Oficio de Lectura - MARTES VI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para el día de mañana, martes, 17 de febrero de 2026. Otras celebraciones del día: LOS SIETE SANTOS FUNDADORES DE LA ORDEN DE LOS SIERVOS DE MARÍA .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos al Señor, Dios grande.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

¡Espada de dos filos
es, Señor, tu palabra!
Penetra como fuego
y divide la entraña.
¡Nada como tu voz,
es terrible tu espada!
¡Nada como tu aliento,
es dulce tu palabra!
Tenemos que vivir
encendida la lámpara,
que para virgen necia
no es posible la entrada.
No basta con gritar
sólo palabras vanas,
ni tocar a la puerta
cuando ya está cerrada.
Espada de dos filos
que me cercena el alma,
que hiere a sangre y fuego
esta carne mimada,
que mata los ardores
para encender la gracia.
Vivir de tus incendios,
luchar por tus batallas,
dejar por los caminos
rumor de tus sandalias.
¡Espada de dos filos
es, Señor, tu palabra! Amén.

Salmodia

Antífona 1: Encomienda tu camino al Señor, y él actuará. (T. P. Aleluya).

Salmo 36

LA VERDADERA Y LA FALSA FELICIDAD

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra (Mt 5, 4).

I

No te exasperes por los malvados,
no envidies a los que obran el mal:
se secarán pronto, como la hierba,
como el césped verde se agostarán.
Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón.
Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho como el mediodía.
Descansa en el Señor y espera en él,
no te exasperes por el hombre que triunfa
empleando la intriga:
cohibe la ira, reprime el coraje,
no te exasperes, no sea que obres mal;
porque los que obran mal son excluidos,
pero los que esperan en el Señor poseerán la tierra.
Aguarda un momento: desapareció el malvado,
fíjate en su sitio: ya no está;
en cambio, los sufridos poseen la tierra
y disfrutan de paz abundante.

Antífona 2: Apártate del mal y haz el bien, porque el Señor ama la justicia. (T. P. Aleluya).

II

El malvado intriga contra el justo,
rechina sus dientes contra él;
pero el Señor se ríe de él,
porque ve que le llega su hora.
Los malvados desenvainan la espada,
asestan el arco,
para abatir a pobres y humildes,
para asesinar a los honrados;
pero su espada les atravesará el corazón,
sus arcos se romperán.
Mejor es ser honrado con poco
que ser malvado en la opulencia;
pues al malvado se le romperán los brazos,
pero al honrado lo sostiene el Señor.
El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará siempre;
no se agostarán en tiempo de sequía,
en tiempo de hambre se saciarán;
pero los malvados perecerán,
los enemigos del Señor
se marchitarán como la belleza de un prado,
en humo se disiparán.
El malvado pide prestado y no devuelve,
el justo se compadece y perdona.
Los que el Señor bendice poseen la tierra,
los que él maldice son excluidos.
El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la mano.
Fui joven, ya soy viejo:
nunca he visto a un justo abandonado,
ni a su linaje mendigando el pan.
A diario se compadece y da prestado;
bendita será su descendencia.
Apártate del mal y haz el bien,
y siempre tendrás una casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus fieles.
Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se extinguirá;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre jamás.

Antífona 3: Confía en el Señor y sigue su camino. (T. P. Aleluya).

III

La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan.
El malvado espía al justo
e intenta darle muerte;
pero el Señor no lo entrega en sus manos,
no deja que lo condenen en el juicio.
Confía en el Señor, sigue su camino;
él te levantará a poseer la tierra,
y verás la expulsión de los malvados.
Vi a un malvado que se jactaba,
que prosperaba como un cedro frondoso;
volví a pasar, y ya no estaba;
lo busqué, y no lo encontré.
Observa al honrado, fíjate en el bueno:
su porvenir es la paz;
los impíos serán totalmente aniquilados,
el porvenir de los malvados quedará truncado.
El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los salva
porque se acogen a él.

Lecturas

Primera Lectura

De la primera carta a los Tesalonicenses 4, 1-17

VIDA SANTA Y ESPERANZA DE RESURRECCIÓN

Hermanos, os rogamos y exhortamos en Jesús, el Señor, a que viváis como conviene
para agradar a Dios, según aprendisteis de nosotros -cosa que ya hacéis-, y a que hagáis

