Oficio de Lectura - SANTA MARTA 2026

Memoria

Era hermana de María y de Lázaro; cuando hospedó al Señor en su casa de Betania, se esforzó en servirle lo mejor que pudo y, más tarde, con sus oraciones impetró la resurrección de su hermano.

El siguiente es el formulario que corresponde a oficio de lectura de la liturgia de las horas para SANTA MARTA el día de mañana, miércoles, 29 de julio de 2026. Otras celebraciones del día: MIÉRCOLES XVII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO .

Invitatorio

Notas

  • Si el Oficio ha de ser rezado a solas, puede decirse la siguiente oración:

    Abre, Señor, mi boca para bendecir tu santo nombre; limpia mi corazón de todos los pensamientos vanos, perversos y ajenos; ilumina mi entendimiento y enciende mi sentimiento para que, digna, atenta y devotamente pueda recitar este Oficio, y merezca ser escuchado en la presencia de tu divina majestad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
  • El Invitatorio se dice como introducción a todo el conjunto de la oración cotidiana; por ello se antepone o bien al Oficio de lectura o bien a las Laudes, según se comience el día por una u otra acción litúrgica.
  • Cuando se reza individualmente, basta con decir la antífona una sola vez al inicio del salmo. Por lo tanto, no es necesario repetirla al final de cada estrofa.

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Antifona: Venid, adoremos al Señor, aclamemos al Dios admirable en sus santas.

  • Salmo 94
  • Salmo 99
  • Salmo 66
  • Salmo 23

Invitación a la alabanza divina

Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras dure este «hoy». (Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

(Se repite la antífona)

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

(Se repite la antífona)

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

(Se repite la antífona)

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

(Se repite la antífona)

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.”»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Alegría de los que entran en el templo

El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria. (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.

(Se repite la antífona)

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

(Se repite la antífona)

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

(Se repite la antífona)

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Que todos los pueblos alaben al Señor

Sabed que la salvación de Dios se envía los gentiles. (Hch 28,28)

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

(Se repite la antífona)

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

(Se repite la antífona)

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Entrada solemne de Dios en su templo

Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo. (S. Ireneo)

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

(Se repite la antífona)

—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

(Se repite la antífona)

—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

(Se repite la antífona)

—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

(Se repite la antífona)

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

(Se repite la antífona)

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(Se repite la antífona)

Oficio de Lectura

Notas

  • Si el Oficio de lectura se reza antes de Laudes, se empieza con el Invitatorio, como se indica al comienzo. Pero si antes se ha rezado ya alguna otra Hora del Oficio, se comienza con la invocación mostrada en este formulario.
  • Cuando el Oficio de lectura forma parte de la celebración de una vigilia dominical o festiva prolongada (Principios y normas generales de la Liturgia de las Horas, núm. 73), antes del himno Te Deum se dicen los cánticos correspondientes y se proclama el evangelio propio de la vigilia dominical o festiva, tal como se indica en Vigilias.
  • Además de los himnos que aparecen aquí, pueden usarse, sobre todo en las celebraciones con el pueblo, otros cantos oportunos y debidamente aprobados.
  • Si el Oficio de lectura se dice inmediatamente antes de otra Hora del Oficio, puede decirse como himno del Oficio de lectura el himno propio de esa otra Hora; luego, al final del Oficio de lectura, se omite la oración y la conclusión y se pasa directamente a la salmodia de la otra Hora, omitiendo su versículo introductorio y el Gloria al Padre, etc.
  • Cada día hay dos lecturas, la primera bíblica y la segunda hagiográfica, patrística o de escritores eclesiásticos.

Invocación

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno

  • Himno 1

Con entrega, Señor, a ti venimos,
escuchar tu palabra deseamos;
que el Espíritu ponga en nuestros labios
la alabanza al Padre de los cielos.
Se convierta en nosotros la palabra
en la luz que a los hombres ilumina,
en la fuente que salta hasta la vida,
en el pan que repara nuestras fuerzas;
en el himno de amor y de alabanza
que se canta en el cielo eternamente,
y en la carne de Cristo se hizo canto
de la tierra y del cielo juntamente.
Gloria a ti, Padre nuestro, y a tu Hijo,
el Señor Jesucristo, nuestro hermano,
y al Espíritu Santo, que, en nosotros,
glorifica tu nombre por los siglos. Amén.

Salmodia

Antífona 1: Abre la boca con sabiduría y su lengua enseña con bondad.

Salmo 18 A

EL CIELO PROCLAMA LA GLORIA DE DIOS

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona
la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe,
a recorrer su camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

Antífona 2: Las santas mujeres vivieron esperando en Dios y cantando en su corazón.

Salmo 44

LAS NUPCIAS DEL REY

I

Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
Tu trono, oh Dios, permanece para siempre,
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo
entre todos tus compañeros.
A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.

Antífona 3: Las llevan ante el Señor con alegría y algazara.

II

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos buscan tu favor.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.
"A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra".
Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los siglos.

