Oficio de Lectura - LUNES XIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, lunes, 29 de junio de 2026. Otras celebraciones del día: SAN PEDRO Y SAN PABLO, APÓSTOLES .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Dios de la tierra y del cielo,
que, por dejarlas más claras,
las grandes aguas separas,
pones un límite al cielo.
Tú que das cauce al riachuelo
y alzas la nube a la altura,
tú que, en cristal de frescura,
sueltas las aguas del río
sobre las tierras de estío,
sanando su quemadura,
danos tu gracia, piadoso,
para que el viejo pecado
no lleve al hombre engañado
a sucumbir a su acoso.
Hazlo en la fe luminoso,
alegre en la austeridad,
y hágalo tu claridad
salir de sus vanidades;
dale, Verdad de verdades,
el amor a tu verdad. Amén.

Salmodia

Antífona 1: Sálvame, Señor, por tu misericordia. (T. P. Aleluya).

Salmo 6

ORACIÓN DEL AFLIGIDO QUE ACUDE A DIOS

Ahora mi alma está agitada... Padre, líbrame de esta hora (Jn 12, 27).

Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con cólera.
Misericordia, Señor, que desfallezco;
cura, Señor, mis huesos dislocados.
Tengo el alma en delirio,
y tú, Señor, ¿hasta cuándo?
Vuélvete, Señor, liberta mi alma,
sálvame por tu misericordia.
Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,
y en el abismo, ¿quién te alabará?
Estoy agotado de gemir:
de noche lloro sobre el lecho,
riego mi cama con lágrimas.
Mis ojos se consumen irritados,
envejecen por tantas contradicciones.
Apartaos de mí, los malvados,
porque el Señor ha escuchado mis sollozos;
el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi oración.
Que la vergüenza abrume a mis enemigos,
que avergonzados huyan al momento.

Antífona 2: El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro. (T. P. Aleluya).

Salmo 9 A

ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA

De nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos.

I

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus maravillas;
me alegro y exulto contigo,
y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo.
Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y perecieron ante tu rostro.
Defendiste mi causa y mi derecho,
sentado en tu trono como juez justo.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para siempre su apellido.
El enemigo acabó en ruina perpetua,
arrasaste sus ciudades y se perdió su nombre.
Dios está sentado por siempre
en el trono que ha colocado para juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con rectitud.
Él será refugio del oprimido,
su refugio en los momentos de peligro.
Confiarán en ti los que conocen tu nombre,
porque no abandonas a los que te buscan.

Antífona 3: Narraré tus hazañas en las puertas de Sión. (T. P. Aleluya).

II

Tañed en honor del Señor, que reside en Sión;
narrad sus hazañas a los pueblos;
él venga la sangre, él recuerda
y no olvida los gritos de los humildes.
Piedad, Señor; mira cómo me afligen mis enemigos;
levántame del umbral de la muerte,
para que pueda proclamar tus alabanzas
y gozar de tu salvación en las puertas de Sión.
Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron,
su pie quedó prendido en la red que escondieron.
El Señor apareció para hacer justicia,
y se enredó el malvado en sus propias acciones.
Vuelvan al abismo los malvados,
los pueblos que olvidan a Dios.
Él no olvida jamás al pobre,
ni la esperanza del humilde perecerá.
Levántate, Señor, que el hombre no triunfe:
sean juzgados los gentiles en tu presencia.
Señor, infúndeles terror,
y aprendan los pueblos que no son más que hombres.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro de Nehemías 5, 1-19

NEHEMIAS LIBERA AL PUEBLO DE LA OPRESIÓN DE LOS PODEROSOS

En aquellos días, la gente sencilla, sobre todo las mujeres, empezaron a protestar
fuertemente contra sus hermanos judíos. Unos decían:
«Tenemos muchos hijos e hijas; que nos den trigo para comer y seguir con vida.»
Otros:
«Pasamos tanta hambre, que tenemos que hipotecar nuestros campos, viñedos y casas
para conseguir trigo.»
Y otros:
«Hemos tenido que pedir dinero prestado para pagar el impuesto real. Somos iguales
que nuestros hermanos, nuestros hijos son como los suyos, y, sin embargo, debemos
entregar como esclavos a nuestros hijos e hijas; a algunas de ellas incluso las han
deshonrado, sin que podamos hacer nada, porque nuestros campos y viñas están en
manos ajenas.»
Cuando me enteré de sus protestas y de lo que sucedía, me indigné y, sin poder
contenerme, me encaré con los nobles y las autoridades. Les dije:
«Os estáis portando con vuestros hermanos como usureros.»
Convoqué contra ellos una asamblea general, y les dije:
«Nosotros, en la medida de nuestras posibilidades, rescatamos a nuestros hermanos
judíos vendidos a los paganos. Y vosotros vendéis a vuestros hermanos para que luego
nos los vendan a nosotros.»
Se quedaron cortados, sin respuesta, y yo seguí:
«No está bien lo que hacéis. Sólo respetando a nuestro Dios evitaréis el desprecio de
nuestros enemigos, los paganos. También yo, mis hermanos y mis criados les hemos
prestado dinero y trigo. Olvidemos esa deuda. Devolvedles hoy mismo sus campos, viñas,
olivares y casas, y perdonadles el dinero, el trigo, el vino y el aceite que les habéis
prestado.»
Respondieron:
«Se lo devolveremos sin exigir nada. Haremos lo que dices.»
Entonces, llamé a los sacerdotes y les hice jurar que harían seguir esta promesa.
Luego, me despojé de mi manto, diciendo:
«Así despoje Dios de su casa y de sus bienes al que no cumpla su palabra, y que se
quede despojado y sin nada.»
Toda la asamblea respondió:
«Amén.»
Y alabó al Señor. El pueblo cumplió lo prometido.
Dicho sea de paso, desde el día en que me nombraron gobernador de Judá, cargo que
ocupé durante doce años, desde el veinte hasta el treinta y dos del rey Artajerjes, ni yo ni
mis hermanos comimos a expensas del cargo. Los gobernadores anteriores gravaban al
pueblo, exigiéndole cada día cuarenta siclos de plata en concepto de pan y vino, y
también sus servidores oprimían a la gente. Pero yo no obré así por respeto al Señor.
Además, trabajé personalmente en la muralla, aunque yo no era terrateniente, y todos
mis criados se pasaban el día en la obra. A mi mesa se sentaban ciento cincuenta nobles y
consejeros, sin contar los que venían de los países vecinos. Cada día se aderezaba un
toro, seis ovejas escogidas y aves; cada diez días encargaba vino de todas clases en
abundancia. Y, a pesar de esto, nunca reclamé la manutención de gobernador, porque
bastante agobiado estaba ya el pueblo.
Dios mío, acuérdate, para mi bien, de todo lo que hice por esta gente.

