El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, domingo, 9 de agosto de 2026. Otras celebraciones del día: SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ (EDITH STEIN), RELIGIOSA Y MÁRTIR, PATRONA DE EUROPA .
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antifona: Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva. Aleluya.
Invitación a la alabanza divina
Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
(Se repite la antífona)
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
(Se repite la antífona)
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
(Se repite la antífona)
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
(Se repite la antífona)
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
(Se repite la antífona)
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
(Se repite la antífona)
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
(Se repite la antífona)
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
(Se repite la antífona)
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
(Se repite la antífona)
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
Entrada solemne de Dios en su templo
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
(Se repite la antífona)
—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
(Se repite la antífona)
—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
(Se repite la antífona)
—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
(Se repite la antífona)
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
(Se repite la antífona)
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
(Se repite la antífona)
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Primicias son del sol de su Palabra
las luces fulgurantes de este día;
despierte el corazón, que es Dios quien llama,
y su presencia es la que ilumina.
Jesús es el que viene y el que pasa
en Pascua permanente entre los hombres,
resuena en cada hermano su palabra,
revive en cada vida sus amores.
Abrid el corazón, es él quien llama
con voces apremiantes de ternura;
venid: habla, Señor, que tu palabra
es vida y salvación de quien la escucha.
El día del Señor, eterna Pascua,
que nuestro corazón inquieto espera,
en ágape de amor ya nos alcanza,
solemne memorial en toda fiesta.
Honor y gloria al Padre que nos ama,
y al Hijo que preside esta asamblea,
cenáculo de amor le sea el alma,
su Espíritu por siempre sea en ella. Amén.
Antífona 1: Día tras día, te bendeciré, Señor. Aleluya.
Salmo 144
HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS
Justo eres tú, Señor, el que es y el que era (Ap 16, 5).
I
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
Antífona 2: Tu reinado es un reinado perpetuo. Aleluya.
II
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;
explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.
Antífona 3: El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. Aleluya.†
III
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
† El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.
Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.
Comienza el libro del profeta Jonás 1, 1-2, 1. 11
VOCACIÓN, HUIDA Y NAUFRAGIO DE JONÁS
En aquellos días, el Señor dirigió la palabra a Jonás hijo de Amitay:
«Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama en ella que su maldad ha llegado
hasta mí.»
Se levantó Jonás para huir a Tarsis, lejos del Señor, bajó a Jafa y encontró un barco que
zarpaba para Tarsis; pagó el precio y embarcó para navegar con ellos a Tarsis, lejos del
Señor. Pero el Señor envió un viento impetuoso sobre el mar, se alzó una gran tormenta
en el mar, y la nave estaba a punto de naufragar. Temieron los marineros, e invocaba cada
cual a su dios. Arrojaron los pertrechos al mar, para aligerar la nave, mientras Jonás, que
había bajado a lo hondo de la nave, dormía profundamente. El capitán se le acercó y le
dijo:
«¿Por qué duermes? Levántate e invoca a tu Dios quizá se compadezca ese Dios de
nosotros, para que no perezcamos.»
Y decían unos a otros:
«Echemos suertes para ver por culpa de quién nos viene esta calamidad.»
Echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás. Le interrogaron:
«Dinos, ¿por qué nos sobreviene esta calamidad? ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes?
¿Cuál es tu país? ¿De qué pueblo eres?»
Él les contestó:
«Soy un hebreo, y adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme.»
Temieron grandemente aquellos hombres y le dijeron:
«¿Qué has hecho?»
Pues comprendieron que huía del Señor, por lo que él había declarado. Entonces, le
preguntaron:
«¿Qué haremos contigo para que se nos aplaque el mar?»
Porque el mar seguía embraveciéndose. Él contestó:
«Levantadme y arrojadme al mar, y el mar se os aplacará; pues sé que por mi culpa os
sobrevino esta terrible tormenta.»
