El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, martes, 14 de julio de 2026. Otras celebraciones del día: SAN CAMILO DE LELIS, PRESBÍTERO .
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antifona: Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.
Invitación a la alabanza divina
Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
(Se repite la antífona)
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
(Se repite la antífona)
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
(Se repite la antífona)
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
(Se repite la antífona)
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
(Se repite la antífona)
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
(Se repite la antífona)
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
(Se repite la antífona)
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Entrada solemne de Dios en su templo
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
(Se repite la antífona)
—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
(Se repite la antífona)
—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
(Se repite la antífona)
—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Alabemos a Dios que, en su Palabra,
nos revela el designio salvador,
y digamos en súplica confiada:
«Renuévame por dentro, mi Señor.»
No cerremos el alma a su llamada
ni dejemos que arraigue el desamor;
aunque dura es la lucha, su palabra
será bálsamo suave en el dolor.
Caminemos los días de esta vida
como tiempo de Dios y de oración;
él es fiel a la alianza prometida:
«Si eres mi pueblo, yo seré tu Dios.»
Tú dijiste, Jesús, que eras camino
para llegar al Padre sin temor;
concédenos la gracia de tu Espíritu
que nos lleve al encuentro del Señor. Amén.
Antífona 1: Se levanta Dios, y huyen de su presencia los que lo odian. (T. P. Aleluya).
Salmo 67
ENTRADA TRIUNFAL DEL SEÑOR
Subiendo a la altura, llevó cautivos y dio dones a los hombres (Ef 4, 8).
Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios.
En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor,
alfombrad el camino del que avanza por el desierto;
su nombre es el Señor:
alegraos en su presencia.
Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece;
sólo los rebeldes
se quedan en la tierra abrasada.
Oh Dios, cuando salías al frente de tu pueblo
y avanzabas por el desierto,
la tierra tembló, el cielo destiló
ante Dios, el Dios del Sinaí;
ante Dios, el Dios de Israel.
Derramaste en tu heredad, oh Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh Dios, preparó para los pobres.
Antífona 2: Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. (T. P. Aleluya).
II
El Señor pronuncia un oráculo,
millares pregonan la alegre noticia:
"los reyes, los ejércitos van huyendo, van huyendo;
las mujeres reparten el botín.
Mientras reposabais en los apriscos,
las palomas batieron sus alas de plata,
el oro destellaba en sus plumas.
Mientras el Todopoderoso dispersaba a los reyes,
la nieve bajaba sobre el Monte Umbrío".
Las montañas de Basán son altísimas,
las montañas de Basán son escarpadas;
¿por qué tenéis envidia, montañas escarpadas,
del monte escogido por Dios para habitar,
morada perpetua del Señor?
Los carros de Dios son miles y miles:
Dios marcha del Sinaí al santuario.
Subiste a la cumbre llevando cautivos,
te dieron tributo de hombres:
incluso los que se resistían
a que el Señor Dios tuviera una morada.
Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.
Dios aplasta las cabezas de sus enemigos,
los cráneos de los malvados contumaces.
Dice el Señor: "Los traeré desde Basán,
los traeré desde el fondo del mar;
teñirás tus pies en la sangre del enemigo
y los perros la lamerán con sus lenguas".
Antífona 3: Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor. (T. P. Aleluya).
III
Aparece tu cortejo, oh Dios,
el cortejo de mi Dios, de mi Rey,
hacia el santuario.
Al frente, marchan los cantores;
los últimos, los tocadores de arpa;
en medio, las muchachas van tocando panderos.
"En el bullicio de la fiesta, bendecid a Dios,
al Señor, estirpe de Israel".
Va delante Benjamín, el más pequeño;
los príncipes de Judá con sus tropeles;
los príncipes de Zabulón,
los príncipes de Neftalí.
Oh Dios, despliega tu poder,
tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su tributo.
Reprime a la fiera del cañaveral,
al tropel de los toros,
a los novillos de los pueblos.
Que se te rindan con lingotes de plata:
dispersa las naciones belicosas.
Lleguen los magnates de Egipto,
Etiopía extienda sus manos a Dios.
Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor,
que avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz poderosa:
"reconoced el poder de Dios".
Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder sobre las nubes.
Desde el santuario, Dios impone reverencia:
es el Dios de Israel
quien da fuerza y poder a su pueblo.
¡Dios sea bendito!
Del libro de Job 3, 1-26
LAMENTACIÓN DE JOB
Entonces Job abrió sus labios y maldijo el día de su nacimiento, diciendo:
«¡Perezca el día en que nací, la noche que dijo: "Se ha concebido un varón"!
Que ese día se vuelva tinieblas, que Dios desde lo alto no se ocupe de él, que sobre él
no brille la luz, que lo reclamen las tinieblas y las sombras, que la niebla se pose sobre él,
que un eclipse lo aterrorice, que se apodere de esa noche la oscuridad, que no se sume a
los días del año, que no entre en la cuenta de los meses; que esa noche quede estéril y
cerrada a los gritos de júbilo, que la maldigan los que maldicen el Océano, los que
entienden de conjurar al Leviatán; que se velen las estrellas de su aurora, que espere la
luz en vano y no vea el parpadear de la alborada; porque no me cerró las puertas del
vientre de mi madre, ni escondió a mis ojos tanta miseria.
