Oficio de Lectura - VIERNES VIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, viernes, 29 de mayo de 2026.

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: El Señor es bueno, bendecid su nombre.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

¡Qué hermosos son los pies
del que anuncia la paz a sus hermanos!
¡Y qué hermosas las manos
maduras en el surco y en la mies!
Grita lleno de gozo,
pregonero, que traes noticias buenas:
se rompen las cadenas,
y el sol de Cristo brilla esplendoroso.
Grita sin miedo, grita,
y denuncia a mi pueblo sus pecados;
vivimos engañados,
pues la belleza humana se marchita.
Toda yerba es fugaz,
la flor del campo pierde sus colores;
levanta sin temores,
pregonero, tu voz dulce y tenaz.
Si dejas los pedazos
de tu alma enamorada en el sendero,
¡qué dulces, mensajero,
qué hermosos, qué divinos son tus pasos! Amén.

Salmodia

Antífona 1: Nuestros padres nos contaron el poder del Señor y las maravillas que realizó. (T. P. Aleluya).

Salmo 77, 1-39

BONDAD DE DIOS E INFIDELIDAD DEL PUEBLO A TRAVÉS DE LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

Estas cosas sucedieron en figura para nosotros (1 Cor 10, 6).

I

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado.
Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
no lo ocultaremos a sus hijos,
lo contaremos a la futura generación:
las alabanzas del Señor, su poder,
las maravillas que realizó;
porque él estableció una norma para Jacob,
dio una ley a Israel.
Él mandó a nuestros padres
que lo enseñaran a sus hijos,
para que lo supiera la generación siguiente;
los hijos que nacieran después.
Que surjan y lo cuenten a sus hijos,
para que pongan en Dios su confianza
y no olviden las acciones de Dios,
sino que guarden sus mandamientos;
para que no imiten a sus padres,
generación rebelde y pertinaz;
generación de corazón inconstante,
de espíritu infiel a Dios.
Los arqueros de la tribu de Efraín
volvieron la espalda en la batalla;
no guardaron la alianza de Dios,
se negaron a seguir su ley,
echando en olvido sus acciones,
las maravillas que les había mostrado,
cuando hizo portentos a vista de sus padres,
en el país de Egipto, en el campo de Soán:
hendió el mar para darles paso,
sujetando las aguas como muros;
los guiaba de día con una nube,
de noche con el resplandor del fuego;
hendió la roca en el desierto,
y les dio a beber raudales de agua;
sacó arroyos de la peña,
hizo correr las aguas como ríos.

Antífona 2: Los hijos comieron el maná y bebieron de la roca espiritual que los seguía. (T. P. Aleluya).

II

Pero ellos volvieron a pecar contra él,
y en el desierto se rebelaron contra el Altísimo:
tentaron a Dios en sus corazones,
pidiendo una comida a su gusto;
hablaron contra Dios: "¿podrá Dios
preparar una mesa en el desierto?
Él hirió la roca, brotó agua
y desbordaron los torrentes;
pero ¿podrá también darnos pan,
proveer de carne a su pueblo?"
Lo oyó el Señor, y se indignó;
un fuego se encendió contra Jacob,
hervía su cólera contra Israel,
porque no tenían fe en Dios
ni confiaban en su auxilio.
Pero dio orden a las altas nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste;
y el hombre comió pan de ángeles,
les mandó provisiones hasta la hartura.
Hizo soplar desde el cielo el levante,
y dirigió con su fuerza el viento sur;
hizo llover carne como una polvareda,
y volátiles como arena del mar;
los hizo caer en mitad del campamento,
alrededor de sus tiendas.
Ellos comieron y se hartaron,
así satisfizo su avidez;
pero, con la avidez recién saciada,
con la comida aún en la boca,
la ira de Dios hirvió contra ellos:
mató a los más robustos,
doblegó a la flor de Israel.

Antífona 3: Se acordaron de que Dios era su roca y su redentor. (T. P. Aleluya).

III

Y, con todo, volvieron a pecar,
y no dieron fe a sus milagros:
entonces consumió sus días en un soplo,
sus años en un momento;
y, cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios Altísimo su redentor.
Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza.
Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor;
acordándose de que eran de carne,
un aliento fugaz que no torna.

Lecturas

Primera Lectura

De la segunda carta a los Corintios 11, 30-12,13

EL APÓSTOL SE GLORÍA DE SU DEBILIDAD

Hermanos: Si es preciso gloriarse, me gloriaré de mi debilidad. El Dios y Padre de
Jesús, el Señor -que sea bendito por siempre jamás-, sabe que no miento. En Damasco, el
etnarca del rey Aretas había puesto guardia en la ciudad con el propósito de apoderarse
de mí; yo tuve que ser descolgado por una ventana muralla abajo, metido en una
espuerta. Así escapé de sus manos.
¿Continuaré gloriándome? En verdad no hay por qué; pero voy a recurrir a las visiones
y revelaciones del Señor. Sé de un hombre que vive en Cristo, que hace catorce años fue
arrebatado al tercer cielo (no sabría decir si en su cuerpo o fuera de su cuerpo, Dios lo
sabe); y puedo decir que este hombre fue arrebatado al paraíso (si en su cuerpo o fuera
de su cuerpo, no lo sé Dios lo sabe) y oyó cosas inefables, que a un hombre no le es
permitido proferir. De este hombre sí me gloriaré; pero de lo que soy por mí mismo, sólo
me gloriaré de mis debilidades. Que si yo realmente pretendiera vanagloriarme, no haría el
fatuo, porque diría la verdad. Pero me abstengo, para que nadie forme de mí un concepto
superior a lo que en mí ve, o a lo que de mí oye hablar.