Responsorio Sal 11, 6; Is 3, 15

R. «Por la opresión del humilde, por el gemido del pobre, * yo me levantaré», dice el
Señor.
V. ¿Por qué trituráis a mi pueblo y aplastáis el rostro de los desvalidos?

R. «Yo me levantaré», dice el Señor.

Segunda Lectura

De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 47, Sobre las ovejas, 1. 2. 3. 6: CCL 41, 572-573 575-576)

EL SEÑOR ES NUESTRO DIOS, Y NOSOTROS SU PUEBLO EL REBAÑO QUE ÉL GUÍA

Las palabras que hemos cantado expresan nuestra convicción de que somos rebaño deDios: Él es nuestro Dios, creador nuestro. Él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el
rebaño que él guía. Los pastores humanos tienen unas ovejas que no han hecho ellos,
apacientan un rebaño que no han creado ellos. En cambio, nuestro Dios y Señor, porque
es Dios y creador, se hizo él mismo las ovejas que tiene y apacienta. No fue otro quien las
creó y él las apacienta, ni es otro quien apacienta las que él creó.
Por tanto, ya que hemos reconocido en este cántico que somos sus ovejas, su pueblo y
el rebaño que él guía, oigamos qué es lo que nos dice a nosotros, sus ovejas. Antes
hablaba a los pastores, ahora a las ovejas. Por eso, nosotros lo escuchábamos, antes, con
temor, vosotros, en cambio, seguros.
¿Cómo lo escucharemos en estas palabras de hoy? ¿Quizá al revés, nosotros seguros y
vosotros con temor? No, ciertamente. En primer lugar porque, aunque somos pastores, el
pastor no sólo escucha con temor lo que se dice a los pastores, sino también lo que se
dice a las ovejas. Si escucha seguro lo que se dice a las ovejas, es por que no se preocupa
por las ovejas. Además, ya os dijimos entonces que en nosotros hay que considerar dos
cosas: una, que somos cristianos; otra, que somos guardianes. Nuestra condición de
guardianes nos coloca entre los pastores, con tal de que seamos buenos. Por nuestra
condición de cristianos, somos ovejas igual que vosotros. Por lo cual, tanto si el Señor
habla a los pastores como si habla a las ovejas, tenemos que escuchar siempre con temor
y con ánimo atento.
Oigamos, pues, hermanos, en qué reprende el Señor a las ovejas descarriadas y qué es
lo que promete a sus ovejas. Y vosotros -dice-, sois mis ovejas. En primer lugar, si
consideramos, hermanos, qué gran felicidad es ser rebaño de Dios, experimentaremos una
gran alegría, aun en medio de estas lágrimas y tribulaciones. Del mismo de quien se dice:
Pastor de Israel, se dice también: No duerme ni reposa el guardián de Israel. Él vela,
pues, sobre nosotros, tanto si estamos despiertos como dormidos. Por esto, si un rebaño
humano está seguro bajo la vigilancia de un pastor humano, cuán grande no ha de ser
nuestra seguridad, teniendo a Dios por pastor, no sólo porque nos apacienta, sino también
porque es nuestro creador.
Y a vosotras -dice-, mis ovejas, así dice el Señor Dios: "Voy a juzgar entre oveja y
oveja, entre carnero y macho cabrío". ¿A qué vienen aquí los machos cabríos en el rebaño
de Dios? En los mismos pastos, en las mismas fuentes, andan mezclados los machos
cabríos, destinados a la izquierda, con las ovejas, destinadas a la derecha, y son tolerados
los que luego serán separados. Con ello se ejercita la paciencia de las ovejas, a imitaciónde la paciencia de Dios. Él es quien separará después, unos a la izquierda, otros a la
derecha.

Responsorio Jn 10, 27-28; Ez 341 15

R. Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy vida eterna; *
nunca jamás perecerán, ni nadie las arrebatará de mis manos.
V. Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a reposar.
R. Nunca jamás perecerán, ni nadie las arrebatará de mis manos.

Oración

Oremos:

Padre de bondad, que por la gracia de la adopción nos has hecho hijos de la luz;
concédenos vivir fuera de las tinieblas del error y permanecer siempre en el esplendor de
la verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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