¿Por qué al salir del vientre no morí, o perecí al salir de las entrañas? ¿Por qué me
recibió un regazo y unos pechos me dieron de mamar?
Ahora dormiría tranquilo, descansaría en paz, lo mismo que los reyes de la tierra que se
alzan mausoleos, o como los nobles que amontonan oro y plata en sus palacios.
Ahora sería un aborto enterrado, una criatura que no llegó a ver la luz. Allí acaba el
tumulto de los malvados, allí reposan los que están rendidos, con ellos descansan los
cautivos sin oír la voz del capataz; se confunden los pequeños y los grandes y el esclavo
se libra de su amo.
¿Para qué dar la luz a un desgraciado y vida al que la pasa en amargura; al que ansía la
muerte que no llega y escarba buscándola anhelante, como se buscan los tesoros
escondidos; al que se alegraría ante la tumba y gozaría al recibir la sepultura; al hombre
que no encuentra su camino porque Dios le ha cerrado las salidas?
Por alimento tengo mis sollozos, como el agua se derraman mis gemidos; lo que más
temía me sucede, lo que más me aterraba me acontece. No tengo paz ni calma ni
descanso, y vivo entre continuos sobresaltos.»
R. Por alimento tengo mis sollozos, como el agua se derraman mis gemidos; lo que más
temía me sucede, lo que más me aterraba me acontece, * y vivo entre continuos
sobresaltos.
V. Ya no encuentro apoyo alguno en mí, se me ha ido lejos toda ayuda.
R. Y vivo entre continuos sobresaltos.
Del tratado de san Ambrosio, obispo, sobre los misterios
(Núms. 12-16. 19: SC 25 bis, 162-164)
TODO LES SUCEDÍA COMO UN EJEMPLO
Te enseña el Apóstol que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, y todos
atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar. Y en el
cántico de Moisés leemos: Sopló tu aliento y los cubrió el mar. Te das cuenta de que el
paso del mar Rojo por los hebreos era ya una figura del santo bautismo, ya que en él
murieron los egipcios y escaparon los hebreos. Esto mismo nos enseña cada día este
sacramento, a saber, que en él queda sumergido el pecado y destruido el error, y en
cambio la piedad y la inocencia lo atraviesan indemnes.
Oyes cómo nuestros padres estuvieron bajo la nube, y una nube ciertamente
beneficiosa, ya que refrigeraba los ardores de las pasiones carnales; la nube que loscubría era el Espíritu Santo. Él vino después sobre la Virgen María, y la virtud del Altísimo
la cubrió con su sombra, cuando engendró al Redentor del género humano. Y aquel
milagro en tiempo de Moisés aconteció en figura. Si, pues, en la figura estaba el Espíritu,
¿no estará en la verdad, siendo así que la Escritura te enseña que la ley se dio por medio
de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo?
El agua de Mara era amarga, pero Moisés echó en ella un madero y se volvió dulce. De
modo semejante, el agua, sin la proclamación de la cruz del Señor, no sirve en absoluto
para la salvación; pero cuando ha sido consagrada por el misterio de la cruz salvadora,
entonces se vuelve apta para el baño espiritual y para la bebida saludable. Pues del mismo
modo que Moisés, el profeta, echó un madero en aquella agua, así ahora el sacerdote
echa en ésta la proclamación de la cruz del Señor y el agua se vuelve dulce para la gracia.
No creas, pues, solamente lo que ven tus ojos corporales; más segura es la visión de lo
invisible, porque lo que se ve es temporal, lo que no se ve eterno. La visión interna de la
mente es superior a la mera visión ocular.
Finalmente, aprende lo que te enseña una lectura del libro de los Reyes. Naamán era
sirio y estaba leproso, sin que nadie pudiera curarlo. Entonces, una jovencita de entre los
cautivos explicó que en Israel había un profeta que podía limpiarlo de la infección de lalepra. Naamán, habiendo tomado oro y plata, se fue a ver al rey de Israel. Éste, al saber
el motivo de su venida, rasgó sus vestiduras, diciendo que le buscaban querella al pedirle
una cosa que no estaba en su regio poder. Pero Eliseo mandó decir al rey que le enviase al
sirio, para que supiera que había un Dios en Israel. Y, cuando vino a él, le mandó que se
sumergiera siete veces en el río Jordán. Entonces Naamán empezó a decirse a sí mismo
que eran mejores las aguas de los ríos de su patria, en los cuales se había bañado muchas
veces sin que lo hubiesen limpiado de su lepra, y se marchaba de allí sin hacer lo que le
había dicho el profeta. Pero sus siervos lo persuadieron por fin y se bañó, y, al verse
curado, entendió al momento que lo que purifica no es el agua sino el don de Dios.
Él dudó antes de ser curado; pero tú, que ya estás curado, no debes dudar.
R. Sacó el Señor como un rebaño a su pueblo, los condujo seguros, sin alarmas; *
mientras el mar cubría a sus enemigos.
V. Todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar.
R. Mientras el mar cubría a sus enemigos.
Oremos:
Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados para que puedan
volver al buen camino, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este
nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.