Pero ellos remaban para alcanzar tierra firme, y no podían, porque el mar seguía
embraveciéndose. Entonces, invocaron al Señor, diciendo:
«¡Ah, Señor, que no perezcamos por culpa de este hombre, no nos hagas responsables
de una sangre inocente! Porque tú, Señor, obras como quieres.»
Levantaron, pues, a Jonás y lo arrojaron al mar; y el mar calmó su furia. Y aquellos
hombres temieron mucho al Señor. Ofrecieron un sacrificio al Señor y le hicieron votos.
El Señor envió un pez gigantesco para que se comiera a Jonás, y estuvo Jonás en el
vientre del pez tres días con sus noches. Entonces, el Señor dio orden al pez, que vomitó
a Jonás en tierra firme.
R. Como estuvo Jonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el Hijo
del hombre tres días y tres noches en el seno de la tierra. * Pero al tercer día resucitará.
V. El Hijo del hombre será entregado en manos de los pecadores, y lo matarán.
R. Pero al tercer día resucitará.
Del Diálogo de santa Catalina de Siena, virgen, sobre la divina providencia
(Cap. 4,13: edición latina, Ingolstadt 1583, ff. 19v-20)
CON LAZOS DE AMOR
Dulce Señor mío, vuelve generosamente tus ojos misericordiosos hacia este tu pueblo,
al mismo tiempo que hacia el cuerpo místico de tu Iglesia; porque será mucho mayor tu
gloria si te apiadas de la inmensa multitud de tus criaturas, que si sólo te compadeces de
mí, miserable, que tanto ofendí a tu Majestad. Y ¿cómo iba yo a poder consolarme,
viéndome disfrutar de la vida al mismo tiempo que tu pueblo se hallaba sumido en la
muerte, y contemplando en tu amable Esposa las tinieblas de los pecados, provocadas
precisamente por mis defectos y los de tus restantes criaturas?
Quiero, por tanto, y te pido como gracia singular, que la inestimable caridad que te
impulsó a crear al hombre a tu imagen y semejanza no se vuelva atrás ante esto. ¿Qué
cosa, o quién, te ruego, fue el motivo de que establecieras al hombre en semejante
dignidad? Ciertamente, nada que no fuera el amor inextinguible con el que contemplaste a
tu criatura en ti mismo y te dejaste cautivar de amor por ella. Pero reconozco
abiertamente que a causa de la culpa del pecado perdió con toda justicia la dignidad en
que la habías puesto.
A pesar de lo cual, impulsado por este mismo amor, y con el deseo de reconciliarte denuevo por gracia al género humano, nos entregaste la palabra de tu Hijo unigénito: Él fue
efectivamente el mediador y reconciliador entre nosotros y tú, y nuestra justificación, alcastigar y cargar sobre sí todas nuestras injusticias e iniquidades. Él lo hizo en virtud de la
obediencia que tú, Padre eterno, le impusiste, al decretar que asumiese nuestra
humanidad. ¡Inmenso abismo de caridad! ¿Puede haber un corazón tan duro que pueda
mantenerse entero y no partirse al contemplar el descenso de la infinita sublimidad hasta
lo más hondo de la vileza, como es la de la condición humana?
Nosotros somos tu imagen, y tú eres la nuestra, gracias a la unión que realizaste en el
hombre, al ocultar tu eterna deidad bajo la miserable nube e infecta masa de la carne de
Adán. Y esto, ¿por qué? No por otra causa que por tu inefable amor. Por este inmenso
amor es por el que suplico humildemente a tu Majestad, con todas las fuerzas de mi alma,
que te apiades con toda tu generosidad de tus miserables criaturas.
R. Voy a cantar la bondad y la justicia, para ti es mi música, Señor. * Caminaré por la
senda perfecta, ¿cuándo vendrás a mí?
V. Procederé con rectitud de corazón dentro de mi casa.
R. Caminaré por la senda perfecta, ¿cuándo vendrás a mí?
Se dice el Te Deum
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, a quien podemos llamar Padre, aumenta en nuestros
corazones el espíritu filial, para que merezcamos alcanzar la herencia prometida. Por
nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.