Versículo

V. Que llegue a tu presencia el meditar de mi corazón.
R. Señor, roca mía y redentor mío.

Lecturas

Primera Lectura

Del libro de la Sabiduría 5, 1-15

LOS JUSTOS, VERDADEROS HIJOS DE DIOS

El justo estará en pie sin temor delante de los que lo afligieron y despreciaron sus
trabajos. Al verlo, se estremecerán de pavor, atónitos ante la salvación imprevista; dirán
entre sí, arrepentidos, entre sollozos de angustia:
«Éste es aquel de quien un día nos reíamos con coplas injuriosas, nosotros, insensatos,
su vida nos parecía una locura, y su muerte una deshonra. ¿Cómo ahora lo cuentan entre
los hijos de Dios y comparte la herencia con los santos?
Sí, nosotros nos salimos del camino de la verdad, no nos iluminaba la luz de la justicia,
para nosotros no salía el sol; nos enredamos en los matorrales de la maldad y la perdición,
recorrimos desiertos intransitables, sin reconocer el camino del Señor.
¿De qué nos ha servido nuestro orgullo? ¿Qué hemos sacado presumiendo de ricos?
Todo aquello pasó como una sombra, como un correo veloz; como nave que surca las
undosas aguas, sin que quede rastro de su travesía ni estela de su quilla en las olas; o
como pájaro que vuela por el aire sin dejar vestigio de su paso; con su aleteo azota el aire
leve, lo rasga con un chillido agudo, se abre camino agitando las alas, y luego no queda
señal de su ruta; o como flecha disparada al blanco: cicatriza al momento el aire hendido
y no se sabe ya su trayectoria.
Igual nosotros: nacimos y nos eclipsamos, no dejamos ni una señal de virtud, nos
malgastamos en nuestra maldad.»
Sí, la esperanza del impío es como tamo que arrebata el viento, como escarcha menuda
que el vendaval arrastra; se disipa como humo al viento, pasa como el recuerdo del
huésped de una noche. Los justos, en cambio, viven eternamente, reciben de Dios su
recompensa, el Altísimo cuida de ellos.

1 Jn 3, 7. 8. 10

R. Que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo. * Quien comete el pecado es del diablo, pues el diablo peca desde el principio.
V. En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del diablo.
R. Quien comete el pecado es del diablo, pues el diablo peca desde el principio.

Segunda Lectura

De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 103,1-2. 6: PL 38, 613. 615)

DICHOSOS LOS QUE PUDIERON HOSPEDAR AL SEÑOR EN SU PROPIA CASA

Las palabras del Señor nos advierten que, en medio de la multiplicidad de ocupaciones
de este mundo, hay una sola cosa a la que debemos tender. Tender, porque somos todavía
peregrinos, no residentes; estamos aún en camino, no en la patria definitiva; hacia ella
tiende nuestro deseo, pero no disfrutamos aún de su posesión. Sin embargo, no cejemos
en nuestro esfuerzo, no dejemos de tender hacia ella, porque sólo así podremos un día
llegar a término.
Marta y María eran dos hermanas, unidas no sólo por su parentesco de sangre, sino
también por sus sentimientos de piedad; ambas estaban estrechamente unidas al Señor,
ambas le servían durante su vida mortal con idéntico fervor. Marta lo hospedó, como se
acostumbra a hospedar a un peregrino cualquiera. Pero, en este caso, era una sirvienta
que hospedaba a su Señor, una enferma al Salvador, una criatura al Creador. Le dio
hospedaje para alimentar corporalmente a aquel que la había de alimentar con su Espíritu.
Porque el Señor quiso tomar la condición de esclavo para así ser alimentado por los
esclavos, y ello no por necesidad, sino por condescendencia, ya que fue realmente una
condescendencia el permitir ser alimentado. Su condición humana lo hacía capaz de sentir
hambre y sed.
Así, pues, el Señor fue recibido en calidad de huésped, él, que vino a su casa, y los
suyos no lo recibieron; pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios,
adoptando a los siervos y convirtiéndolos en hermanos, redimiendo a los cautivos y
convirtiéndolos en coherederos. Pero que nadie de vosotros diga: "Dichosos los que
pudieron hospedar al Señor en su propia casa." No te sepa mal, no te quejes por haber
nacido en un tiempo en que ya no puedes ver al Señor en carne y hueso; esto no te priva
de aquel honor, ya que el mismo Señor afirma: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos,
mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
Por lo demás, tú, Marta —dicho sea con tu venia, y bendita seas por tus buenos
servicios—, buscas el descanso como recompensa de tu trabajo. Ahora estás ocupada en
los mil detalles de tu servicio, quieres alimentar unos cuerpos que son mortales, aunque
ciertamente son de santos; pero ¿por ventura, cuando llegues a la patria celestial, hallarás
peregrinos a quienes hospedar, hambrientos con quienes partir tu pan, sedientos a
quienes dar de beber, enfermos a quienes visitar, litigantes a quienes poner en paz,
muertos a quienes enterrar?
Todo esto allí ya no existirá; allí sólo habrá lo que María ha elegido: allí seremos
nosotros alimentados, no tendremos que alimentar a los demás. Por esto, allí alcanzará su
plenitud y perfección lo que aquí ha elegido María, la que recogía las migajas de la mesa
opulenta de la palabra del Señor. ¿Quieres saber lo que allí ocurrirá? Dice el mismo Señor,
refiriéndose a sus siervos: Os aseguro que los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

Cf. Jn 12, 1-3

R. Después de que Jesús resucitó a Lázaro, le ofrecieron un banquete en Betania, * y
Marta servía la mesa.
V. María tomó una libra de ungüento precioso y ungió los pies de Jesús.
R. Y Marta servía la mesa.

Oración

Oremos:

Dios todopoderoso, tu Hijo aceptó la hospitalidad de santa Marta y se albergó en su casa; concédenos, por intercesión de esta santa mujer, servir fielmente a Cristo en nuestros hermanos y ser recibidos, como premio, en tu casa del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén.

Conclusión

Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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