Oficio de Lectura - DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR 2020

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, domingo, 5 de abril de 2020. Otras celebraciones del día: SAN VICENTE FERRER, PRESBÍTERO .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos a Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!

Cantemos la nobleza de esta guerra,
el triunfo de la sangre y del madero;
y un Redentor, que en trance de Cordero,
sacrificado en cruz, salvó la tierra.

Dolido mi Señor por el fracaso
de Adán, que mordió muerte en la manzana,
otro árbol señaló, de flor humana,
que reparase el daño paso a paso.

Y así dijo el Señor: "¡Vuelva la Vida,
y que el Amor redima la condena!"
La gracia está en el fondo de la pena,
y la salud naciendo de la herida.

¡Oh plenitud del tiempo consumado!
Del seno de Dios Padre en que vivía,

ved la Palabra entrando por María
en el misterio mismo del pecado.

¿Quién vio en más estrechez gloria más plena,
y a Dios como el menor de los humanos?
Llorando en el pesebre, pies y manos
le faja una doncella nazarena.

En plenitud de vida y de sendero,
dio el paso hacia la muerte porque él quiso.
Mirad de par en par el paraíso
abierto por la fuerza de un Cordero.

Vinagre y sed la boca, apenas gime;
y, al golpe de los clavos y la lanza,
un mar de sangre fluye, inunda, avanza
por tierra, mar y cielo, y los redime.

Ablándate, madero, tronco abrupto
de duro corazón y fibra inerte;
doblégate a este peso y esta muerte
que cuelga de tus ramas como un fruto.

Tú, solo entre los árboles, crecido
para tender a Cristo en tu regazo;
tú, el arca que nos salva; tú, el abrazo
de Dios con los verdugos del Ungido.

Al Dios de los designios de la historia,
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
al que en la cruz devuelve la esperanza
de toda salvación, honor y gloria. Amén.

Salmodia

Antífona 1: Señor, Dios mío, te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.

Salmo 103

HIMNO AL DIOS CREADOR

El que es de Cristo es una criatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado (2 Co 5, 17).

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de ministro.
Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas;
pero a tu bramido huyeron,
al fragor de tu trueno se precipitaron,
mientras subían los montes y bajaban los valles:
cada cual al puesto asignado.
Trazaste una frontera que no traspasarán,
y no volverán a cubrir la tierra.
De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su sed;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto.

Antífona 2: El Señor saca pan de los campos, y vino para alegrar el corazón del hombre.

Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre.
Él saca pan de los campos,
y vino que le alegra el corazón;
y aceite que da brillo a su rostro,
y alimento que le da fuerzas.
Se llenan de savia los árboles del Señor,
los cedros del Líbano que él plantó:
allí anidan los pájaros,
en su cima pone casa la cigüeña.
Los riscos son para las cabras,
las peñas son madriguera de erizos.
Hiciste la luna con sus fases,
el sol conoce su ocaso.
Pones las tinieblas y viene la noche,
y rondan las fieras de la selva;
los cachorros rugen por la presa,
reclamando a Dios su comida.
Cuando brilla el sol, se retiran,
y se tumban en sus guaridas;
el hombre sale a sus faenas,
a su labranza hasta el atardecer.

Antífona 3: Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno.

III

Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin número,
animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves, y el Leviatán
que modelaste para que retoce.
Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes;
escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra.
Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras,
cuando él mira la tierra, ella tiembla;
cuando toca los montes, humean.
Cantaré al Señor mientras viva,
tocaré para mi Dios mientras exista:
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.
Que se acaben los pecadores en la tierra,
que los malvados no existan más.
¡Bendice, alma mía, al Señor!

Versículo

V. Cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra.
R. Atraeré a todos hacia mí.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro del profeta Jeremías 22, 1-9; 23, 1-8

INVECTIVA CONTRA LOS REYES PERVERSOS. PROMESA DE UN REY JUSTO, HIJO DE

DAVID
Así dice el Señor:
«Baja al palacio real de Judá y proclama allí lo siguiente: Escuchad la palabra del
Señor, rey de Judá, que ocupas el trono de David, y también tus ministros y el pueblo, que
entra por estas puertas: Así dice el Señor:
"Haced justicia y derecho, librad al oprimido de la mano del opresor; no abuséis del
forastero, del huérfano y de la viuda; no derraméis sangre inocente en este lugar.

