Oficio de Lectura - VIERNES IV SEMANA DE CUARESMA 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, viernes, 20 de marzo de 2026.

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1
  • Himno 2

Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.

Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.

Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.

Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida es su vida, su Amor es su amor
serían un día su gracia y su don.

Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

Para los sábados

Dame tu mano, María,
la de las tocas moradas;
clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí, en mi torpe mejilla,
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.
Déjame que te restañe
ese llanto cristalino
y a la vera del camino
permite que te acompañe.
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo,
donde tu fruto se mustia.
Capitana de la angustia:
no quiero que sufras tanto.
Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
"No, mi Niño, no. No hay quien
de mis brazos te desuna".
Y rayos tibios de luna,
entre las pajas de miel,
le acariciaban la piel
sin despertarle. ¡Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emmanuel! Amén

Salmodia

Antífona 1: Nuestros padres nos contaron el poder del Señor y las maravillas que realizó. (T. P. Aleluya).

Salmo 77, 1-39

BONDAD DE DIOS E INFIDELIDAD DEL PUEBLO A TRAVÉS DE LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

Estas cosas sucedieron en figura para nosotros (1 Cor 10, 6).

I

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado.
Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
no lo ocultaremos a sus hijos,
lo contaremos a la futura generación:
las alabanzas del Señor, su poder,
las maravillas que realizó;
porque él estableció una norma para Jacob,
dio una ley a Israel.
Él mandó a nuestros padres
que lo enseñaran a sus hijos,
para que lo supiera la generación siguiente;
los hijos que nacieran después.
Que surjan y lo cuenten a sus hijos,
para que pongan en Dios su confianza
y no olviden las acciones de Dios,
sino que guarden sus mandamientos;
para que no imiten a sus padres,
generación rebelde y pertinaz;
generación de corazón inconstante,
de espíritu infiel a Dios.
Los arqueros de la tribu de Efraín
volvieron la espalda en la batalla;
no guardaron la alianza de Dios,
se negaron a seguir su ley,
echando en olvido sus acciones,
las maravillas que les había mostrado,
cuando hizo portentos a vista de sus padres,
en el país de Egipto, en el campo de Soán:
hendió el mar para darles paso,
sujetando las aguas como muros;
los guiaba de día con una nube,
de noche con el resplandor del fuego;
hendió la roca en el desierto,
y les dio a beber raudales de agua;
sacó arroyos de la peña,
hizo correr las aguas como ríos.

Antífona 2: Los hijos comieron el maná y bebieron de la roca espiritual que los seguía. (T. P. Aleluya).

II

Pero ellos volvieron a pecar contra él,
y en el desierto se rebelaron contra el Altísimo:
tentaron a Dios en sus corazones,
pidiendo una comida a su gusto;
hablaron contra Dios: "¿podrá Dios
preparar una mesa en el desierto?
Él hirió la roca, brotó agua
y desbordaron los torrentes;
pero ¿podrá también darnos pan,
proveer de carne a su pueblo?"
Lo oyó el Señor, y se indignó;
un fuego se encendió contra Jacob,
hervía su cólera contra Israel,
porque no tenían fe en Dios
ni confiaban en su auxilio.
Pero dio orden a las altas nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste;
y el hombre comió pan de ángeles,
les mandó provisiones hasta la hartura.
Hizo soplar desde el cielo el levante,
y dirigió con su fuerza el viento sur;
hizo llover carne como una polvareda,
y volátiles como arena del mar;
los hizo caer en mitad del campamento,
alrededor de sus tiendas.
Ellos comieron y se hartaron,
así satisfizo su avidez;
pero, con la avidez recién saciada,
con la comida aún en la boca,
la ira de Dios hirvió contra ellos:
mató a los más robustos,
doblegó a la flor de Israel.

Antífona 3: Se acordaron de que Dios era su roca y su redentor. (T. P. Aleluya).

III

Y, con todo, volvieron a pecar,
y no dieron fe a sus milagros:
entonces consumió sus días en un soplo,
sus años en un momento;
y, cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios Altísimo su redentor.
Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza.
Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor;
acordándose de que eran de carne,
un aliento fugaz que no torna.

Versículo

V. Convertíos al Señor, vuestro Dios.
R. Porque es compasivo y misericordioso.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro de los Números 9, 15-10, 10. 33-36

