
advenimiento es también objeto de nuestros deseos. Él es la resurrección, ya que en él
resucitaremos, y por esto podemos identificar el reino de Dios con su persona, ya que en
él hemos de reinar. Con razón, pues, pedimos el reino de Dios, esto es, el reino celestial,
porque existe también un reino terrestre. Pero el que ya ha renunciado al mundo está por
encima de los honores y del reino de este mundo.
Pedimos a continuación: Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, no en el
sentido de que Dios haga lo que quiera, sino de que nosotros seamos capaces de hacer lo
que Dios quiere. ¿Quién, en efecto, puede impedir que Dios haga lo que quiere? Pero a
nosotros sí que el diablo puede impedirnos nuestra total sumisión a Dios en sentimientos y
acciones; por esto pedimos que se haga en nosotros la voluntad de Dios, y para ello
necesitamos de la voluntad de Dios, es decir, de su protección y ayuda, ya que nadie
puede confiar en sus propias fuerzas, sino que la seguridad nos viene de la benignidad y
misericordia divinas. Además, el Señor, dando pruebas de la debilidad humana, que él
había asumido, dice: Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mi ese cáliz, Y, para
dar ejemplo a sus discípulos de que hay que anteponer la voluntad de Dios a la propia,
añade: Pero, no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.
La voluntad de Dios es la que Cristo cumplió y enseñó. La humildad en la conducta, la
firmeza en la fe, el respeto en las palabras, la rectitud en las acciones, la misericordia en
las obras, la moderación en las costumbres; el no hacer agravio a los demás y tolerar los
que nos hacen a nosotros, el conservar la paz con nuestros hermanos; el amar al Señor de
todo corazón, amarlo en cuanto Padre, temerlo en cuanto Dios; el no anteponer nada a
Cristo, ya que él nada antepuso a nosotros; el mantenernos inseparablemente unidos a su
amor, el estar junto a su cruz con fortaleza y confianza; y, cuando está en juego su
nombre y su honor, el mostrará en nuestras palabras la constancia de la fe que
profesamos, en los tormentos, la confianza con que luchamos y, en la muerte, la paciencia

que nos obtiene la corona. Esto es querer ser coherederos de Cristo, esto es cumplir el
precepto de Dios y la voluntad del Padre.

Responsorio Mt 7, 21; Mc 3, 35

R. El que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, * ése entrará en el reino de los cielos.
V. El que hace la voluntad de Dios es mi hermano y mi hermana y mi madre.
R. Ése entrará en el reino de los cielos.

Oración

Oremos:

Oh Dios, fuerza de los que en ti esperan, escucha nuestras súplicas y, puesto que el
hombre es frágil y sin ti nada puede, concédenos la ayuda de tu gracia, para observar tus
mandamientos y agradarte con nuestros deseos y acciones. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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