Oficio de Lectura - MIÉRCOLES XII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, miércoles, 24 de junio de 2026. Otras celebraciones del día: NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Pues busco, debo encontrar;
pues llamo, débenme abrir;
pues pido, me deben dar;
pues amo, débeme amar
aquel que me hizo vivir.
¿Calla? Un día me hablará.
¿Pasa? No lejos irá.
¿Me pone a prueba? Soy fiel.
¿Pasa? No lejos irá:
pues tiene alas mi alma, y va
volando detrás de él.
Es poderoso, mas no
podrá mi amor esquivar;
invisible se volvió,
mas ojos de lince yo
tengo y le habré de mirar.
Alma, sigue hasta el final
en pos del Bien de los bienes,
y consuélate en tu mal
pensando con fe total:
¿Le buscas? ¡Es que lo tienes! Amén.

Salmodia

Antífona 1: Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. (T. P. Aleluya).

Salmo 102

¡BENDICE, ALMA MÍA, AL SEÑOR!

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto (Lc 1, 78).

I

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura;
él sacia de bienes tus anhelos,
y como un águila
se renueva tu juventud.
El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.

Antífona 2: Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles. (T. P. Aleluya).

II

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen
nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre
siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro.
Los días del hombre
duran lo que la hierba,
florecen como flor del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a verla.

Antífona 3: Bendecid al Señor, todas sus obras. (T. P. Aleluya).

III

Pero la misericordia del Señor
dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus mandatos.
El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes,
prontos a la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, ejércitos suyos,
servidores que cumplís sus deseos.
Bendecid al Señor, todas sus obras,
en todo lugar de su imperio.
¡Bendice, alma mía, al Señor!

Lecturas

Primera Lectura

Del libro del profeta Esdras 7, 6-28

MISIÓN DEL SACERDOTE ESDRAS

En aquellos días, Esdras subió de Babilonia. Era un letrado experto en la ley que dio el
Señor, Dios de Israel, por medio de Moisés. El rey le concedió todo lo que pedía, porque el
Señor, su Dios, estaba con él.
El año séptimo del rey Artajerjes, subieron a Jerusalén algunos israelitas, sacerdotes,
levitas, cantores, porteros y donados. Llegaron a Jerusalén en el mes quinto del año
séptimo del rey. El día uno del primer mes decidió salir de Babilonia y el día uno del quinto
mes llegó a Jerusalén, con la ayuda de Dios, porque Esdras se había dedicado a estudiar
la ley del Señor, para cumplirla y para enseñar a Israel sus mandatos y preceptos.
Copia del documento que entregó el rey Artajerjes a Esdras, sacerdote-letrado,
especialista en los preceptos del Señor y en sus mandatos a Israel:
«Artajerjes, rey de reyes, al sacerdote Esdras, doctor en la ley del Dios del cielo, paz
perfecta, etc. Dispongo que mis súbditos israelitas, incluidos sus sacerdotes y levitas, que
deseen ir a Jerusalén puedan ir contigo. El rey y sus siete consejeros te envían para ver
cómo se cumple en Judá y Jerusalén la ley de tu Dios, que te han confiado, y para llevar la
plata y el oro que el rey y sus consejeros han ofrecido voluntariamente al Dios de Israel,
que habita en Jerusalén, además de la plata y el oro que recojas en la provincia de
Babilonia y de los dones que ofrezcan el pueblo y los sacerdotes al templo de su Dios en
Jerusalén. Emplea exactamente ese dinero en comprar novillos, cameros y corderos, con
las oblaciones y libaciones correspondientes, y ofrécelos en el altar del templo dedicado a
vuestro Dios en Jerusalén. El oro y la plata que sobren lo emplearéis como mejor os
parezca a ti y a tus hermanos, de acuerdo con la voluntad de vuestro Dios. Los objetos
que te entreguen para el culto del templo de tu Dios los pondrás al servicio de Dios en
Jerusalén. Cualquier otra cosa que necesites para el templo te la proporcionarán en la
tesorería real.
Yo, el rey Artajerjes, ordeno a todos los tesoreros de Transeufratina que entreguen
puntualmente a Esdras, sacerdote, doctor en la ley del Dios del cielo, todo lo que les pida,
hasta un total de cien talentos de plata, cien cargas de trigo, cien medidas de vino y cien
de aceite; la sal, sin restricciones. Hágase puntualmente todo lo que ordene el Dios del
cielo con respecto a su templo, para que no se irrite contra el reino, el rey y sus hijos. Y os
hacemos saber que todos los sacerdotes, levitas, cantores, porteros, donados y servidores
de esa casa de Dios están exentos de impuesto, contribución y peaje.
Tú, Esdras, con esa prudencia que Dios te ha dado, nombra magistrados y jueces que
administren justicia a todo tu pueblo de Transeufratina, es decir, a todos los que conocen
la ley de tu Dios, y a los que no la conocen, enséñasela.
Al que no cumpla exactamente la ley de Dios y la orden del rey, que se le condene a
muerte, o al destierro, o a pagar una multa, o a la cárcel.»
Bendito sea el Señor, Dios de nuestros padres, que movió al rey a dotar el templo de
Jerusalén y me granjeó su favor, el de sus consejeros y el de las autoridades militares.
Animado al ver que el Señor, mi Dios, me ayudaba, reuní a algunos israelitas importantes
para que subiesen conmigo.