Y para que no me enorgullezca por la sublimidad de esas revelaciones, me ha sido dada
una espina en mi cuerpo, un emisario de Satanás, para que me abofetee a fin de que no
me envanezca. Tres veces pedí al Señor que lo alejase de mí, pero él me dijo: «Te basta
mi gracia, que en la debilidad se muestra perfecto mi poder.» Así que muy a gusto
presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso vivo
contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y
las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. Me he
hecho el fatuo. Vosotros me habéis obligado.
Yo necesitaba que vosotros mismos me acreditaseis una y otra vez, pues, aunque no
soy nada, en ninguna cosa he sido inferior a esos «superapóstoles». Y de veras que
manifesté entre vosotros las señales de un apóstol verdadero: una paciencia probada en
todos los sufrimientos, signos, prodigios y milagros. ¿Qué cosa habéis tenido de menos
que las otras Iglesias, si no es la de no haber sido yo una carga para vosotros?
¡Perdonadme este agravio!

Responsorio Cf. 2 Co 12, 9; 4, 7

R. Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo,
* pues el poder de Dios se muestra perfecto en nuestra debilidad.
V. Llevamos este tesoro en vasos de barro para que aparezca evidente que la
extraordinaria grandeza del poder es de Dios.
R. Pues el poder de Dios se muestra perfecto en nuestra debilidad.

Segunda Lectura

De los tratados morales de san Gregorio Magno, papa, sobre el libro de Job
(Libro 10, 47-48: PL 75, 946-947)

EL TESTIGO INTERIOR

El que es el hazmerreír de su vecino, como lo soy yo, llamará a Dios, y éste lo
escuchará. Muchas veces nuestra débil alma, cuando recibe por sus buenas acciones el
halago de los aplausos humanos, se desvía hacia los goces exteriores, posponiendo las
apetencias espirituales, y se complace, con un abandono total, en las alabanzas que le
llegan de fuera, encontrando así mayor placer en ser llamada dichosa que en serlo
realmente. Y así, embelesada por las alabanzas que escucha, abandona lo que había
comenzado. Y aquello qué había de serle un motivo de alabanza en Dios se le convierte en
causa de separación de él.
Otras veces, por el contrario, la voluntad se mantiene firme en el bien obrar, y, sin
embargo, sufre el ataque de las burlas de los hombres; hace cosas admirables, y recibe a
cambio desprecios; de este modo, pudiendo salir fuera de sí misma por las alabanzas, al
ser rechazada por la afrenta, vuelve a su interior, y allí se afinca más sólidamente en Dios,
al no encontrar descanso fuera. Entonces pone toda su esperanza en el Creador y frente al
ataque de las burlas, implora solamente la ayuda del testigo interior; así, el alma afligida,
rechazada por el favor de los hombres, se acerca más a Dios; se refugia totalmente en la
oración, y las dificultades que halla en lo exterior hacen que se dedique con más pureza a
penetrar las cosas del espíritu.
Con razón, pues, se afirma aquí: El que es el hazmerreír de su vecino, como lo soy yo,
llamará a Dios, y éste lo escuchará, porque los malvados, al reprobar a los buenos,
demuestran con ello cuál es el testigo que buscan de sus actos. En cambio, el alma del
hombre recto, al buscar en la oración el remedio a sus heridas, se hace tanto más
acreedora a ser escuchada por Dios cuanto más rechazada se ve de la aprobación de los
hombres.

Hay que notar, empero, cuán acertadamente se añaden aquellas palabras: Como lo soy
yo; porque hay algunos que son oprimidos por las burlas de los hombres y, sin embargo,
no por eso Dios los escucha. Pues, cuando la burla tiene por objeto alguna acción
culpable, entonces no es ciertamente ninguna fuente de mérito.
El hombre honrado y cabal es el hazmerreír. Lo propio de la sabiduría de este mundo es
ocultar con artificios lo que siente el corazón, velar con las palabras lo que uno piensa,
presentar lo falso como verdadero, y lo verdadero como falso.
La sabiduría de los hombres honrados, por el contrario, consiste en evitar la ostentación
y el fingimiento, en manifestar con las palabras su interior, en amar lo verdadero tal cual
es, en evitar lo falso, en hacer el bien gratuitamente, en tolerar el mal de buena gana,
antes que hacerlo; en no quererse vengar de las injurias, en tener como ganancia los
ultrajes sufridos por causa de la justicia. Pero esta honradez es el hazmerreír, porque los
sabios de este mundo consideran una tontería la virtud de la integridad. Ellos tienen por
una necedad el obrar con rectitud, y la sabiduría según la carne juzga una insensatez toda
obra conforme a la verdad.

Responsorio 1 Co 10, 1-2. 11. 3-4

R. Nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, y todos atravesaron el mar; todos
fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; * todas estas cosas les acontecían en
figura.
V. Todos comieron el mismo manjar espiritual, y todos bebieron de la misma espiritual
bebida.
R. Todas estas cosas les acontecían en figura.

Oración

Oremos:

Concédenos tu ayuda, Señor, para que el mundo progrese, según tus designios, gocen las
naciones de una paz estable y tu Iglesia se alegre de poder servirte con una entrega
confiada y pacífica. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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