nuevos progresos. A este propósito, ya conocéis los preceptos que os dimos en nombre de
Jesús, el Señor.
Ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación: que os abstengáis de la fornicación;
que sepa cada uno guardar su cuerpo santa y decorosamente, sin dejarse llevar de la
pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios; que nadie se exceda ni ofenda en
esta materia a su hermano, porque el vengador de todo esto es el Señor, según antes os
dijimos y os recalcamos, pues Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino sagrada.
Por tanto, quien estos preceptos desprecia no desprecia a un hombre, sino a Dios, que os
hizo donación de su Espíritu Santo.
Por lo que se refiere a la caridad fraterna, no tenéis necesidad de que os escribamos
nada, ya que Dios mismo os ha enseñado cómo habéis de amaros unos a otros. Y en
verdad que ya lo practicáis con todos los hermanos que viven en Macedonia entera. Con
todo, os exhortamos, hermanos, a progresar más y más, a poner vuestro afán en vivir en
paz, ocupándoos de vuestros asuntos, y a trabajar con vuestras propias manos, según os
lo recomendamos. Así viviréis dignamente a los ojos de los no cristianos y no tendréis
necesidad de la ayuda de nadie. No quisiéramos, hermanos, que desconocieseis la suerte
de los difuntos. Así no os afligiréis como los hombres sin esperanza. Porque, si creemos
que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios
los llevará con él.
Apoyándonos en la palabra del Señor, os declaramos lo siguiente: Nosotros, los que aún
vivimos, los que quedemos para la venida del Señor, no nos adelantaremos a los que
murieron. Porque el Señor mismo, a una orden, a la voz del arcángel y al sonido de la
trompeta divina, bajará del cielo y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar;
después, nosotros, los que aún vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados junto
con ellos entre nubes al encuentro del Señor por los aires. Y así estaremos siempre con el
Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Responsorio 1 Ts 4, 15; Mc 13, 27; cf. Mt 24, 31

R. El Señor mismo, a una orden, a la voz del arcángel y al sonido de la trompeta divina,
bajará del cielo; * y reunirá a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales y desde el
extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
V. Cuando venga el Hijo del hombre, enviará a sus ángeles con poderosas trompetas.
R. Y reunirá a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales y desde el extremo de la tierra
hasta el extremo del cielo.

Segunda Lectura

De los sermones de san Atanasio, obispo, contra los arrianos
(Sermón 2, 78. 81-82: PG 26, 311. 319)

EL CONOCIMIENTO DEL PADRE POR MEDIO DE LA SABIDURÍA CREADORA Y HECHA

CARNE
La Sabiduría unigénita y personal de Dios es creadora y hacedora de todas las cosas.
Todo -dice, en efecto, el salmo-lo hiciste con sabiduría, y también: La tierra está llena de
tus criaturas. Pues, para que las cosas creadas no sólo existieran, sino que también
existieran debidamente, quiso Dios acomodarse a ellas por su Sabiduría; imprimiendo en
todas ellas en conjunto y en cada una en particular cierta similitud e imagen de sí mismo,
con lo cual se hiciese patente que las cosas creadas están embellecidas con la Sabiduría y
que las obras de Dios son dignas de él.
Porque, del mismo modo que nuestra palabra es imagen de la Palabra, que es el Hijo
de Dios, así también la sabiduría creada es también imagen de esta misma Palabra, que se

identifica con la Sabiduría; y así, por nuestra facultad de saber y entender, nos hacemos
idóneos para recibir la Sabiduría creadora y, mediante ella, podemos conocer a su Padre.
Pues, quien posee al Hijo -dice la Escritura-posee también al Padre, y también: El que me
recibe, recibe al que me ha enviado. Por tanto, ya que existe en nosotros y en todos una
participación creada de esta Sabiduría, con toda razón la verdadera y creadora Sabiduría
se atribuye las propiedades de los seres, que tienen en sí una participación de la misma,
cuando dice: El Señor me creó al comienzo de sus obras.
Más, como, en la sabiduría de Dios, según antes hemos explicado, el mundo no lo
conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación,
para salvar a los creyentes. Porque Dios no quiso ya ser conocido, como en tiempos
anteriores, a través de la imagen y sombra de la sabiduría existente en las cosas creadas,
sino que quiso que la auténtica Sabiduría tomara carne, se hiciera hombre y padeciese la
muerte de cruz; para que, en adelante, todos los creyentes pudieran salvarse por la fe en
ella.
Se trata, en efecto, de la misma Sabiduría de Dios, que antes, por su imagen impresa
en las cosas creadas (razón por la cual se dice de ella que es creada), se daba a conocer a
sí misma y, por medio de ella, daba a conocer a su Padre. Pero, después esta misma
Sabiduría, que es también la Palabra, se hizo carne, como dice san Juan, y, habiendo
destruido la muerte y liberado nuestra raza, se reveló con más claridad a sí misma y, a
través de sí misma, reveló al Padre; de ahí aquellas palabras suyas: Haz que te conozcan a
ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.
De este modo, toda la tierra está llena de su conocimiento. En efecto, uno solo es el
conocimiento del Padre a través del Hijo, y del Hijo por el Padre; uno solo es el gozo del
Padre y el deleite del Hijo en el Padre, según aquellas palabras: Yo era su encanto
cotidiano, todo el tiempo jugaba en su presencia.

Responsorio Col 2, 6. 9; Mt 23, 10

R. Vivid según Cristo Jesús, el Señor, tal como os lo enseñaron. * Porque en él, en su
cuerpo glorificado, habita toda la plenitud de la divinidad.
V. Uno solo es vuestro maestro: Cristo.
R. Porque en él, en su cuerpo glorificado, habita toda la plenitud de la divinidad.

Oración

Oremos:

Señor, tú que te complaces en habitar en los rectos y sinceros de corazón, concédenos
vivir por tu gracia de tal manera que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por
Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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