Responsorio Dn 3, 52; Esd 7, 27. 28

R. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres: * a ti gloria y alabanza por los siglos.
V. Bendito sea el Señor que movió al rey y me granjeó su favor.
R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

Segunda Lectura

Del tratado del beato Elredo, abad, sobre la amistad espiritual
(Libro 3: PL 195, 692-693)

LA AMISTAD VERDADERA ES PERFECTA Y CONSTANTE

Jonatán, aquel excelente joven, sin atender a su estirpe regia y a su futura sucesión en
el trono, hizo un pacto con David y, equiparando el siervo al Señor, precisamente cuando
huía de su padre, cuando estaba escondido en el desierto, cuando estaba condenado a
muerte, destinado a la ejecución, lo antepuso a sí mismo, abajándose a sí mismo y
ensalzándolo a él: Tú -le dice-serás el rey, y yo seré tu segundo.
¡Oh preclarísimo espejo de amistad verdadera! ¡Cosa admirable! El rey estaba
enfurecido con su siervo y concitaba contra él a todo el país, como a un rival de su reino;
asesina a los sacerdotes, basándose en la sola sospecha de traición; inspecciona los
bosques, busca por los valles, asedia con su ejército los montes y peñascos, todos se
comprometen a vengar la indignación regia; sólo Jonatán, el único que podía tener algún
motivo de envidia, juzgó que tenía que oponerse a su padre y ayudar a su amigo,
aconsejarlo en tan gran adversidad y, prefiriendo la amistad al reino, le dice: Tú serás el
rey, y yo seré tu segundo. Y fíjate cómo el padre de este adolescente lo provocaba a
envidia contra su amigo, agobiándolo con reproches, atemorizándolo con amenazas,
recordándole que se vería despojado del reino y privado de los honores.
Y, habiendo pronunciado Saúl sentencia de muerte contra David, Jonatán no traicionó asu amigo. ¿Por qué va a morir David? ¿Qué ha hecho? Él se jugó la vida cuando mató al
filisteo; bien que te alegraste al verlo. ¿Por qué ha de morir? El rey, fuera de sí al oír estas
palabras, intenta clavar a Jonatán en la pared con su lanza llenándolo además de
improperios: ¡Hijo de perdida -le dice-; ya sabía yo que estabas confabulado con él, para
vergüenza tuya y de tu madre! Y, a continuación, vomita todo el veneno que llevaba
dentro, intentando salpicar con él el pecho del joven, añadiendo aquellas palabras capaces
de incitar su ambición, de fomentar su envidia, de provocar su emulación y su amargor:
Mientras el hijo de Jesé esté vivo sobre la tierra, tu reino no estará seguro.
¿A quién no hubieran impresionado estas palabras? ¿A quién no le hubiesen provocado
a envidia? Dichas a cualquier otro, estas palabras hubiesen corrompido, disminuido y
hecho olvidar el amor, la benevolencia y la amistad. Pero aquel joven, lleno de amor, no
cejó en su amistad, y permaneció fuerte ante las amenazas, paciente ante las injurias,
despreciando, por su amistad, el reino, olvidándose de los honores, pero no de su
benevolencia. Tú -dice-serás el rey, y yo seré tu segundo.
Ésta es la verdadera, la perfecta, la estable y constante amistad: la que no se deja
corromper por la envidia; la que no se enfría por las sospechas; la que no se disuelve por
la ambición; la que, puesta a prueba de esta manera, no cede; la que, a pesar de tantos
golpes, no cae; la que, batida por tantas injurias, se muestra inflexible; la que provocada
por tantos ultrajes, permanece inmóvil. Anda, pues, haz tú lo mismo.

Responsorio Sir 6, 14. 17

R. El amigo fiel es un refugio seguro; * el que lo encuentra, encuentra un tesoro.
V. El que teme a Dios encontrará al amigo fiel: según es él, así será su amigo.
R. El que lo encuentra, encuentra un tesoro.

Oración

Oremos:

Concédenos vivir siempre, Señor, en el amor y respeto a tu santo nombre, porque jamás
dejas de dirigir a quienes estableces en el sólido fundamento de tu amor. Por nuestro
Señor Jesucristo.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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