Si cumplís estos mandatos, podréis entrar por estas puertas los reyes que ocupáis el
trono de Dios, montados en carros de caballos, acompañados de vuestros ministros y del
pueblo. Y, si no cumplís estos mandatos, juro por mí mismo —oráculo del Señor— que
este palacio se convertirá en ruinas. Pues así dice el Señor al palacio real de Judá:
Aunque fueras para mí como Galaad o la cumbre del Líbano, juro que haré de ti un
desierto, una ciudad deshabitada; consagraré a tus devastadores, cada uno con sus
armas, para que talen tus mejores cedros y los echen al fuego. Llegarán muchos pueblos
a esta ciudad, y se preguntarán unos a otros: '¿Por qué trató así el Señor a esta gran
ciudad?' Y responderán: Porque abandonaron la alianza del Señor, su Dios, y sirvieron y
adoraron a dioses extranjeros.
"¡Ay de los pastores que dispersan y extravían las ovejas de mi rebaño!" —oráculo del
Señor—. Pues así dice el Señor, Dios de Israel, a los pastores que pastorean a mi pueblo:
"Vosotros dispersasteis mis ovejas, las expulsasteis, no hicisteis cuenta de ellas; pues yo
os tomaré cuentas de vuestras malas acciones —oráculo del Señor—. Yo mismo reuniré el
resto de mis ovejas en todos los países adonde las expulsé, las volveré a traer a sus
dehesas, para que crezcan y se multipliquen. Les daré pastores que las pastoreen: no
temerán, ni se espantarán, ni se perderán —oráculo del Señor—.
Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que daré a David un vástago legítimo:
reinará como rey prudente, hará justicia y ejercerá el derecho en la tierra; en sus días se
salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: 'El—Señor—nuestra—
justicia'.
Mirad que llegan días —oráculo del Señor— en que ya no se dirá: 'Vive el Señor, que
sacó a los israelitas de Egipto', sino que se dirá: 'Vive el Señor, que sacó a la estirpe de
Israel del país del norte y de todos los países adonde los expulsó, y los trajo a sus tierras'.

Responsorio Za 9, 9: Jr 23, 5

R. Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén. Mira a tu Rey que viene a ti; *
modesto y cabalgando en un asno.
V. Reinará como rey prudente, hará justicia y ejercerá el derecho en la tierra.
R. Modesto y cabalgando en un asno.

Segunda Lectura

De los sermones de san Andrés de Creta, obispo
(Sermón 9 sobre el Domingo de Ramos: PG 97, 990-994)

BENDITO EL QUE VIENE, COMO REY, EN NOMBRE DEL SEÑOR

Venid, y al mismo tiempo que ascendemos al monte de los Olivos, salgamos al
encuentro de Cristo, que vuelve hoy de Betania y, por propia voluntad, se apresura hacia
su venerable y dichosa pasión, para llevar a plenitud el misterio de la salvación de los
hombres.
Porque el que va libremente hacia Jerusalén es el mismo que por nosotros, los
hombres, bajó del cielo, para levantar consigo a los que yacíamos en lo más profundo y
colocarnos, como dice la Escritura, por encima de todo principado, potestad, fuerza y
dominación, y por encima de todo nombre conocido.
Y viene, no como quien busca su gloria por medio de la fastuosidad y de la pompa. No
porfiará —dice—, no gritará, no voceará por las calles, sino que será manso y humilde, y
se presentará sin espectacularidad alguna.
Ea, pues, corramos a una con quien se apresura a su pasión, e imitemos a quienes
salieron a su encuentro. Y no para extender por el suelo, a su paso, ramos de olivo,
vestiduras o palmas, sino para prosternarnos nosotros mismos, con la disposición más

humillada de que seamos capaces y con el más limpio propósito, de manera que acojamos
al Verbo que viene, y así logremos captar a aquel Dios que nunca puede ser totalmente
captado por nosotros.
Alegrémonos, pues, porque se nos ha presentado mansamente el que es manso y que
asciende sobre el ocaso de nuestra ínfima vileza, para venir hasta nosotros y convivir con
nosotros, de modo que pueda, por su parte, llevarnos hasta la familiaridad con él.
Ya que, si bien se dice que, habiéndose incorporado las primicias de nuestra condición,
ascendió, con ese botín, sobre los cielos, hacia el oriente, es decir, según me parece, hacia
su propia gloria y divinidad, no abandonó, con todo, su propensión hacia el género
humano hasta haber sublimado al hombre, elevándolo progresivamente desde lo más
ínfimo de la tierra hasta lo más alto de los cielos.
Así es como nosotros deberíamos prosternarnos a los pies de Cristo, no poniendo bajo
sus pies nuestras túnicas o unas ramas inertes, que muy pronto perderían verdor, su fruto
y su aspecto agradable, sino revistiéndonos de su gracia, es decir, de él mismo, pues los
que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo. Así
debemos ponernos a sus pies como si fuéramos unas túnicas.
Y sí antes, teñidos como estábamos de la escarlata del pecado, volvimos a encontrar la
blancura de la lana gracias al saludable baño del bautismo, ofrezcamos ahora al vencedor
de la muerte no ya ramas de palma, sino trofeos de victoria.
Repitamos cada día aquella sagrada exclamación que los niños cantaban, mientras
agitamos los ramos espirituales del alma: Bendito el que viene, como rey, en nombre del
Señor.

Responsorio Jn 12, 12. 13; Mt 21, 8. 9

R. Cuando la multitud se enteró de que Jesús llegaba a Jerusalén, salió a su encuentro.
Un inmenso gentío iba tendiendo sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los
árboles y alfombraban con ellas el camino y gritaban: * «¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito
el que viene en nombre del Señor»
V. La muchedumbre que lo precedía y también la que iba detrás gritaban:
R. «¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!».

Oración

Oremos:

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste que nuestro Salvador se anonadase,
haciéndose hombre y muriendo en la cruz, para que todos nosotros imitáramos su ejemplo
de humildad, concédenos seguir las enseñanzas de su pasión, para que un día
participemos en su resurrección gloriosa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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