LA COLUMNA DE NUBE

En aquellos días, cuando los israelitas montaban la Tienda, la nube cubría el santuario
sobre la Tienda de la Alianza, y desde el atardecer al amanecer se veía sobre el santuario
una especie de fuego. Así sucedía siempre: la nube lo cubría y de noche se veía una
especie de fuego. Cuando se levantaba la nube sobre la Tienda, los israelitas se ponían en
marcha. Y donde se detenía la nube, acampaban. A la orden del Señor se ponían en
marcha y a la orden del Señor acampaban. Mientras estaba la nube sobre el santuario,
acampaban. Y, si se quedaba muchos días sobre el santuario, los israelitas, respetando la
prohibición del Señor, no se ponían en marcha.
A veces la nube se quedaba pocos días sobre el santuario; entonces, a la orden del
Señor acampaban y a la orden del Señor se ponían en marcha. Otras veces se quedaba
desde el atardecer hasta el amanecer, y, cuando al amanecer se levantaba, se ponían en
marcha. 0 se quedaba un día y una noche, y, cuando se levantaba, se ponían en marcha.
A veces se quedaba sobre el santuario dos días o un mes o más tiempo aún; durante este
tiempo los israelitas seguían acampados sin ponerse en marcha. Sólo cuando se levantaba
se ponían en marcha. A la orden del Señor acampaban y a la orden del Señor se ponían
en marcha. Respetaban la orden del Señor comunicada por Moisés.
El Señor dijo a Moisés: «Haz dos trompetas de plata labrada para convocar a la
comunidad y poner en marcha el campamento. Al toque de las dos trompetas se reunirá
contigo toda la comunidad a la entrada de la Tienda de Reunión. Al toque de una sola, se
reunirán contigo los jefes de clanes. Al primer toque agudo se pondrán en movimiento los
que acampan al este. Al segundo, los que acampan al sur. Se les dará un toque para que
se pongan en marcha. Para convocar a la asamblea se dará un toque, pero no agudo.
Se encargarán de tocar las trompetas los sacerdotes aaronitas. Es ley perpetua para
vuestras generaciones. Cuando en vuestro territorio salgáis a luchar contra el enemigo que
os oprima, tocaréis a zafarrancho. Y el Señor, vuestro Dios, se acordará de vosotros y os
salvará de Vuestros enemigos. También los días de fiesta, festividades y principios de mes
tocaréis las trompetas anunciando los holocaustos y sacrificios de comunión. Y vuestro
Dios se acordará de vosotros. Yo soy el Señor, vuestro Dios.»
Los israelitas partieron del monte del Señor y anduvieron por espacio de tres días.
Durante todo el tiempo el arca de la alianza del Señor marchaba al frente de ellos,

buscándoles un lugar donde descansar. Desde que se pusieron en marcha, la nube del
Señor iba sobre ellos. Cuando el arca se ponía en marcha, Moisés decía: «¡Levántate,
Señor! Que se dispersen tus enemigos, huyan de tu presencia los que te odian.»
Y, cuando se detenía el arca, decía: «Descansa, Señor, entre las multitudes de Israel.»

Responsorio Cf. Ne 9, 12; cf. Is 4, 5

R. Con columna de nube el Señor los guió de día, con columna de fuego por la noche, *
para alumbrar ante ellos el camino por donde habían de marchar.
V. Creó el Señor una nube de humo durante el día y un fuego llameante durante la noche.
R. Para alumbrar ante ellos el camino por donde habían de marchar.

Segunda Lectura

De las cartas pascuales de san Atanasio, obispo
(Carta 5, 1-2: PG 26, 1379-1380)

LA CELEBRACIÓN DE LA PASCUA JUNTA EN UNA MISMA FE A LOS QUE SE ENCUENTRAN CORPORALMENTE SEPARADOS

Vemos, hermanos míos, cómo vamos pasando de una fiesta a otra, de una celebración
a otra, de una solemnidad a otra. Ahora ha llegado aquel tiempo en que todo vuelve a
comenzar, a saber, el anuncio de la Pascua venerable, en la que el Señor fue inmolado.
Nosotros nos alimentamos, como de un manjar de vida, y deleitamos siempre nuestra
alma con la sangre preciosa de Cristo, como de una fuente; y, con todo, siempre estamos
sedientos de esa sangre, siempre sentimos un ardiente deseo de recibirla. Pero nuestro
Salvador está siempre a disposición de los sedientos y, por su benignidad, atrae a la
celebración del gran día a los que tienen sus entrañas sedientas, según aquellas palabras
suyas: El que tenga sed, que venga a mí y que beba.
No sólo podemos siempre acercarnos a saciar nuestra sed, sino que además, siempre
que lo pedimos, se nos concede acceso al Salvador. El fruto espiritual de esta fiesta no
queda limitado a un tiempo determinado, ni conoce el ocaso su radiante esplendor, sino
que está siempre a punto para iluminar las mentes que así lo desean. Goza de una
virtualidad ininterrumpida para con aquellos cuya mente está iluminada y que día y noche
están atentos al libro sagrado, como aquel hombre a quien el salmo proclama dichoso,
cuando dice: Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la
senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la
ley del Señor, y medita su ley día y noche. Ahora bien, el mismo Dios, amados hermanos,
que al principio instituyó para nosotros esta fiesta, nos ha concedido poderla celebrar cada
año; y el que entregó a su Hijo a la muerte por nuestra salvación nos otorga, por el mismo
motivo, la celebración anual de esta santa solemnidad. Esta fiesta nos sostiene en medio
de las miserias de este mundo; y ahora es cuando Dios nos comunica la alegría de la
salvación, que irradia de esta fiesta, ya que en todas partes nos reúne espiritualmente a
todos en una sola asamblea, haciendo que podamos orar y dar gracias todos juntos, como
es de ley en esta fiesta. Este es el prodigio de su bondad: que él reúne para celebrarla a
los que están lejos y junta en una misma fe a los que se encuentran corporalmente
separados.

Responsorio So 3, 8. 9; Jn 12, 32

R. Esperadme el día en que me levantaré como testigo —dice el Señor—; * entonces daré
a los pueblos labios puros, para que invoquen todos el nombre del Señor, para que le
sirvan unánimes.
V. Yo, cuando sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.

R. Entonces daré a los pueblos labios puros, para que invoquen todos el nombre del
Señor, para que le sirvan unánimes.

Oración

Oremos:

Señor, tú que en nuestra fragilidad nos ayudas con medios abundantes, concédenos recibir
con alegría la salvación que nos otorgas y manifestarla en nuestra propia vida. Por nuestro
Señor Jesucristo.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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